Alonso Baldrich nació el 17 de enero de 1870 en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de tradición militar. Su padre, Juan Esteban Baldrich, había sido capitán del ejército español y se radicó en la Argentina tras los conflictos políticos que sacudieron a España en la segunda mitad del siglo XIX. Esa herencia castrense, combinada con una sólida educación laica y técnica, marcaría de manera indeleble su trayectoria.
Cursó estudios primarios en la Escuela Normal de Paraná y los completó en Rosario. En 1888 ingresó al Ejército como soldado distinguido en el Batallón 1º de Línea y, al año siguiente, al Colegio Militar de la Nación. Allí se destacó de manera excepcional: fue el primer abanderado de la institución y egresó ocupando el primer puesto de su promoción. Aún como cadete participó en los combates de la Revolución del Parque de 1890, conducta que le valió su ascenso a cabo de segunda clase.
Tras egresar como subteniente, solicitó el pase al arma de ingenieros y simultáneamente inició estudios en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. En 1903 obtuvo el título de ingeniero civil, reconocimiento que fue refrendado oficialmente como ingeniero militar por decreto presidencial durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca.
Baldrich y Mosconi: Una amistad al servicio del país
En la universidad Baldrich conoció a Enrique Mosconi. Entre ambos nació una amistad profunda, sostenida no sólo por la formación técnica compartida, sino por una temprana conciencia sobre los límites del modelo agroexportador y la creciente dependencia económica argentina. Esa comunión de ideas se consolidó en el terreno.
Ambos integraron comisiones técnicas vinculadas al desarrollo ferroviario del Norte argentino, particularmente en los estudios y construcción del ramal Perico–Orán del Ferrocarril Central Norte. Aquellas tareas, realizadas en condiciones difíciles y en regiones estratégicas, permitieron a Baldrich y Mosconi comprender el valor geopolítico del territorio y la necesidad de un Estado fuerte capaz de planificar su desarrollo.
Carrera militar y experiencia internacional
Baldrich combinó su carrera técnica con un sostenido ascenso militar. Integró la Comisión de Estudio del río Bermejo, fue segundo jefe del 3º Batallón de Ingenieros y ascendió a mayor en 1906 y a teniente coronel en 1909. Posteriormente viajó a Europa como miembro de la Comisión de Compra de Materiales Militares y revistó como agregado en unidades del ejército alemán, experiencia que amplió su formación técnica y estratégica.
En 1916 alcanzó el grado de coronel y fue designado director del arsenal y fábrica de proyectiles de Puerto Borghi, en Santa Fe. Allí desarrolló una gestión ejemplar, caracterizada por la eficiencia productiva y una política social avanzada para la época, procurando viviendas y mejoras en el abastecimiento para los trabajadores.
El petróleo como cuestión nacional
La cuestión petrolera se convirtió progresivamente en el eje central de su pensamiento y acción pública. Cuando Mosconi asumió la dirección general de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en 1922, convocó a Baldrich para ocupar la administración de los yacimientos de Comodoro Rivadavia. Entre 1923 y 1924, Baldrich reorganizó integralmente la gestión, redujo costos, mejoró rendimientos y demostró en la práctica que el Estado podía administrar con eficiencia una industria estratégica.
Desde esa experiencia concreta afirmaba: “La industria petrolera estatal resulta esencial para promover el desarrollo industrial argentino, prevenir el dominio extranjero sobre el petróleo del país y garantizar la seguridad militar nacional”.
Su convicción lo llevó a convertirse en uno de los principales impulsores de la nacionalización y monopolio estatal del petróleo, enfrentando abiertamente a los grandes trusts internacionales, en particular la Standard Oil y la Royal Dutch Shell.
La Alianza Continental y la batalla pública
En 1927, Baldrich se incorporó desde su fundación a la Alianza Continental, organización destinada a impulsar una ley de nacionalización del petróleo y a alertar sobre los peligros del imperialismo económico en América Latina.
Desde entonces recorrió el país dando conferencias y publicando artículos de fuerte contenido político y doctrinario.
En sus exposiciones denunciaba sin eufemismos la connivencia entre sectores del poder político y los intereses extranjeros. En una de sus conferencias más célebres sostuvo: “En todas partes se cree como dogma económico que el capital extranjero es indispensable para el desarrollo de los recursos naturales, y nadie parece advertir que ese desarrollo hace rico a los extranjeros y deja más pobres que antes a los naturales”.
Esa prédica le valió ataques personales y el desagrado del ministro de Guerra, Agustín P. Justo, quien lo pasó a retiro del Ejército bajo el pretexto de “exceso de edad”, medida que fue interpretada como una represalia política.
Periodismo, denuncia y aislamiento
Lejos de silenciarlo, su retiro lo lanzó de lleno a la lucha pública. En 1929 fue designado director del diario La Argentina, desde donde denunció la obstrucción deliberada del Senado al proyecto de ley de nacionalización del petróleo aprobado por la Cámara de Diputados en 1927. Sus editoriales, filosos y documentados, denunciaron la acción de los trusts y la “conspiración del silencio” que rodeaba el tema energético.
Baldrich defendió abiertamente la política petrolera del gobierno de Hipólito Yrigoyen y sostuvo que sin independencia económica no podía existir soberanía política. Esa posición lo convirtió en blanco de campañas difamatorias que lo calificaron de “quijote petrolífero”, mote que asumió con ironía.
Golpe, exilio y últimos años
El golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930 selló el destino político de Baldrich y Mosconi. Ambos fueron detenidos y vigilados; Mosconi fue desterrado a Europa y Baldrich confinado en Bariloche, desde donde partió luego al Paraguay y al Brasil. Regresó al país en 1932, ya bajo la presidencia de Justo, a quien denunció públicamente por su responsabilidad política en los atropellos del régimen de Uriburu.
En 1934 publicó El problema del petróleo y la Guerra del Chaco, donde analizó con lucidez el papel de las compañías petroleras en los conflictos armados regionales, anticipándose a lecturas geopolíticas que hoy resultan evidentes.
Ese mismo año fue designado vocal y luego director de la Dirección de Parques Nacionales. Desde allí impulsó una política de integración territorial y desarrollo en la Patagonia, convencido de que poblar, industrializar y comunicar el territorio era una forma concreta de soberanía.
Legado y desmemoria
Alonso Baldrich falleció en Buenos Aires el 24 de agosto de 1956, a los 86 años. Estaba casado con Mercedes Elordi. En reconocimiento a su acción patriótica, YPF bautizó con su nombre un buque de la flota petrolera, gesto que no logró revertir el progresivo olvido de su figura.
Su pensamiento permanece vigente. Baldrich entendió antes que muchos que la lucha por los recursos naturales no era técnica ni sectorial, sino profundamente política y cultural. Por eso advertía: “La aspereza en el lenguaje es virtud cuando se fustiga con indignación a la villanía”.
Recuperar su figura no es un acto nostálgico, sino un ejercicio de memoria crítica. Baldrich fue uno de los grandes arquitectos de la idea de independencia económica argentina, un hombre que pagó con el silencio oficial su coherencia y su valentía. Hoy, su legado interpela a una Nación que sigue debatiéndose entre la soberanía y la dependencia.
Fuente: Revisionismo Histórico Argentino