Tania Rodríguez: “La conciencia sobre la sindicalización es una memoria que está viva”

Con militancia de base en el sindicalismo, la politóloga e investigadora del CONICET/UBA analiza la magnitud del paro nacional del 24 de enero, la centralidad de las organizaciones de trabajadores en la actualidad, las perspectivas futuras y la impresionante solidaridad internacional que recibió la protesta.

Por Mariano Vázquez

A pesar de que el gobierno ultra de Javier Milei pretendió ningunear la huelga diciendo que la asistencia fue baja, la realidad mostró otra cosa, no solo porque fue multitudinario el acto central en la ciudad de Buenos Aires, se replicó en todo el país, en América Latina y Europa, sino porque el Congreso tuvo que levantar la sesión para tratar la Ley Ómnibus además de retirar el capítulo fiscal y el Impuesto a las Ganancias. “La medida de fuerza fue histórica por la temporalidad en la que se convoca, por la reacción casi inmediata a 45 días de la asunción, más en un mes que suele ser de poca actividad y movilización”, observa la politóloga y doctora en Ciencias Sociales del CONICET/UBA Tania Rodríguez, con una vida académica dedicada a estudiar al movimiento obrero.

“El paro tuvo una clara visibilidad en cuanto a quienes eran los convocantes, donde el rol de la organización sindical, del movimiento obrero organizado fue central, pero también por la narrativa de la convocatoria y por el conjunto de sectores de la sociedad que se sintieron interpelados”, detalló en diálogo con Canal Abierto. “El grueso de la logística, de la infraestructura, de los recursos movilizatorios estuvo asentado en la capacidad de los sindicatos en la Argentina, especialmente de la CGT, y en la articulación construida durante el gobierno de Cambiemos entre la CGT, la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores y la UTEP, eso le da un sentido de articulación y de potencia de gran magnitud”.

La reacción de parte de la sociedad contra el gobierno entrante fue casi inmediata. En esas primeras expresiones de mediados de diciembre cacerola en mano abundaron casi en partes iguales el enojo con Milei por su promesa incumplida de que el ajuste lo pagaría “la casta” y la exigencia a la CGT para que haga un paro nacional. Lo que en la superficie suena a crítica demuestra en realidad que el movimiento obrero tiene centralidad en la vida política nacional. Como subraya Rodríguez: “La conciencia sobre la sindicalización es una memoria que está activa, que está viva”.

La huelga es el punto máximo de acción de la lucha obrera y debe mostrar músculo, más en este tiempo, ya que el gobierno de LLA-PRO plantea un tratamiento a las organizaciones que atrasa cien años, cuando el sindicalismo era un mal a extirpar y no un actor político en la disputa capital-trabajo. En 1931, el Manifiesto de los Treinta, un sector de la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo de España (CNT), planteaba esta cuestión de principios: “Una organización tiene el derecho de controlarse a sí misma, de vigilar sus propios movimientos, de actuar por propia iniciativa y de determinarse por propia voluntad […] siguiendo sus propios derroteros, debe decir cómo, cuándo y en qué circunstancias ha de obrar: que tiene personalidad y medios propios para hacer lo que deba hacer”.

Tania Rodríguez, politóloga y doctora en Ciencias Sociales.

-Tania, ¿considerás que este paro puede generar más conciencia sobre la importancia de la sindicalización?

-La conciencia sobre la sindicalización es una memoria que está activa, que está viva. Durante el macrismo el conflicto en la calle estuvo motorizado por organizaciones de trabajadores y trabajadoras, por el sindicalismo, por el feminismo. Hay una memoria reciente de acudir a organizaciones que tienen derechos colectivos, la capacidad y la tarea de proteger a la clase trabajadora. Esto se pudo captar en la adhesión transversal de un conjunto de organizaciones políticas, sociales y sindicales que convocaron y apoyaron al paro de la CGT. Muchas veces es tentador señalar cuándo se va a hacer, las formas, lo cierto es que esa construcción requiere de un montón de estructuras que no pueden converger de manera inmediata y automáticamente. Era llamativo, para quienes conocemos el mapa del sindicalismo en todas sus vertientes, identificar la convergencia en la movilización del 24E de distintas expresiones organizativas, desde el sindicalismo clásico hasta la izquierda. Se pudo ver una transversalidad que consolida un polo de resistencia novedoso a la administración actual en términos de la rapidez, que es una virtud del movimiento obrero en la Argentina, pero que hay que reconocer que el gobierno ha hecho también mucho para que suceda.

