General Jorge Leal: Defensor de nuestro Patrimonio Nacional

El General Jorge Leal, llamado “el salteño de los hielos” por haber sido quien dirigió la expedición que por primera vez pisó el Polo Sur, nació el 23 de abril de 1921 en Rosario de la Frontera, provincia de Salta. Falleció el 10 de junio de 2017.
Su padre fue Servando Leal, concejal e intendente interino de Rosario de la Frontera, fundador del Club Unión General Güemes en junio de 1916, de la Banda de Música Municipal en 1935 y del Tiro Federal en 1947; y su madre fue Eduviges Romano de Leal, maestra de la Escuela Normal, fundada en enero de 1910.
Cursó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Normal.
En 1939 ingresó al Colegio Militar de la Nación y egresó como Subteniente de Caballería en 1943. Fue jefe de la Base Antártica San Martín en la Antártida Argentina en 1951, con el grado de Capitán y de la Base de Ejército General Belgrano en 1957.
Fue asesor de la delegación argentina a la Conferencia Antártica de Camberra (Australia), en 1961 y en 1964 asesor de la delegación a la 3° Reunión Consultiva del Tratado Antártico de Bélgica.
Leal fue el primer presidente del grupo que reunió a los militares democráticos en 1984, el CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia Argentina), y había tenido un fuerte cruce cara a cara con el dictador Jorge Videla antes del golpe del ’76.
“Yo soy militar en serio pero nunca intervine en ninguna revolución” dijo en uno de sus últimos reportajes. “Para mí, los gobiernos militares no sirvieron de nada. Porque estaba y estoy convencido de que ninguna revolución sirvió para nada en este país”.
En un reportaje que le hizo Télam contó cómo había sido aquel encuentro con Videla.
“Yo era jefe de la Dirección Nacional del Antártico y me entero de que estaban fragoteando. Lo llamo por teléfono y le pido una audiencia. Él fijó el día y la hora. Fui a su oficina, se levantó de inmediato, vino, me saludó muy respetuoso y me invitó a sentarme y tomar algo. Le dije: ‘General, yo sé que ustedes están fragoteando’. Se quedó duro y ya no le gusté. No dijo nada. ‘General Videla, no lo hagan, no lo hagan. Ninguna revolución sirvió de nada al país’. Y ya se me puso serio. ‘¿Mi general, usted cree que esto puede seguir así?’, preguntó, y le contesté: ‘No, pero eso no se soluciona con una revolución. No lo hagan’. Faltaba poco para el golpe”.
En 1980, Leal había estado 30 días con arresto en el Regimiento Neuquino “por oponerme a la guerra contra Chile, porque yo sabía que si íbamos a una guerra la Patagonia era chilena en este momento. No estábamos preparados”. La dictadura del ’76 lo puso preso otras dos veces más. La primera vez en La Plata, 15 días, “porque al gobierno militar le daba cada vez que podía”. Y la tercera en su casa de Vicente López, 70 días, por haber ido a recibir a los soldados que volvieron de Malvinas.

La hazaña de alcanzar por tierra el Polo Sur

“Había alcanzado el objetivo de llegar al límite más austral de la Patria y del mundo, el día 10 de diciembre de 1965, donde plantó la bandera argentina, junto a los hombres, bajo su comando, de la Primera Expedición Terrestre al Polo Sur y concluir la ‘Operación 90’ (llamada así por los 90 grados sur de latitud que tiene el Polo Sur).
Habían salido el 26 de octubre de ese año y volvieron a la Base General Belgrano, en una marcha de 2980 km. y 66 días de trabajos y penurias, el 31 de diciembre, después de recorrer un ambiente “en donde se enseñorea una naturaleza hostil –la más fría y tempestuosa del planeta- reacia a los hombres, perros y máquinas y donde las tormentas polares y las interferencias magnéticas anulan las comunicaciones y afectan los instrumentos volviéndolos inexactos e influyendo, por lo tanto, en la inteligente confianza que el hombre debe depositar en los mismos”, comenta la Fundación Marambio al relatar la hazaña; “… la marcha hacia el sur de la República resuelta a ocupar, dominar y administrar hasta los últimos reductos de su territorio, reforzar nuestros derechos sobre el Sector Antártico demostrando la capacidad argentina de accionar a lo largo de todo el territorio patrio, además, durante los dos meses de marcha se efectuaron observaciones científicas y técnicas de geología, gravimetría, meteorología, etc., observaciones que representaron para el personal un pesado recargo de sus tareas por las hostiles condiciones en que se cumplieron los estudios y porque debían intervenir en los agobiantes trabajos propios de una expedición antártica”.
La Base General Belgrano que el Ejército ocupaba en la barrera de Filchner sería la base de operaciones de esa patrulla. En noviembre de 1963 el personal comenzó a estudiar sobre el terreno las posibles vías de acceso al interior del continente y planear la instalación de una base secundaria de operaciones, con víveres y combustibles. Debieron elegirse el vestuario, los equipos y los vehículos, seis tractores snowcats, capaces de transportar al personal, sus equipos y las provisiones. La selección del personal fue de suma importancia.
En este sentido la del segundo Jefe de la Patrulla de Asalto, el Capitán Gustavo Adolfo Giró, fue muy significativa, anteriormente Jefe de las Bases del Ejército San Martín y Esperanza, y que cubrieron todas las tareas de preparación del viaje. El Capitán Giró y sus hombres, partieron en marzo de 1965 hacia los 82º de latitud Sur, -al pie de las primeras estribaciones de acceso a la alta meseta polar -, montando una construcción que fue provista con cincuenta toneladas de materiales. Antes de comenzar la larga noche polar quedó instalado el refugio que hoy se conoce como Base de Avanzada Científica Alférez de Navío Sobral. Estos y otros muchos preparativos en medio de condiciones tan adversas con los problemas del medioambiente, paso a paso se fueron subsanando hasta que por fin el 26 de octubre a las 10 horas la columna de vehículos con el coronel Leal al frente, comenzó la marcha hacia el Polo.

