Texto difundido por trabajadores del diario La Voz del Interior.
“Este martes por la tarde, se confirmó una de las decisiones más graves y regresivas en la historia de La Voz del Interior, diario fundado el 15 de marzo de 1904 por Silvestre Rafael Remonda y Juan Dionisio Naso y durante 120 años referente informativo de Córdoba. La actual conducción -al servicio del Grupo Clarín desde su adquisición total del medio- anunció el cierre definitivo del Taller Gráfico, símbolo de la producción editorial cordobesa y espacio de trabajo para decenas de personas. Esta medida, camuflada bajo argumentos de “reconversión” y “modernización”, constituye en los hechos una derrota histórica y un acto de desmantelamiento deliberado de capacidades locales.
El cierre no fue comunicado en un marco institucional ni con respeto a quienes sostuvieron durante décadas ese engranaje esencial del diario. Por el contrario, los tres principales directivos de la empresa lo informaron en una reunión improvisada en el primer piso de la Sede Integral, que, como un símbolo amargo, ya había sido vaciado de contenido y de sentido. Allí funcionaron, hasta hace apenas un par de meses, Redacción, Infografía, Fotografía, Ilustración, Diagramación y la Dirección Periodística. Hoy, ese espacio -antes lleno de vida y productivo– se parece a una antesala del vaciamiento.
Lo que se anunció como “tercerización de la impresión” no es otra cosa que la exclusión de entre 15 y 20 trabajadores gráficos, sin claridad sobre indemnizaciones, sin planes de reubicación reales y con una total falta de transparencia sobre las condiciones de salida. Las consecuencias van más allá: el nuevo esquema adelanta el cierre de la edición diaria en dos horas, afectando la calidad informativa del producto final que reciben los lectores. Pero, claro está, eso parece secundario para los responsables empresariales: la prioridad, evidentemente, es la rentabilidad de los accionistas, no la calidad periodística ni el sustento de sus empleados.
El silencio cómplice de la Secretaría de Trabajo de la Provincia de Córdoba ante esta decisión resulta sumamente sugestivo. La inacción del Estado, que debería defender el empleo y controlar los procesos de despido, lo convierte en partícipe pasivo pero efectivo de un plan de ajuste que profundiza la precariedad y castiga a quienes ya sobreviven con ingresos por debajo de la línea de pobreza.
Además, los directivos confirmaron que la rotativa -una de las más modernas del país– será desmontada y vendida como chatarra al mejor postor. También, que el edificio que la alberga, junto con los amplios espacios destinados a Fotomecánica, Expedición, Logística, Depósitos de Bobinas, Almacén y Talleres de Mantenimiento, ya no será utilizado para fines productivos. Toda esa infraestructura será ofrecida en alquiler o directamente puesta en venta, en una clara señal del abandono definitivo de la operación gráfica local y de la liquidación progresiva del patrimonio histórico de La Voz del Interior.
Los directivos insistieron en una retórica vacía sobre “mirar al futuro” y “adaptarse a las nuevas dinámicas del consumo digital”. Mientras tanto, más del 80% de la planta laboral se encuentra por debajo de la línea de pobreza, sin perspectivas de mejora. La promesa de redirigir esfuerzos hacia contenidos audiovisuales y nuevas plataformas es, en este contexto, un eufemismo para justificar más recortes y despidos encubiertos.
Aseguran que el crecimiento digital justifica esta reconfiguración. Sin embargo, lo que no se dice es que este “nuevo modelo” se sostiene sobre la exclusión de trabajadores, la venta de activos locales y el vaciamiento de la identidad cordobesa del medio. Lo que fue una impronta regional, autónoma, orgullosamente cordobesa, hoy es solo un engranaje más en la maquinaria centralizada de Clarín.
La Voz del Interior no fortalece su vínculo con la comunidad cuando prescinde de ella. No hay compromiso con Córdoba si se desarma el corazón productivo del diario. No hay federalismo si las decisiones se toman en Buenos Aires y se ejecutan sin respeto por la historia, por la gente y por la cultura local.
Este no es un paso hacia el futuro. Es un retroceso tremendo. Un atropello disfrazado de innovación. Una traición al legado de quienes hicieron grande a La Voz del Interior y a quienes día a día todavía luchan por sostener su dignidad laboral.
Queda en evidencia: la rentabilidad empresarial ha ganado otra batalla. Córdoba, su periodismo y sus trabajadores, pierden mucho más que un taller gráfico. Pierden un símbolo. Y no por necesidad, sino por decisión”.