La Perla de horror de la Dictadura argentina

Entrevista a Guillermo Sagripanti, geólogo forense

Por Marcelo Fagiano

El doctor en Ciencias Geológicas Guillermo Sagripanti participó, junto al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en la ubicación de sitios de enterramiento de cuerpos humanos asesinados durante la última dictadura cívico-eclesiástica-militar en Argentina, en la Loma del Torito en el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio «La Perla» (Córdoba, Argentina).

Sagripanti forma parte del plantel docente de Geología forense -disciplina surgida en una universidad pública y gratuita integrada a la búsqueda de desaparecidos en dictadura y democracia- del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

“va a haber que trabajar
limpiar huesitos/que no hagan
negocio con la sombra
desapareciendo/ dejándose ir
a la tierra ponida sobre
los huesitos del corazón/
compañeros denme valor/”

Juan Gelman. Fragmento de Nota II (Interrupciones 1 – 1997).

– La Geología forense no es una alternativa de formación difundida entre los profesionales de las Ciencias geológicas. ¿Cómo ha sido, en su caso, el camino en la universidad pública para encausarse en esa especialidad?

La Geología forense, a nivel internacional, recién fue reconocida en el año 2011 por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas, así que es bastante reciente. En la Universidad Nacional de Río Cuarto, empezamos a trabajar en el año 2000 con el Licenciado. en Geología, Diego Villalba. Nuestra línea de investigación es la Paleosismología, una especialidad que utilizamos para encontrar evidencias de terremotos prehistóricos. Excavamos trincheras y buscamos, en las paredes de las mismas, evidencias de sismos fuertes que ocurrieron en la prehistoria. Charlando, una vez con Diego, nos dijimos: si nosotros en un perfil de suelo estamos viendo una evidencia de hace 3.000 años, 4.000 años, tendríamos también la capacidad para distinguir una evidencia de un corte de una herramienta que haya sido hecho más recientemente. Con esa inquietud empezamos a interactuar y elaborar la idea con colegas del Departamento de Geología de la Universidad Nacional de San Luis, David Aguilera y Aldo Giacardi. A la vez, ellos tenían un contacto con un equipo de arqueología de la Universidad Nacional de Rosario al cual fuimos invitados a participar en Cayastá, donde fue la primera fundación de la ciudad Santa Fe, para identificar y ubicar los muros de antiguas edificaciones. A raíz de ese trabajo se entera y nos convoca, el antropólogo forense Juan Nóbile, que estaba realizando una búsqueda de desaparecidos durante la última dictadura en el cementerio de San Lorenzo, en Rosario. Trabajamos bastante en ese sitio los fines de semana. En ese lugar tuvimos hallazgos y, ese hecho, fue en parte el disparador en este camino. De allí surge el contacto con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) a través de la antropóloga forense Anahí Ginarte. Eso ocurre cuando ella llega a Córdoba, como integrante del equipo, para trabajar en La Perla en el año 2004.

– Un extenso recorrido desde los registros de los paleosismos a la búsqueda de desaparecidos…

…así empezamos, por supuesto adecuando las metodologías a otro tipo de búsqueda, que es mucho más somera, bien superficial y acotada, es decir, ajustar las herramientas que usábamos en la paleosimología. Fue una adaptación de esa técnica a un nuevo objetivo. Con nuestro equipo hacíamos la interpretación de los perfiles y, el de San Luis, hacía las tomografías, así como sondeos eléctricos verticales desde una perspectiva geofísica, complementándonos. En aquel momento generamos el equipo de Geología forense.

– En el caso de La Perla, ¿utilizaron las mismas herramientas científicas para la detección de las fosas comunes removidas por la «operación de limpieza» realizada en 1979 por el Ejército Argentino?