La marcha

Superada la Base Sobral, donde se realizaron tareas de mantenimiento de los vehículos, se continuó la marcha pesada y peligrosa. El frío se hizo más intenso y las grietas a veces cubiertas por puentes de nieve muy débiles que las disimulan, estuvieron a punto de “tragarse” a algunos de los Snowcats. Sobre la meseta polar los temporales impusieron situaciones de inmovilidad, “estamos detenidos perdiendo precioso tiempo, consumiendo víveres y combustible que tenemos tan medidos”, registra el coronel Leal en su diario. Trineos rotos algunos y semidestrozados otros, obligados a dejar uno de los vehículos como depósito de combustible para el viaje de regreso y jalón para hallar el camino más fácilmente se fue haciendo la marcha. A 1900 metros sobre el nivel del mar se arma un campamento y allí se trabajó durante dos días reparando patines y reforzando la estructura de los insustituibles trineos. El fuerte viento y la nevisca, poco a poco cubría todos los objetos y amenazaba el ánimo de todos.
A ese campamento lo llamaron Desolación.
Continuó la marcha y desde los 86 grados los sastrugis crecieron en tamaño, tan altos como los tractores, transformándose en un mar ondulado de hielo. 200 km. los separaban del objetivo, tenían la meta al alcance de la mano. “…ahora, y a pesar de nuestra confianza en la capacidad de los dos topógrafos- navegadores, no podemos alejar de nuestra mente la posibilidad de que un error de cálculo o instrumental-, siempre factible por la permanente agresión que significan los extremosos agentes climáticos de la zona, pudiera habernos llevado a lugares que no sean lo que creemos y tenemos marcados en nuestra carta”, informa Leal.
A los 2645 metros de altura sobre el nivel del mar el terreno comenzó a mejorar. Aprovechando esta situación el 9 de diciembre se realiza una etapa de marcha de 28 horas, estiman estar a 45 km. del Polo. Por eso deciden hacer el último esfuerzo para cubrir ese tramo de la marcha y alcanzar el objetivo tan ansiado. Al día siguiente, 10 de diciembre, el coronel Leal, desciende de su vehículo, el “Salta”, y planta la bandera argentina en la nieve endurecida.
Fueron 45 días de marcha, de tensiones, de peligrosas grietas, la preocupación constante de mantener el rumbo correcto en donde la brújula es inútil y el sol puede ocultarse por horas o días enteros. El 15 de diciembre comenzó el regreso por un camino ya conocido y con depósitos que aseguraban menos inconvenientes. Superados los desorientadores “blanqueos” y la zona peligrosa de la Gran Grieta, llegaron a la Base Belgrano el 31 de diciembre de 1965. Los 9 militares argentinos que acompañaron a Leal en la expedición de 1965 fueron: Gustavo A. Giro, Ricardo Ceppi, Julio Ortiz, Jorge Rodríguez, Guido Bulacio (con una herida en la mano fue reemplazado en la base Sobral por Florencio Pérez), Roberto Carrión, Adolfo Moreno, Domingo Zacarías y Ramón Alfonzo.

Reconocimientos

El gobernador de Salta Ricardo Joaquín Durand lo reconoció como héroe y lo declaró Huésped de Honor el 24 de febrero de 1966. Por decreto Nº 563 de la Municipalidad de Rosario de la Frontera, se le entregó una medalla de oro y se declaró el 25 como feriado administrativo, y el 12 de junio de 2008 fue declarado Ciudadano Ilustre.
El ministro de Defensa, Agustín Rossi, condecoró a Leal con la Orden Doctor Mariano Moreno el 7 de noviembre de 2013. Rossi dijo:
“En la historia hay ejemplos de militares comprometidos como los generales Mosconi, Savio, el brigadier San Martín, y el general Leal, quienes integraron a las FFAA en la planificación de la Nación”
En el año 2009 aparece en el documental “La pampa sumergida”, dando su testimonio sobre la cuestión de Malvinas y la Plataforma Continental Argentina.
El 22 de febrero de 2015, con motivo del Día de la Antártida Argentina, Jorge Leal fue invitado al Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur de Buenos Aires para rendirle un homenaje.
En 1970, Leal fue nombrado Director Nacional del Antártico, cargo que conservó por varios años. En 1971 y en 1990 la Dirección Nacional del Antártico publicó y reeditó en Buenos Aires el libro titulado Operación 90. El trabajo da detalles sobre la fría región austral argentina presentando una detallada cartografía al respecto. Finalmente se retiró con el grado de General en el año 2003. Había egresado como Subteniente de Caballería en 1943.
¡60 años de servicio activo como “militar en serio que nunca participó en ningún golpe de Estado”!
Fuente: Pensamiento Discepoleano