Murió Lucio Garzón Maceda, un histórico abogado laboralista y protagonista del Cordobazo

A los 95 años, falleció el prestigioso abogado laboralista cordobés Lucio Garzón Maceda. Fue una figura estrechamente ligada a la historia del sindicalismo argentino, al Cordobazo, a la defensa de los derechos humanos durante la última dictadura militar y a algunos de los principales acontecimientos políticos y sociales que atravesaron Córdoba durante la segunda mitad del siglo 20.

Garzón Maceda falleció en la madrugada de este lunes en su casa de Villa Allende y sus restos, por respeto a su voluntad, no serán velados. La información fue confirmada por su familia.

Garzón Maceda, un histórico

Nacido el 30 de octubre de 1930 en el casco histórico de la ciudad de Córdoba, Garzón Maceda cursó la escuela primaria en la Escuela Olmos y completó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Monserrat. Más tarde ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), donde comenzó una militancia política que marcaría buena parte de su trayectoria profesional.

Según publica elArchivo General der la Memoria, durante sus años universitarios participó de agrupaciones vinculadas con el reformismo universitario y posteriormente se incorporó al Partido Socialista. Fue uno de los fundadores de Acción Socialista, antecedente de la Agrupación de Estudiantes Reformistas (Ader), que intentaba articular los principios de la Reforma Universitaria con las reivindicaciones sociales y laborales que había incorporado el peronismo.

Del fuego a denunciar a la Junta en Estados Unidos

Su actividad política le costó tempranamente la cárcel. En 1951 fue detenido durante dos meses y luego se exilió por primera vez, en Chile. A su regreso, continuó participando de la vida universitaria y política cordobesa y, ya recibido de abogado en 1955, eligió una especialización que definiría su vida: el derecho laboral y la defensa de los trabajadores.

Desde mediados de esa década, construyó una relación estrecha con figuras centrales del movimiento obrero cordobés, entre ellas Atilio López, Agustín Tosco y Elpidio Torres. En 1957 tuvo una participación decisiva en la normalización de la CGT Regional Córdoba, la primera organización regional de la central sindical que logró reorganizarse después del golpe militar de 1955. Allí fue secretario de Prensa.

Ese mismo año participó del encuentro gremial realizado en La Falda que produjo el histórico Programa de La Falda, uno de los documentos económicos y sociales más influyentes del sindicalismo argentino de aquella etapa.

Consolidado comouno de los principales abogados laboralistas de Córdoba, asesoró a numerosos sindicatos, entre ellos Smata, UTA y Luz y Fuerza. En 1960 se asoció profesionalmente con su amigo Gustavo Roca. El estudio jurídico que ambos compartieron se convirtió durante los años siguientes en un punto de encuentro de dirigentes sindicales, políticos, estudiantes y organizaciones de izquierda y del peronismo.

Garzón Maceda y el Cordobazo

Pero fue su participación en el Cordobazo, el 29 de mayo de 1969, la que lo colocó definitivamente entre los protagonistas de la historia política cordobesa.

Garzón Maceda no aceptaba la interpretación del Cordobazo como un levantamiento espontáneo. Medio siglo después de aquellos acontecimientos, seguía definiéndolo como una protesta cuidadosamente preparada por el movimiento obrero.

“No guardábamos el secreto: se pensaba en una rebelión contra fuerzas represivas”, recordó en una entrevista publicada por La Voz en 2019.

Su definición era precisa: el Cordobazo no había sido, según sostenía, un movimiento prerrevolucionario sino “una rebelión antidictatorial”. Tampoco consideraba que hubiera significado el comienzo de un proceso, sino la culminación de una larga construcción sindical iniciada con la reorganización de la CGT cordobesa en 1957.

“Ese día, los trabajadores salieron dispuestos a pelear con la Policía; lo que no sabíamos es que se les iba a ganar y que a las 3 de la tarde la ciudad iba a quedar en manos rebeldes”, relató décadas después.

Tras el Cordobazo, defendió judicialmente a Tosco y Torres, detenidos y juzgados por tribunales militares. Incluso viajó a Madrid para entrevistarse con Juan Domingo Perón y solicitar su respaldo a los dirigentes gremiales encarcelados.

En enero de 1970 fue nuevamente detenido y trasladado como preso político a una cárcel de Esquel, donde permaneció alrededor de siete meses.

Lucio Garzón Maceda: La huelga es un instrumento de presión

La persecución se intensificó durante los años siguientes. Después del Navarrazo de 1974, y en medio del creciente accionar de organizaciones parapoliciales, recibió amenazas y sufrió atentados. En octubre de 1975, un comando incendió su casa de Villa Allende.

Años después resumiría aquel episodio con una frase atravesada por una casualidad decisiva: “Belgrano me salvó la vida”. Ese día había ido junto con su esposa y sus dos hijas a ver un clásico del club de barrio Alberdi contra Talleres. Mientras la familia estaba en la cancha, atacaron e incendiaron la vivienda.

También fue saqueado e incendiado el estudio jurídico que compartía con otros abogados. Finalmente, debió abandonar el país.

Durante su exilio en París, desarrolló una intensa actividad internacional de denuncia contra la dictadura argentina. En septiembre de 1976, junto con Gustavo Roca, declaró ante el Congreso de los Estados Unidos sobre las violaciones a los derechos humanos que se estaban produciendo en el país.

En aquella presentación, denunció la represión contra trabajadores y organizaciones sindicales, la existencia de centros clandestinos de detención (entre ellos La Perla y Campo de la Ribera) y la coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur.

La dictadura argentina respondió procesándolo por “traición a la patria”.

Durante sus primeros años en Francia, integró la Comisión Argentina de Derechos Humanos y mantuvo vínculos con Amnistía Internacional. Para subsistir, también tuvo que realizar trabajos alejados de su profesión, desde profesor de español hasta pintor, antes de retomar su actividad académica y laboral.

Con el regreso de la democracia, volvió a la Argentina. Entre 1987 y 1989, fue viceministro de Trabajo de la Nación durante la presidencia de Raúl Alfonsín. En 1994, también se desempeñó como ministro de Gobierno y Justicia de Corrientes durante la intervención federal de esa provincia.

En los últimos años de su actividad profesional, volvió a concentrarse en aquello que había definido su carrera desde mediados de la década de 1950: el derecho laboral, el asesoramiento sindical y la defensa de los trabajadores.

En 2019, al reflexionar sobre su extensa trayectoria, explicó qué lo mantenía intelectualmente activo: “El trabajo, el asesoramiento a sindicatos y la lectura ayudan mucho a mantenerse bien; eso y tener más o menos tranquilas las ideas que uno ha sostenido toda la vida”.

Garzón Maceda perteneció a una generación para la cual ejercer el derecho, intervenir en política y participar de los conflictos sociales podían formar parte de una misma actividad. Su biografía quedó atravesada por cárceles, exilios, atentados y persecuciones, pero también por una presencia singular en algunos de los episodios que definieron la identidad política y sindical de Córdoba.

Con su muerte, se va uno de los últimos protagonistas directos de aquella Córdoba obrera, universitaria y rebelde que encontró en el Cordobazo su expresión histórica más potente.

Fuente: www.lavoz.com.ar