Desigualdad en Villa María: “No se puede estar entre rejas y cámaras cuando hay alguien que no come”

La referente social de Las Playas Liliana Costabello, integrante de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Villa María,  dijo que “no se puede estar cerrado entre rejas y cámaras cuando en frente hay alguien que no come”. Opina que la escuela sigue siendo un espacio de “oportunidad para las clases vulneradas” y sobre incrementos de los consumos problemáticos.

Habló sobre las necesidades que observa en su entorno social, de los desafíos de las familias que asisten a su Copa de Leche, y avanza sobre los padecimientos sociales en los barrios postergados de Villa María.

Costabello es Coordinadora del Centro Comunitario “Un rayito de esperanza”, situado en barrio Las Playas (Paraguay 429) donde desarrollan sus actividades de lunes a viernes (por la tarde de 17 a 20) durante todo el año sin recibir subsidios de ningún nivel estatal.

Un momento dentro de la Copa de Leche en el barrio

Como trabajadora social, a su vez, es la Coordinadora General de la Casa Esperanza de la Asociación Nazareth (casa de rehabilitación de personas con consumos problemáticos) y se desempeña como Secretaria de Educación del Banco Credicoop.

“Es una constante la necesidad alimentaria”

-¿Cómo estás observando la realidad en las barriadas? ¿Hay nuevas demandas? ¿Las mismas más acrecentadas? ¿El plato de comida es lo más urgente?

-Veo diferentes niveles en las demandas que tienen las familias. Por supuesto que es una constante la necesidad alimentaria. Son familias numerosas, y en la niñez particularmente sabemos que tenemos una determinada urgencia en que ellos tengan una buena alimentación, pero estas familias hacen lo que se puede. Muchas veces, lo que se puede es un poco de té con pan.

Nosotros, que ya tenemos 22 años dentro del Centro Comunitario, vemos que los chicos vienen a tomar la leche, que es una verdadera necesidad alimentaria, pero a su vez, ellos saben que lo que sobra se lo pueden llevar a la casa, y eso sí es muy notable que se va acrecentando. No sólo la asistencia a tomar la leche sino esa cantidad de chicos (y chicas) que, al terminar, se paran en la puerta de la cocina con la bolsita para llevar a su casa algo de lo que sobra. Esa fila de espera se ha acrecentado muchísimo ¿Por qué? Porque hay hermanos más chicos o más grandes que no vienen, otro familiar en la casa, pero sabemos que los están esperando.

-Esas “nuevas responsabilidades” que los adultos le damos a los niños y niñas termina supliendo los espacios de juegos y recreación a los que deberían asistir…

… exacto. Ellos lo toman como una responsabilidad tener que llevar algo a la casa para que coman a la noche. Muchas nenas, de 10 u 11 años, que traen a sus hermanos (de 5 o 6 años) al espacio y que, al llegar, se sienten libres, y salen a jugar. Recién ahí pueden volver a ser niñas sin la responsabilidad que implica cuidar al hermano menor. Hay tiempos en las infancias que no se recupera. Eso sí se ve acrecentado y de manera constante.

-¿La cantidad de asistentes fue en aumento?

-Años anteriores nos manejábamos, casi siempre, con 35 chicos. Ocurría que en los primeros días del mes no estaban los 35 porque en la casa había un dinero que alcanzaba, hasta el 10, 15 o 20 de cada mes, y ahí sí se incrementaba el número hasta fin de mes. Ahora, estos 52 chicos que tenemos, están de punta a punta del mes de lunes a viernes. Es la media nacional que estamos viendo frente a lo se vive y la demanda no es sólo alimentaria sino de ropa, de calzado, útiles escolares.

-Ustedes como referentes barriales saben mejor que cualquiera cómo está el termómetro de las necesidades familiares. ¿Si falta una changa, cómo la suplantan? ¿Dónde va el radar si no encuentro lo que busco?

