Por Alexis Oliva*
En aquel histórico juicio que develó la criminalidad del plan represivo y la complicidad del Poder Judicial y la Iglesia Católica, el Tribunal Oral Federal Nº 1 (TOF1), integrado por los jueces Jaime Díaz Gavier, José María Pérez Villalobo y Carlos Lascano, condenó a prisión perpetua a Videla, Menéndez y otros 14 acusados, otros 7 a penas de entre 6 y 14 años de prisión y 7 salieron libres de culpa y cargo.
Uno de los absueltos fue el ex mayor del Ejército Osvaldo Quiroga, acusado por los asesinatos de Arnaldo Higinio Toranzo, Gustavo Adolfo De Breuil y Miguel Hugo Vaca Narvaja (h), militantes del peronismo revolucionario. Vaca Narvaja era además abogado de presos políticos. Paradójicamente, de todos los fusilamientos –cometidos en ocho ocasiones entre abril y octubre de 1976 con el mismo método de simular intentos de fuga–, fue el que pudo reconstruirse con mayor claridad.
La masacre y el mensaje
En la mañana del 12 de agosto del 76, una comitiva del Ejército encabezada por el entonces teniente primero Quiroga retira de la UP1 a Vaca Narvaja, Toranzo y los hermanos Gustavo y Eduardo Alfredo De Breuil. Antes de partir, el oficial firma un acta del Servicio Penitenciario. “Mal día hoy, mal día para ustedes”, oyen los prisioneros, esposados y tapados con una lona en el piso del camión que los lleva hasta el Comando de la Brigada de Infantería Aerotransportada IV, camino a La Calera. Allí los encierran en una habitación y media hora después les sacan las esposas, los maniatan con tiras de tela y los amordazan. Alguien dice: “Hay que tirar la moneda por estos dos chicos”. Suben a Eduardo De Breuil a un vehículo y a los demás en otro. En un descampado en la zona del Chateau Carreras, obligan a descender a Vaca Narvaja, Toranzo y Gustavo De Breuil y los acribillan. Luego bajan a Eduardo, el militar a cargo le quita venda y mordaza, lo obliga a mirar hacia abajo para no identificar a sus captores, le muestra los cadáveres y ante cada uno le pregunta:
– ¿Qué le pasó a este hombre?
– Está muerto…
– ¿Sabes por qué los matamos?
– Por represalias, porque hace unos días ustedes (Montoneros) nos mataron a un cabo.
Lo vuelven a vendar y amordazar. “Vos te salvaste entre los indios”, le dice el oficial. Antes de devolverlo a la cárcel, le ordena contar “absolutamente todo lo que había visto”.
Al día siguiente, el Comandante del III Cuerpo de Ejército informa a través de la prensa que cuando conducían “hacia el Consejo de Guerra a tres delincuentes subversivos para ser interrogados por un juez de instrucción militar, el vehículo en el que eran transportados sufrió una rotura de dirección precipitándose a una banquina y originándose un principio de incendio”. “Aprovechando la situación, los delincuentes intentaron huir ocultándose en los arbustos, siendo perseguidos de inmediato por tropas de custodia, las que les intimaron rendición que no fue acatada, por lo que se debió abrir fuego dándose muerte a Miguel Hugo Vaca Narvaja, Gustavo Adolfo Breuil e Higinio Toranzo”, dice el parte publicado en los diarios cordobeses.
La única firma inocente
El relato del sobreviviente fue uno de los testimonios más contundentes de aquel juicio. Para Eduardo De Breuil, la voz del oficial que los sacó de la cárcel era la misma que escuchó en todo el trayecto hasta el desenlace criminal. Pero Quiroga logró convencer a los jueces de que entregó a los prisioneros en la unidad militar, no participó en el segundo tramo del periplo que terminó en el fusilamiento, no sabía lo que iba a ocurrir con los trasladados y su firma en el acta de retiro demostraba su “buena fe”. De toda esa saga criminal, el episodio que los victimarios eligieron para enviar un mensaje de escarmiento fue justamente el que quedaría impune.