Aunque quedan muchos sectores fuera de la interpelación de las organizaciones sindicales, como una parte de trabajadores jóvenes que votaron al gobierno actual, ha sido un dato significativo la movilización de colectivos de científicos, personalidades de la cultura, donde la actividad gremial es menos visible o frecuente.

-Las adhesiones internacionales, movilizaciones a embajadas o plazas fueron las más fuertes de la historia. ¿Qué lectura está haciendo el sindicalismo mundial sobre el ataque a los derechos laborales en Argentina?       

-Por un lado, el movimiento obrero y el sindicalismo es internacionalista, sus orígenes se fundan en clave internacional, hay un ejercicio histórico de solidaridad transfronteriza. En el caso de la Argentina, por la conexión, la cultura y la práctica de política en distintos frentes en conflictos de trabajadores, en la agenda de derechos humanos y en los feminismos hay muchos puntos de contacto y una lógica de solidaridad antifascista.

La experiencia de este gobierno es leída como un experimento, no solo lo observan las clases dominantes, el poder financiero y el capital internacional, también lo ven los líderes, dirigentas y dirigentes sindicales. Hay una lucha desigual del capital sobre el trabajo que se recrudece. El movimiento obrero organizado piensa qué estrategias puede desarrollar para responder al intento por restituir un capitalismo casi feudal. La solidaridad al paro, que fue una respuesta que ha dado qué hablar a nivel internacional, desmiente a su vez los discursos de que no estamos integrados al mundo y demuestra que hay una conexión en la lucha contra las nuevas derechas.

-¿Es hoy el movimiento obrero organizado la mayor oposición a Milei?    

-La virtud de Milei es que va reactivando polos de resistencia que hasta hace pocas semanas tenían dificultad de articulación. Si bien la lectura del gobierno es que el paro fue un fracaso, lo cierto es que el día posterior se cayó el dictamen (los acuerdos que habían logrado para impulsarlo), es decir, la respuesta política organizada en las calles sí constituye un elemento para articular otros relatos de resistencia frente a la narrativa oficial que descalifica a quienes piensan distinto, que niega  la posibilidad de otras expresiones en la arena política.

El sindicalismo ha recuperado una gravitación notoria, lo que cuesta pensar es cómo sostenerlo en el tiempo sin articular con los resortes del poder político institucional, diputados y senadores, que recojan las demandas del movimiento obrero y las representen en el Congreso o con interlocutores públicos que lo enuncien. El dilema es hasta donde puede ampliar el movimiento obrero su capacidad de convocar, más allá de una medida como el paro, mediante otros repertorios de acción y lucha. Aquí se juega no solo la capacidad de articular de los líderes sindicales, sino también la capacidad creativa de construir puentes y otro tipo de repertorios para mantener en la agenda pública la posición de grandes sectores que se vieron representados por el paro general.  Urge encontrar un espacio para sus demandas inmediatas porque hoy no se llega a fin de mes, los alquileres son impagables, a los jubilados no les alcanza la mínima y hay múltiples medidas que afectan a trabajadores, estudiantes, docentes, investigadores.

Hay que consolidar al movimiento obrero como resistencia, pero a la vez hay que articular esos dispositivos con otras instancias de lucha y representación política. Un recurso clave es la capacidad de movilización, articulación e interpelación que tiene el feminismo. Estas nuevas derechas eligen como adversarios al sindicalismo y al feminismo, como destinatarios de discursos de odio y violencia en la arena pública, las calles y en las redes sociales. Aquí puede haber un proceso de revitalización del sindicalismo y del feminismo.

Fuente: www.canalabierto.com.ar