El empleo informal, un efecto deseado

Por Graciela Treber*

Los indicadores recientemente conocidos sobre el incremento de la informalidad laboral que subió a un 44 por ciento de la población ocupada, no es una casualidad, no es un efecto no deseado de este proyecto tecno feudal. Exactamente eso es lo que se buscó al modificar las leyes laborales con el pretexto de su “modernización”. 

Era obvio que la eliminación de las multas por registración inexistente o defectuosa y la facilitación y abaratamiento de los procesos de despido no iban a generar aumento de la oferta laboral formal, sino todo lo contrario. Con más razón si se tiene en cuenta que los sectores mayoritariamente creadores de empleo como industria, comercio y construcción son los que han registrado fuertes caídas y los sectores que registran algún crecimiento como petróleo, energía, agro y financiero lejos de crear empleo, lo están expulsando.

La precarización laboral es entonces un efecto buscado a fin de modificar la estructura social de la Argentina tendiendo a la polarización de los ingresos y a modificar definitivamente la relación entre el capital y el trabajo, debilitando en ese camino las organizaciones que defienden los derechos de los trabajadores y precarizando las condiciones de trabajo, aun con la máscara de institutos más “modernos” como por ejemplo el “Banco de horas” que alteran no solo la jornada laboral sino que crean una falsa idea de posible extensión de los días de vacaciones. Tiempos presuntamente libres que el trabajador no podrá disponerlos a su conveniencia, sino que la decisión de momento y duración la tomará el empleador a su conveniencia.

Si se analiza ese porcentaje creciente de trabajo informal del 44 por ciento, que significa 6 millones de personas, encontramos dos grupos diferenciados: trabajadores asalariados y no asalariados o cuentapropistas. Dentro de los trabajadores informales cuentapropistas, se registra un incremento del trabajo de las mujeres en gran parte motivado por la imposibilidad de sostener los gastos familiares únicamente con salarios formales o informales. Aparecen entonces quienes producen o compran en forma doméstica en pequeña escala para revender a través de Internet o en ferias. Por otra parte, las plataformas han absorbido parte del trabajo formal expulsado, fundamentalmente los hombres jóvenes, así pareciera indicarlo el crecimiento de empleo emprendedor en rubros tales como transporte o restaurantes. En ese grupo de no asalariados están quienes facturan como monotributistas y también quienes ni siquiera facturan.

La informalidad tiene impacto no solo en la vida diaria de esos trabajadores, que viven en la inseguridad permanente de no saber si llegan o no a fin de mes, que carecen de cobertura de salud y social actual y futura y que seguramente recurrirán a las prestaciones estatales en materia de educación y salud que por otra parte están siendo desfinanciadas.

Sino que también tiene impacto en las cuentas públicas agregadas actuales y futuras. Los trabajos informales no realizan aportes previsionales o lo hacen de forma reducida, con lo que afectan la recaudación destinada hoy a las jubilaciones y pensiones y condicionan totalmente a futuro la financiación del sistema, con un número muy importante de personas que en el futuro van a demandar atención estatal, por falta de la posibilidad de sustentarse por carecer totalmente de prestaciones jubilatorias. Salvo que la idea sea que mueran antes de retirarse, lo cual podría materializarse al aumentar la edad requerida para los retiros.

Ahora una cosa es la ley y otra la posibilidad en la vida real de las personas de auto mantenerse en su trabajo más allá de determinada edad, con más razón si las leyes amparan la precariedad laboral en la que está incluido el reemplazo de trabajadores de mucha antigüedad por trabajadores recién ingresados al sistema, situación que se confirma en un proyecto donde los trabajos calificados necesarios son pocos y cada vez menos requeridos, donde la experiencia vale poco. Una economía extractiva no necesita mucho conocimiento, ni mucha ciencia, o la necesita en manos de unos pocos.  Y esa situación se agudizará con el auge de la famosa Inteligencia Artificial (IA).

Hoy hasta acá, los sectores más golpeados por el crecimiento de la informalidad son los varones de menos de 29 años, los mayores de 65 años y luego las mujeres.  Es decir, los sectores más vulnerables de la sociedad.

En este contexto y al enterarse de este crecimiento de los indicadores de informalidad, mientras que habían prometido exactamente lo contrario con la modificación de las leyes laborales, el FMI salió a justificarlo diciendo que “Hay que darle tiempo” al sistema para que produzca efectos positivos.  ¿El tema es cuánto tiempo? ¿El tema es si los argentinos y las argentinas tenemos ese tiempo? ¿El tema es cuál es el costo de ese tiempo? ¿El tema es si en el largo plazo no estaremos todos muertos? El tema es si no nos están prometiendo algo que nunca llegara para en el mientras tanto destruirnos la vida, y apoderarse de todos nuestros recursos naturales y de nuestros recursos humanos.

*Contadora

Fuente: www.enredaccion.com.ar