Desde Eduvim lanzan una reedición ampliada de un completo estudio acerca de la vida y obra del poeta y periodista Raúl González Tuñón. Mantuvimos una charla con el autor.
Por Jesús Chirino*
-Germán, regresás con una segunda edición de “Raúl González Tuñón periodista. Medio siglo entre máquinas de escribir y lunas con gatillo”. Ahora, con la editorial de la Universidad de Villa María, ¿qué te llevó a investigar y difundir acerca de la vida de este hombre de las letras argentinas?
-La primera versión salió a finales de 2006 y a partir de allí empecé a buscar y a encontrar material que no había aparecido hasta ese momento. Muchos textos inéditos, sobre todo periodísticos. Fui acumulando ese material hasta que consideré que tenía lo suficiente para hacer un segundo libro. Una versión ampliada y corregida de la primera. Además, obtuve una beca del Fondo Nacional de las Artes para investigar un punto específico de la labor de González Tuñón que está enfocada en el cruce del universo periodístico con el universo poético. Ese trabajo, inédito, también fue descansando en un cajón, en un archivo de computadora. Hace diez años, gracias al interés que puso el director de Eduvim, Carlos Gazzera, surgió la posibilidad de reeditar la obra. Entonces se me ocurrió no solamente ampliar esa biografía periodística, ya publicada, sino también incluir este trabajo como final. También se sumaron a esta edición notas publicadas en el diario El Heraldo, de Villa María, a través de la agencia de noticias Gente de Prensa; repercusiones de su vida en Chile, según la mirada satírica de la revista Topaze; y un encendido intercambio epistolar con Ernesto Sabato.
El porqué del interés en revisitar a González Tuñón es, en primer lugar, porque es un poeta y un periodista que atravesó gran parte del siglo pasado y que tiene una obra que resiste el tiempo, gana nuevos adeptos y es fundamental conocerla o reconocerla. Volver a contactarse con esos poemas que recorren las calles de Buenos Aires, distintos senderos de la Argentina y de Latinoamérica, España y, sobre todo, hacer foco en sus trabajos periodísticos tan poco conocidos o tan poco abordados. Me parece fundamental que las nuevas generaciones, y otros sectores interesados por la literatura y el periodismo, que no son tan jóvenes, pero que desean acercarse o profundizar en la vida de González Tuñón, tengan acceso a este material. Así fue como nació la segunda edición corregida y ampliada de Raúl González Tuñón periodista.
-En la primera parte de tu libro encontramos una investigación profunda acerca de su desempeño profesional. Muchos datos con el señalamiento de las fuentes y aclaraciones pertinentes, dispuestas de manera tal que no mellan la fluidez del texto. Todo ello lleva a conocer, en profundidad, el amplio trabajo de Raúl González Tuñón, pero también permite conocer mucho acerca del ejercicio del periodismo en redacciones tan importantes como la del diario Crítica, la censura, el compromiso y los debates entre intelectuales. Pintás la época en que actuó el poeta y periodista que nos presentás. La bohemia de aquellas redacciones, como distintas cuestiones que parecieran ya cosas del pasado. Pero hablás de cosas que aún poseen cierta actualidad: mecanismos de censura, un medio propio para poder decir todo lo que se quiere, etcétera. Como hombre de prensa que eres, ¿qué reflexiones podés aportarnos?
-González Tuñón transitó el periodismo en medio siglo, comprendido entre 1920 y los primeros años de 1970, durante esa etapa le tocó vivir un momento interesantísimo del periodismo que tiene que ver con el diario Crítica. Un diario muy popular, muy vendido, muy contradictorio en algunos aspectos, pero que reunió a buena parte de los jóvenes escritores, especialmente del grupo de Florida, y que pudieron ganarse un sueldo escribiendo no solamente notas culturales o literarias, sino diferentes secciones del diario. Coincide con la época de bohemia de la Buenos Aires de los gobiernos de Alvear y de Yrigoyen. Esa irrupción de la masividad que se da en la política también se da en el consumo de bienes culturales, en la industria cultural, sobre todo en diarios, revistas, en el cine mudo que estaba consolidándose, en la radio que nacía, en una cantidad de revistas que fueron perfilándose para distintos sectores. A Tuñón le tocó vivir esa etapa floreciente del periodismo y luego transitó por otros caminos, fuera de la Argentina. Vivió un tiempo en Brasil, huyendo de la dictadura de Uriburu; fue corresponsal en la guerra civil española; vivió casi cinco años en Chile, escapándose de la década infame; transitó el peronismo y, ya veterano, trabajó, en los años ´50, 60, en Clarín, escribiendo sobre teatro independiente y artes plásticas. Como todo hombre de su generación, con su militancia política comunista, tuvo que soportar censura, persecuciones, ninguneo, tensiones con otros colegas, las mezquindades propias del gremio periodístico, las relaciones conflictivas con las distintas patronales, la cárcel por la publicación de un poema. Esas diferentes situaciones sirven para analizar el hoy, la situación del periodismo. Los tiempos son distintos, han cambiado, pero hay prácticas que siguen repitiéndose, dificultades para el ejercicio del periodismo que siguen permaneciendo y que los hombres de prensa siguen padeciendo. Releer esa historia nos ayuda a entender un poco el hoy, y también nos puede enseñar cómo poder hacer frente a las injusticias que padecen los periodistas en la actualidad.