Al comienzo, año 2004, el trabajo fue más puntualizado, un caso distinto. Usamos diferentes métodos, se podría decir con mayor precisión a través de tomografías eléctricas. Posteriormente, en el año 2015 con la adquisición del georradar, encontramos algunas anomalías que correspondían a modificaciones del subsuelo, interpretados en ese momento, como naturales. En los años posteriores, como trabajo de gabinete, nos enfocamos en la búsqueda de fotografías aéreas, tampoco había imágenes satelitales de esa época. También el EAAF, un año anterior a nuestro regreso a La Perla, había realizado un registro LIDAR (Detección y Medición a través de la Luz láser), que es una tecnología de punta, que para este tipo de búsquedas no se ajustó. En los meses de enero y febrero del año 2025 fue cuando hice la interpretación de las fotos aéreas, antes de iniciar y debido a las hipótesis que nos habíamos planteado pensé que debía intentar usar la tecnología disponible hace 50 años, que en este caso eran las fotos. Obviamente las evidencias o rasgos antrópicos registrados y detectados en las mismas nos llevaron a excavar en los sitios donde tuvimos hallazgos.

– El Equipo de Geología forense de la UNRC indagó en otras metodologías…

Sí, con la intervención del juzgado conseguimos fotografías aéreas de la zona para poder realizar la fotointerpretación desde el punto de vista geológico. En paralelo a la etapa de gabinete que estaba desarrollando trabajamos con testimonios de sobrevivientes que pasaron por la Perla y, a la vez, haciendo una investigación de cómo se fueron desarrollando los sucesos, en ese tiempo, vinculados a la dictadura. En el año 79 venía la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a hacer una inspección a La Perla. En marzo, abril y mayo los militares deciden remover las fosas de enterramiento de cuerpos… las fotos que conseguimosson de julio y agosto del 79, tres meses después, entonces en la foto se ve claramente todo el trabajo que ellos hacen. Con ojo geológico entrenado, pasando horas arriba de esas imágenes, mirando e interpretando, se descubren patrones o geometrías que indican evidencias de actividades antrópicas. De esa manera se registraron áreas de interés, para después abordar, el trabajo de campo.

– ¿Estamos hablando de un área de cuántos kilómetros cuadrados? 

El área del sitio es de 14.000 hectáreas. Haciendo una zonificación de toda la imagen, de lugares particulares en donde existía la seguridad plena de que hubo actividades de remoción llegamos a reducir la búsqueda a 10 hectáreas. En el campo se descartan algunas por ser terrenos, por ejemplo, de afloramientos de la roca reduciendo el área a 8 hectáreas en total.

– Doctor Sagripanti, la Loma del Torito, ¿fue originalmente un área de interés?

Sí, sí, nosotros habíamos estado ahí. De hecho, el EAAF excavó en el entorno a raíz de varios testimonios de civiles. Me acuerdo que estaba el de José Julián Solanille, puestero, que vivía ahí y él, desde arriba de la Loma del Torito, vio todo lo que ocurría.

– ¿El es el que dijo haber visto al genocida Luciano Benjamín Menéndez?

Sí, Menéndez, en el auto. Me he parado en el lugar de observación de Solanille, tranquilamente tenía toda la visión.

¿Qué distancia más o menos? ¿Un kilómetro?

 Mucho menos, serán unos 500 metros, muy cerquita.

¿Cómo se organizó el trabajo de campo en La Perla?

Al intervenir en un lugar se identifica primero un espacio donde hay certeza que el terreno no ha sido disturbado o no ha tenido intervención antrópica. Se abre una calicata de exploración y se hace una trinchera para realizar una exploración directa. Se describe el perfil del suelo lo más detallado posible, los materiales que lo constituyen, tipos de sedimentos, colores, espesor de cada paquete o de cada nivel sedimentario. Posteriormente, al trabajar en el sitio de interés realizamos las excavaciones registrando las afinidades o diferencias con la trinchera de referencia. Es un trabajo artesanal, con una herramienta de mano se rectifica la pared, que es lo que hacemos con la paleosismología, de esa manera comienzan a hacerse visible los rasgos o rastros de intervención antrópica, si fue intervenido con una pala mecánica o con otra herramienta. Reconocemos cambios, muchas veces se encuentran materiales mezclados o que deberían estar a un metro y medio de profundidad, están, por ejemplo, en la superficie o a 20 centímetros. Es decir, se buscan perturbaciones en la estructura natural. Asimismo, estudiamos la morfología superficial del relieve, las pendientes de los valles, determinando si son naturales o han sido modificadas artificialmente para corroborar, de alguna manera, lo que se veía en la fotografía aérea.