-Lo que, si podemos asegurar, aquellos que, además, trabajamos en salud mental que hay un gran padecimiento de esta enfermedad en toda la sociedad. De aquel que no llega a fin de mes porque está desbordado con las cuentas y las demandas para sostener a su familia porque debe duplicar sus horas de trabajo para poder sostener lo que tiene. Las familias de los barrios más vulnerables están con mejor cintura para sobrevivir a la crisis porque es algo histórico en sus vidas. Eso no quiere decir que no se haya acrecentado la crisis, pero están más preparados para estar dentro de la crisis.

Si se observa como crece la inseguridad, pero es injusto decir que esa inseguridad es la causa de todas estas situaciones. Es al revés, la falta de oportunidades, la desigualdad al acceso al trabajo, a la salud, a la educación. Esas demandas no saldadas generan estos espacios de desintegración social. La desesperada búsqueda de sobrevivencia, en muchas familias, organizando otras estrategias, que no podemos decir que sean legales, son necesarias para esa sobrevivencia, lamentablemente. Ahí es donde se genera el caldo de cultivo para la venta de sustancias ilícitas… En paralelo, estamos viendo como crece el consumo problemático, no sólo de sustancias ilegales sino algo que no está prohibido como es el alcohol y la venta libre de miorrelajantes.

52 niños y niñas participan del espacio integrador en Las Playas

Estamos viviendo con un modelo social que nos dice sálvese quien pueda y después vemos que pasa, a eso es lo que nosotros le damos pelea. No se puede estar cerrado tras rejas y cámaras cuando en frente hay alguien que no come. Ahí donde se nota esta desintegración social. Siempre creí que la salida debe ser colectiva y creo mucho en el trabajo comunitario.

“Quienes ejecutan las políticas públicas están en una pantalla”

-¿Cómo viviste este hecho sin razón sobre los alimentos que no entregó Capital Humano? Me animo a decir que lo padeciste frente al televisor.

-Justamente, lo ves como una película. Ves que pasa allá y entendés que los que tienen que decidir están en una pantalla. Quienes ejecutan las políticas públicas están en una pantalla. La complejidad de la realidad está en el territorio. Ese territorio que la gente que está en las pantallas no conoce, no sabe, no ve, no lo entiende. Para entenderlo, lo tenés que conocer y para conocerlo tenés que estar. Aunque parezca una ecuación simple no deja de ser algo complejo para alguien que no tiene idea de la acción y el desarrollo social. Nunca lo vas a entender si en algún momento no fuiste parte de eso.

-Recordás aquel ejemplo que usábamos años atrás cuando hablamos de desigualdad social en Villa María, ¿sigue habiendo pibas y pibes que no conocen el cine?

-Sí (exclama). No conocen el cine ni el centro de noche. Tampoco las plazas nocturnas con sus luces, menos el Campus de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM). Hay que trabajar la posibilidad de llegar, si no lo hago estoy anulando la oportunidad de imaginarlo.

-¿Cómo juega en esta realidad la escuela? Su rol cada vez está más interpelada y demandada.

-La escuela sigue siendo la gran oportunidad para las clases vulneradas. Yo todavía hoy no encontré otra institución que le permita a un ser humano desarrollarse, proyectarse, ser un trabajador que no sea la escuela, en todos sus niveles. Nos prepara para la disputa de derechos. Con la educación se pueden abrir un montón de puertas ¿Fácil para las clases populares? No, nada es fácil para ellas, pero es la única oportunidad que tenemos.

-…aunque esté desbordada.

-… aunque esté desborda, por supuesto. Los desbordes de los que hablamos es porque esa escuela se transformó en hogar, en dique contenedor de situaciones de violencia, abandono, de traumas. En nuestro trabajo podemos ver que la escuela es un espacio de felicidad porque no hay que hacerse cargo de hermanos menores, por si la comida está hecha o no, aparte de descubrir que hay un mundo maravilloso frente a cada hoja del libro que dan vuelta.

Fuente: www.villamariaeducativa.ar