Sonida Ramadori es integrante de la CTA Autónoma Regional Villa María y, con el acompañamiento de Enrique “Tito” Godoy, Jonatan Cruceño y Jesús Chirino, impulsora del programa “Yo sí Puedo” en las barriadas populares de esa ciudad.
Ramadori cuenta: “Leyendo a Leandro Barttolotta en Saldo Negativo, Crónicas del Conurbano e Implosión, apuntes
sobre la cuestión social en la precariedad, del mismo autor junto a Ignacio Gago, es que mevsiento muy movilizada por la cercanía con algunos pensamientos míos, de muy larga data, anclados en mi experiencia personal como docente o trabajadora de la educación en contexto de un Centro de Apoyo al niño y la familia, municipal y dependiente en aquellas épocas del Ministerio de Desarrollo Social. Allí desde el 84 y por 17 años trabajé y recién egresada como profesora me formé con una mirada diferente a la academicista. Había que dar vuelta las teorías pedagógicas que decían cómo enseñar para pensar primero cómo abrazar las fragilidades, las vulnerabilidades, cómo lograr que cada niño y adolescente sepa que hay algo más allá de su cotidiano, que es importante que lo conozca y sobre todo que puede hacerlo, para que luego pueda encontrar interesante el contenido curricular que desde el sistema educativo se baja como si todos los adolescentes y niños fueran iguales”.
Luego apunta que Barttolotta dice algo así: ‘La marginalidad, los bordes, las fronteras son territorios estigmatizados.
Con los pies en el barro: Hacer un movimiento de desplazamiento. Desplazar para sacar al barrio pobre del punto de mira y ponerlo en el punto de vista. Dejar de concebirlo como enunciado y ponerlo en el lugar de enunciación, de
ser el representado y pasar al lugar donde se representan y se crean imágenes vitales y un montón de enunciados. Esto es, alejarse de las construcciones de escritorio, de aquellas propuestas que dan soluciones taxativas con
prismáticos, apuntes y mucha academia a problemas que desconocen que ya son un clásico en épocas y contextos pre-electorales’.

Ramadori agrega: “Para finalizar con el relato de mi experiencia personal digo que, mi laburo de 17 años desde esas premisas intuitivas con las que abordé mis prácticas, dieron los frutos esperados, todos esos niños y adolescentes terminaron el secundario, trabajan y formaron familia, tienen hijos, ninguno de ellos necesita enviar a sus hijos a comer a un comedor comunitario, envían a sus hijos a estudiar y nunca me falta el saludo amoroso de ellos a fin de año”.
Avisa a renglón seguido que “desde la CTA-A Regional Villa María decidimos trabajar con más compromiso lo que
llamamos ‘el territorio’, los barrios. Las propuestas siempre son más o menos las mismas, visitar merenderos, llevar comida, gestionar alguna protesta o reclamo ante el municipio…etc etc. Entonces propuse llevar algo diferente a lo
de siempre, que por otra parte lo han hecho todos los candidatos antes de las elecciones, siguen propiciando la dependencia, nunca nadie los ayuda a elegir lo que les gusta y a hacer lo que deseen. Por otro lado ya me venía
encontrando con gente, algunos jóvenes que trabajan en la construcción, que no saben leer y escribir, que manejan el celular con audio, que no pueden leer el nombre de las calles, sacar un carnet de conducir, tener una cuenta
bancaria, hacer un trámite on line, sacar un turno al médico, etc., etc. porque ahora todo es on line. Para todo dependen de alguien de confianza o un vecino. Hay madres jóvenes que no pueden leer las notas que las maestras de
sus hijos les envían y vuelven a la escuela para que la maestra le diga”.
“Yo conocía del programa de Alfabetización Cubano, investigué y me enteré de que lo lleva la Fundación UMMEP que también tiene el programa de Salud Visual. Leí en las redes que la FeNaT-CTAA tenía hecho ya un convenio con esta fundación entonces le hablé a Julia Giuliani de la CTA Autónoma Córdoba, le pedí que nos facilite el contacto y así arrancamos”, sostiene Ramadori.

Y puntualiza: “Primero me fui varias veces a caminar el barrio La Calera para que me conozcan, hice contacto con el Centro Vecinal, las asistentes sociales, la gente que trabaja en el Centro de Salud del barrio, la directora de la escuela, la referente del merendero y luego nos reunimos con la Licenciada Isabel Cristina Fernández (cubana), encargada del Programa de Alfabetización en Argentina y que trabaja en el Ministerio de Educación de la Provincia de Tierra del Fuego porque el Gobernador Gustavo Melella fue el único que aceptó recibirla en el 2022 cuando ella llega a Argentina con el Programa. Por eso va y viene desde allá hacia los lugares del país donde la convoquen por el Programa”.
“La idea es empezar en un barrio como prueba piloto para continuar en otros. Ya hay otro barrio que al ver lo que se comparte en redes llamaron interesados para que les llegue a ellos y hasta de Bell Ville me preguntan si podría
extenderse a otras ciudades. Así como hay interés explícito en algunos también hay quienes conservan
cierto pudor de reconocer que no saben leer y escribir, conociendo eso es que tratamos de respetar la intimidad e intentamos llegar a ofrecer el programa de una manera más familiar, compartiendo una tarde de mates y tortas fritas, por ejemplo, como ya hemos hecho”, comenta la compañera.
“El Programa consta de 65 clases. Cada clase está en un video donde un maestro propone un aprendizaje, cada uno tiene una cartilla donde hace su práctica de escritura y lectura. El facilitador de cada grupo de 5 personas acompaña el proceso, aclara dudas, estimula y aporta lo que considere que cada persona aprendiz está necesitando como apoyo. Termina el programa cuando cada uno logra escribir una carta y leerla. Ese sería lo que llamamos en educación ‘el examen final’. La idea es que la gente alfabetizada luego se sienta segura para ingresar a las escuelas primarias del sistema y puedan tener su título de primaria por lo menos”, termina Ramadori, quien agradece el apoyo a su tarea de los compañeros Godoy, Cruceño y Chirino. “Sola no hubiese hecho nada”, remarca.