– Se hace un trabajo de pesquisa que va desde lo megascópico a lo macroscópico…

Sintetizando, se parte de una interpretación de las fotografías aéreas en gabinete para llegar al trabajo de campo de detalle en la trinchera, a escala visual. Hay una integración de observaciones a diferentes escalas…

¿Cuánto tiempo lleva realizar un perfil de detalle en una trinchera convencional?

Las trincheras normalmente tienen 20 metros de largo y el ancho del balde de la excavadora, un metro treinta aproximadamente y, de profundidad variable, según cada caso en particular. No sé si se puede hacer un promedio, en los sectores en donde la probabilidad de enterramiento es muy baja, las hacemos de un metro veinte…a veces vamos más abajo si hace falta. El tiempo de trabajo es muy variable.

-También el equipo de Geología forense de la UNRC estuvo involucrado en la búsqueda de personas desaparecidas en democracia…

Empezamos búsquedas de personas desaparecidas en democracia vinculadas a distintas fiscalías de de la región, mayormente en Córdoba. He trabajado con el caso Nicolás Sabena mucho tiempo. Actualmente seguimos con la mamá analizando algunas situaciones.  El caso más reciente es el de Delia Polijo, desaparecida en 2018 en La Paz. Después están desaparecidas desde 2014 Gloria Gallardo en San Javier y Marisol Reartes y su hijita Luz Oliva en Los Hornillos, casos en los que estuve colaborando. El caso de Mariela Bessonart, en la zona de Tio Pujio. También trabajé, pero a distancia, en la búsqueda de Mariela Bortot, ella ya fue encontrada.

– Un trabajo que combina testimonios, memoria, datos aportados por algún familiar…

Más que todo se colabora con los familiares, con algunos familiares. Me he preparado para esto, para dar una respuesta desde una universidad pública. Ayudar a que ellos resuelvan o cierren, ¿cómo podría decir? Esos tiempos de ausencia, de angustia, que son insostenibles, insoportables. Soy un agradecido que desde la Universidad me hayan permitido ir por ese camino, es un trabajo con un vínculo con lo social y humanitario muy fuerte. El compromiso del profesional con lo humano. Yo hablo con el familiar, trabajo con el familiar al lado y eso es muy difícil… estar al lado del familiar te genera un estrés muy fuerte.

-¿Los familiares de desaparecidos en la dictadura están presentes mientras trabajan?

Tengo contacto con algunos de ellos, pero no están al lado de uno en el campo. En La Perla es distinto, cada tanto hacen alguna visita los familiares.

– ¿Existen actualmente instancias de formación en Geología forense en la licenciatura en Geología que se ofrece en la Universidad Nacional de Río Cuarto?

Desde hace dos años se dicta una asignatura optativa: Geología forense, que más allá del enfoque general que muestran los alcances de la especialidad, está específicamente orientada a la búsqueda de enterramientos clandestinos de personas. La misma ha tenido muy buena aceptación por parte de los alumnos, la convocatoria nos excedió en el número de inscritos. Pensamos que es una buena oportunidad, un buen momento para trasladar la experiencia a los alumnos de grado.

– Han realizado como equipo un largo recorrido desde la paleosismología hasta llegar a la búsqueda de enterramientos de personas en centros clandestinos, leyendo registros de sismos ocurridos hace 3000 años a interpretar perfiles sedimentarios ocurridos hace 50 años…

Escuchando… pienso que la tierra habla, el perfil de la tierra habla, te comenta, te dice cosas, observas un perfil de una trinchera y se puede leer o interpretar, desde la deformación que generó un terremoto fuerte hace dos mil años o el corte de una pala mecánica o de una pala de mano o lo que fuere en una trinchera de un enterramiento clandestino. Uno ha ido adquiriendo esa capacidad a lo largo del tiempo. Hablando metafóricamente…aprendí a escuchar la tierra…

– ¿Cuál fue la motivación inicial para inclinarse hacia esta especialidad?

