Por Jesús Chirino*
A finales del mes de junio de 2005, con una nota en la cual contaba acerca de la oportuna intervención del doctor Luis Loto que, en 1935, logró salvar la vida de una mujer de Villa María que había intentado terminar con el dolor que le causó la muerte de su ídolo, Carlos Gardel. Al igual que pasó en diferentes lugares aquí también hubo mujeres que intentaron suicidarse por la muerte del Zorzal Criollo.
Allí, entonces, con esa nota que también hablaba de los sueños de quienes cantaban y concursaban en los bailes de carnaval, se inició el camino que juntos a los lectores, fuimos transitando durante estos últimos 20 años.
Todo comenzó con una propuesta de Sergio Vaudagnotto, quien me invitó a escribir acerca de aquel episodio relacionado con el dolor que causó la muerte del cantautor popular que, dos años antes de su deceso, había actuado en Villa María. Desde ese domingo se tornó habitual recorrer los caminos de la historia local y regional.
A veinte años de estar juntando datos, leyendo documentos, realizando capacitaciones y escribiendo acerca de la historia, me parece fundamental señalar que si bien firmo las notas como manera de asumir la responsabilidad de aquello que se publica, el trabajo no se hace de manera individual.
Resulta imposible trabajar con conceptos, ideas, producir lecturas e interpretaciones sin dialogar con otros que trabajan o trabajaron las mismas temáticas u otras que poseen puntos de contactos con ellas. Esos diálogos algunas veces se producen de manera directa, otras mediante la consulta de las obras de esas personas, pero siempre tienen lugar y hacen que lo de “producción individual” se acerque más a un espejismo, a una cuestión ideológica que a lo real.
Escribir sobre historia local y regional en un diario, ensancha la posibilidad de entender que la producción de las notas no es individual. Esto pasa porque, a la vuelta de la esquina, se encuentra un lector que opina, llama la atención acerca de datos, menciona alguna fuente ignorada, narra alguna historia que circuló en su familia, plantea interrogantes y tantas cosas más.
No pocas notas, surgidas del diálogo con algún/a lector/a, por años, durmió en el cajón de los proyectos hasta que conseguí el dato que permitió verificar lo acertado o errado de una hipótesis de trabajo. Algo de esto pasó cuando algunos lectores, a lo largo de años, me plantearon que quizás había algún registro de la existencia de Villa María antes de 1867, fecha que se plantea como la de la “fundación” de esta localidad. Esos planteos no escribieron una nota, pero sí plantearon una hipótesis de trabajo que me permitió ir juntando información acerca de los primeros años de esta localidad, datos que antes no habían sido tenidos muy en cuenta. Y un día, en el Archivo General de la Nación, encontré un mapa oficial de la provincia de Córdoba, fechado en 1866, donde ya figura Villa María. Los lectores que ayudaron a escribir esa nota la deben haber leído con satisfacción al comprobar que, con sus planteos, aportaron lo suyo para descubrir que Villa María ya figuraba en un documento oficial de la provincia, un año antes del que señalamos como el de la fundación.
Los intercambios con lectores son permanentes. Un ejemplo: una vez que alguien me llamó para decirme que había leído la nota del domingo anterior y tenía algo para decir. Aquel fin de semana la columna había sido acerca de una pelea entre dos hombres armados, uno con un látigo y otro con un cuchillo. El encuentro tuvo consecuencias fatales pues uno de los contrincantes murió. Quien llamó por teléfono dijo que eso ocurrió cuando él era niño y que su padre era uno de los que se habían enfrentado en el duelo descrito en la nota. Aunque varias veces lo llevaron a la cárcel para visitar a su padre, su familia nunca le había contado bien que había pasado. Y ese domingo, siendo ya un hombre mayor, leyendo El Diario se enteró de algunos pormenores de lo que llevó a su padre hasta la cárcel.
Si al escribir en un diario hace posible que se produzcan estos intercambios, el hecho de que este medio sea propiedad de una cooperativa de trabajadores aporta otro condimento interesante. No concibo posible escribir historia, desde una cooperativa, que no sea mirando desde los y las trabajadoras. Esa posición implica no subirse a la corriente que se ocupa de narrar las grandes biografías de las figuras destacadas de la sociedad local, resaltar las virtudes de las familias “patricias” de la zona. Eso ya se escribió o se escribe en otros lugares donde se resalta el individualismo, la supuesta capacidad creativa del convencimiento, se adhiere a las jerarquías establecidas asumiendo una posición acrítica acerca del hacer de los distintos actores sociales. Aquí, por el contrario, fui tratando de buscar historias muchas veces calladas o desvalorizadas pero que tienen mucho que ver con la identidad de nuestra sociedad. Siempre de manera documentada, con datos palpables originados en diferentes fuentes. Y en este punto, el de las fuentes de datos, traté de no limitarme al documento oficial u otros formatos en los cuales produce información el poder de turno.
Escribir historia local y regional tratando de dejar preguntas aunque se consigan algunas respuestas; tratando de generar más posibilidades de seguir pensando que intentar clausurar con el determinismo de la “respuesta acertada”. Escribir durante 20 años acerca de nuestras historias locales y regionales, que no siempre son un eco de lo que pasa a nivel nacional o internacional, es algo que enriquece. Y si a eso se le agrega que puedo hacerlo desde un diario propiedad de una cooperativa de trabajadores y sintiendo que en la tarea me acompañan lectores activos que proponen, indagan, interrogan y demandan, es algo para celebrar. Por ello mis felicitaciones a todo/as quienes se ocupan de la historia y nos acercan sus inquietudes.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Ilustración: Manifestación, pintura de Antonio Berni
Fuente: www.eldiariocba.com.ar