La querella y la fiscalía apelaron. En su escrito, la abogada María Elba Martínez planteó: “¿Era factible matar a De Breuil, Toranzo y Vaca Narvaja sin extraerlos de la cárcel?”. Y refutó el criterio del TOF1 de que Quiroga nunca hubiera firmado el retiro de los presos “a sabiendas de que iban a asesinar a esas personas”, porque “contradice el razonamiento anterior del mismo tribunal cuando menciona la absoluta impunidad con que actuaban los integrantes de las Fuerzas Armadas”. A su vez, el fiscal Maximiliano Hairabedián expuso la contradicción: “Lo que para Quiroga fue garantía de inocencia (firmar), para otros fue sinónimo de responsabilidad”.
Pero el fallo de la Sala I de la Cámara de Casación fue adverso y debieron recurrir a la Corte Suprema de Justicia, que en 2018 les dio la razón y ordenó dejar sin efecto la sentencia absolutoria y realizar un nuevo juicio. Entre los fundamentos, señaló que hubo numerosas pruebas no valoradas, en particular “los testimonios que refieren que este destino era conocido por el propio Miguel Hugo Vaca Narvaja y también por personal del penal que presenció el retiro de los internos”, ya que había sido amenazado de muerte en varias ocasiones.
Entre los absueltos en 2010 también estuvo el ex policía Gustavo Rodolfo Salgado, acusado del secuestro y aplicación de tormentos al entonces policía y estudiante de Psicología –sospechado de pertenecer al Ejército Revolucionario del Pueblo– Luis Alberto Urquiza, y haber participado en las torturas a José María Arguello, Oscar y Horacio Samamé, Carlos Cristóbal Arnau Zuñiga y Rodolfo Urzagasti Matorras. El TOF1 consideró que Salgado no integraba “la patota o brigadas encargadas del accionar ilegal del D2” y solo había actuado en ese caso por una “cuestión personal”, ya que era el superior directo de Urquiza y tenían “mala relación laboral”. Con esa motivación, su accionar “no formaba parte de un plan sistemático de exterminio”, no era crimen de lesa humanidad y por lo tanto estaba prescripto. La abogada Martínez y el fiscal Carlos Gonella apelaron. En 2012, la misma Sala I de Casación les dio la razón en que “la conducta de Salgado no estuvo al margen del terrorismo de Estado” y ordenó volver a juzgarlo.
El crimen más anunciado
Quince años después, vuelven al banquillo de los acusados. Quiroga tiene 79 y convalece de una operación de cáncer de estómago; Salgado, 72 y mal de Parkinson. El juicio comenzó con el planteo de la defensora pública Natalia Bazán –quien representa a Quiroga– y el abogado Pedro Leguiza –a Salgado– de “nulidad de este segundo juicio” porque “afecta el derecho de defensa, el debido proceso y la garantía del non bis in ídem”. Es decir, la imposibilidad de juzgar dos veces por un mismo hecho. Además del reclamo de que los acusados transitan “un laberinto procesal”. El Tribunal presidido por Facundo Zapiola rechazó el pedido en aras del derecho de los familiares a obtener, a 49 años de los hechos, verdad y justicia para sus víctimas.

Al iniciar la fase testimonial, tres ex presos políticos volvieron a contar lo que tantas veces. Desde su celda, Daniel Juez vio cómo se llevaron a cuatro y devolvieron a uno: “A Eduardo De Breuil le dijeron que nos avisara que así íbamos a terminar. Estábamos a la espera de que nos mataran”. Enrique Asbert, amigo de Vaca Narvaja (h), recordó la amenaza en un traslado anterior: “Hoy te salvaste porque cubrimos el cupo de subversivos, pero el Ejército argentino te va a matar”.
A su turno, Luis Miguel Baronetto conjeturó: “Pienso que lo sacaron porque era un Vaca Narvaja, hermano de uno de los jefes montoneros (Fernando), militante político y defensor de presos políticos”.
Foto de portada: Familiares de Miguel Hugo Vaca Narvaja (h) durante la primera audiencia del juicio por el fusilamiento de tres presos políticos en Córdoba
Fuente: www.revistaelsur.com.ar