Comencé a trabajar en paleosismología porque me parecía que era una temática con fuerte carga social. Desde la universidad teníamos que dar una respuesta en esa temática por la situación en la región, conocer como han sido los sismos prehistóricos, cómo deberíamos prepararnos si volvieran a ocurrir, es por eso el trabajo realizado con las cartillas de prevención sísmica como tema para trabajarlo socialmente. Ahora también, con el trabajo en Geología forense, la parte humana es muy fuerte, siento que lo que hacemos es una misión humanitaria.

– ¿Cómo siguen los trabajos en La Perla desde el punto vista de la Geología forense?

En línea general los trabajos continúan en laboratorios de antropología forense como en el de genética, la etapa de excavación en campo en la Loma del Torito, por el momento, estaría concluyendo, restando completar el zarandeo y tamizado del material acopiado. Haremos como geólogos forenses, de alguna manera, actividades de control y coordinación en el sitio.

– Una tarde, al finalizar el trabajo cotidiano en La loma del Torito, encontró un resto óseo humano y lo tuvo un rato en la mano… ¿cuál fue el sentir en ese momento?

Sí, es una sensación muy fuerte en lo emocional, lo que yo estoy sintiendo en ese momento, y lo pienso así, lo siento así, es que estamos trayendo a alguien desde la oscuridad, lo estamos trayendo de nuevo a la luz, lo estamos alumbrando, como decimos nosotros en nuestra disciplina. Tenés un resto humano en la mano y lo cuidas como un tesoro. Un día estábamos trabajando y me quedé con una costilla en la mano. No me había dado cuenta de eso. Por ahí siento la mano, no sé si porque calzó de una forma, no sé qué… la sensación de que te agarraba. Es muy fuerte, muy fuerte. Podés dar muchas interpretaciones… no solamente es sacar algo, un trabajo técnico. No en mi caso. Obviamente uno lo hace con total responsabilidad, con total cuidado. Entrás al campo y es otra cosa, te cambia. No entro al campo, así como que voy a laburar[i].


[i][i] Hasta el momento, de los cientos de huesos procesados por el (EAAF), ya se han identificado los restos de veintinueve desaparecidos durante la Dictadura cívico-militar-eclesiástica argentina (1976-1983).

PERSONAS IDENTIFICADAS EN LA PERLA

De las 30 personas identificadas, 27 fueron dadas a conocer públicamente por el Juzgado Federal Nº 3 de Córdoba. Las 2 restantes tienen preservada su identidad por solicitud expresa de su familia.

Carlos Alberto D’Ambra Villares

José Nicolás Brizuela

Raúl Oscar Ceballos Cantón

Mario Alberto Nívoli Gauat

Alejandro Jorge Monjeau López

Ramiro Sergio Bustillo Rubio

Adriana María Carranza Gamberale

Cecilia María Carranza Gamberale

Oscar Omar Reyes

Eduardo Jorge Valverde Suárez

Alejandro Jerez Bodereau

Sergio Julio Tissera Pizzi

Ester Silvia del Rosario Felipe

Luis Carlos Mónaco

Nélida Noemí Moreno Maza

José Luis Goyochea Escudero

Rosa Cristina Godoy

Carlos Cayetano Cruspeire

Graciela María de los Milagros Doldán

Juan Carlos Navarro Moyano

Gilberto Néstor Lellin D’Francesco

Adrián José Ferreyra Rivero

Marta Susana Ledesma Vera de Comba

Víctor Carlos Díaz Rinero

Silvia del Valle Taborda

Edelmiro Cruz Bustos Benavides

Oscar Segura Reineri

Gustavo Daniel Torres

Nota de la Redacción: Después de publicada esta entrevista, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos de Alejandro Ernesto Jesús Jerez Boderau.

Fuente: www.oncevarascultura.com