-Hace pocas semanas, en Villa María, se presentó un libro acerca de periodistas locales y su relación con la práctica política. Casualmente, lo escribió un profesor de la UNVM, el doctor Adrián Romero (publicado por otra editorial). En tu libro no solo nos ponés al tanto de las adhesiones políticas de Tuñón, sino que queda claro que de manera constante está mirando, y contando, la sociedad desde una perspectiva particular y comprometida. Hablanos de eso.
-Él tuvo un compromiso político claro, su adhesión al comunismo nació en los ´30 y fue consolidándose a través de los años, y eso le trajo más de un dolor de cabeza, de enemistades, persecuciones, enfrentamientos y debates con escritores e intelectuales de otras posiciones políticas. Pero, más allá de su posicionamiento, hay que tener en cuenta que González Tuñón no era un hombre sectario, era muy abierto, atento a la relación con la juventud, con jóvenes que podían provenir del Partido Comunista o que venían de otras orientaciones ideológicas populares. Siempre tratando de dar cabida a las juventudes, de ser amplio, de escuchar esas nuevas voces. Hay una anécdota, o una escena, que me parece que es un buen reflejo de esta amplitud, que se notó a lo largo de toda su vida. Él coincidió en el diario Clarín, en los años ´60, con Osvaldo Bayer. Tuñón era 22 años mayor que Bayer. Es decir, podía ser su padre o un hermano mayor. Esa coincidencia en la redacción también se daba fuera de ella. Yendo al diario hablaban, ante la curiosidad de Osvaldo, sobre lo que Raúl había vivido en la previa y durante los primeros tiempos de la Guerra Civil Española, siendo que González Tuñón era un ferviente comunista y Osvaldo Bayer ya tenía consolidadas sus ideas anarquistas. Es decir, un comunista y un anarquista podían hablar sin pelearse sobre un hecho dramático, convocante, como lo fue la Guerra Civil Española, donde los sectores comunistas y anarquistas, más de una vez, vivieron situaciones de conflicto. Eso era una característica de la personalidad de González Tuñón, su amplitud, su aliento permanente a los jóvenes, su capacidad de escuchar, su buena voluntad para extender su mano a quien lo necesitaba.
-El paisaje que pintan las letras de Tuñón desvanece las fronteras entre la poesía y el artículo periodístico. ¿El uso de recursos literarios y escribir desde el yo lo hace precursor de nuevas corrientes del periodismo?
-En su escritura periodística encuentro rasgos del fenómeno del Nuevo Periodismo que estalló en los años ´60 del siglo pasado, pero que hasta el día de hoy sigue tendiendo puentes. Encontramos textos de González Tuñón, sobre todo en sus crónicas, con una pasión por el detalle, por la narración cuidada y por la acumulación de escenas, por la participación del yo, pero no como protagonista, sino como esa marca de establecer con el lector un pacto y decir ‘yo estuve en este lugar, ustedes no pueden estar, pero yo soy sus ojos, sus oídos, todos los sentidos y los voy a volcar en este texto para que ustedes también puedan sentir algo de lo que yo sentí’. Eso se encuentra en el periodismo narrativo de González Tuñón. Hay una serie de notas que escribe sobre la primera villa miseria en Buenos Aires, que denominaban Villa Desocupación, a la que, desde el diario Crítica, le recomiendan fuera vestido como un pobre más. Primero, a tantear la situación, a establecer contacto con los inmigrantes, sobre todo europeos, que vivían en la zona del puerto, donde se estableció el asentamiento. Luego, a buscar historias de vida, recoger testimonios, y así lo hizo. Él cuenta, en un libro fundamental de entrevistas a González Tuñón escrito por Horacio Salas, que se vistió como un pobre más para hacer las notas que luego fueron publicadas en Crítica, primero sin firma y luego con firma. Y una vez que ya tuvo la aceptación por parte de los habitantes de la villa, pudo darse a conocer con su nombre y apellido y fotografiarlos. Estas características son propias de una rama del periodismo que se denomina Periodismo Gonzo, muy de moda desde hace un tiempo. Esto de que el periodista viva de la misma manera que viven quienes son el objeto de estudio para una nota. Esto ya lo hizo González Tuñón en la década del ´30 del siglo pasado. Cuando uno cree que el periodismo se está innovando con alguna técnica, con algún recurso narrativo, seguramente hay un antecedente histórico de alguno de los grandes periodistas argentinos, para subscribirnos a nuestro territorio, que ya lo plasmó en sus escritos.
Un elemento también interesante en el periodismo de González Tuñón es el cruce con la poesía. Por formas de escritura, la utilización de recursos literarios, pero también por temáticas. En la segunda parte de la nueva edición del libro me centro en ese cruce de universos, del periodismo y de la poesía, centrado en cuatro ejes fundamentales: los espacios, es decir, los territorios que González Tuñón recorre en la poesía, pero también en el periodismo; los afectos, sus amores, sus amistades, sus pasiones literarias; sus ideales sería el tercer eje, que tiene que ver no solamente con los ideales políticos, sino también con los ideales de literatura, específicamente de la poesía; y por último, las infancias. Hay en González Tuñón una predilección por el mundo infantil, por todo lo que rodea al mundo de los chicos, desde los juguetes hasta la literatura, pasando por personajes de historietas. Ahí vemos también un elemento interesante en esa obra, en esa construcción de la obra, el cruce de dos universos que parecieran que tienen que ir por carriles separados, pero que no, y que González Tuñón demuestra que pueden juntarse: el periodismo y la poesía.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Ilustración: Raúl Olcelli
Fuente: www.eldiariocba.com.ar