Por Carlos Rang*
En un escenario socioeconómico complejo donde el poder adquisitivo del salario se ve fuertemente golpeado y la precarización laboral intenta naturalizarse, la clase trabajadora encuentra en la confrontación colectiva y la organización su única herramienta legítima de defensa.
No se trata meramente de conseguir porcentajes de ajuste salarial para acompañar la inflación en curso sino de cambiar la ecuación que determina la base del salario. Eso es justamente la manera concreta de cambiar la correlación de fuerzas actual para poder salir de un continuo y cada vez más degradado estado de resistencia.
Ejemplos recientes como el firme y sostenido conflicto protagonizado por los docentes del SUTEF (Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación Fueguina) en Tierra del Fuego, sumados a la histórica y estratégica combatividad de los trabajadores aceiteros en su lucha por un salario que cubra las necesidades básicas, marcan el pulso de cómo se deben construir las victorias colectivas.
El Conflicto del SUTEF: Memoria y resistencia en el fin del mundo
Para comprender la magnitud de este ejemplo, es necesario mirar de cerca lo que vivieron las escuelas públicas fueguinas. El conflicto del SUTEF no fue una medida aislada, sino una demostración profunda de organización gremial desde las bases. Tras semanas de tensión y un paro por tiempo indeterminado que se extendió durante 46 días de duro conflicto, los docentes lograron doblegar la intransigencia estatal gracias a la perseverancia y la convicción en sus objetivos.
La definición no se cimentó en acuerdos inconsultos, sino a través de una masiva y democrática participación en el Congreso Provincial de Delegadas y Delegados, precedido por asambleas en cada institución educativa donde las bases debatieron y votaron los mandatos. A pesar de las presiones y el desgaste, la voluntad colectiva se impuso:
un contundente 69% de los mandatos avaló la continuidad del plan de lucha hasta conseguir respuestas concretas, marcando el regreso a las aulas con conquistas fundamentales.
¿Qué dejó este conflicto como saldo para los docentes?
– La declaración por decreto de la emergencia salarial docente, visibilizando la urgencia del sector.
– El compromiso de una nueva Ley de Financiamiento Educativo y un plan formal de inversión y refacción de edificios escolares.
– Una agenda de trabajo abierta y permanente sobre el Salario Mínimo, Vital y Móvil, salud laboral, plantas orgánicas funcionales y la transformación educativa.
La Perseverancia como motor: El triunfo de la base organizada
La resistencia sostenida por los docentes fueguinos demuestra que la perseverancia y la claridad en los objetivos trazados son indispensables. Ninguna conquista se regala; se arrebata mediante la movilización y el convencimiento de que la unidad es inquebrantable.
Cuando un sindicato logra articular la participación activa de sus trabajadores, transformando el descontento individual en una fuerza organizada, los techos salariales impuestos por los gobiernos o las patronales empiezan a tambalear. El conflicto del SUTEF enseña que la iniciativa en la lucha no depende de salidas individuales, sino de la convicción colectiva de sostener las medidas de fuerza hasta vencer el ajuste.
En sintonía con otras luchas como la de los Aceiteros: El salario como derecho integral y la discusión del excedente.
Esta tesitura encuentra un espejo perfecto en el camino trazado por los gremios del sector aceitero, un bastión histórico de la lucha sindical en la Argentina. Los aceiteros han sabido poner en el centro de la escena la premisa fundamental de que el salario debe garantizar una vida digna, vinculándolo de forma directa a las necesidades reales de las familias y a las garantías salariales.
Sin embargo, para lograr un salario que cubra verdaderamente las necesidades elementales, lo central es poner el foco en recuperar el salario discutiendo de manera frontal la distribución del excedente económico. No se trata meramente de porcentajes de ajuste frente a la inflación, sino de disputar la porción de la riqueza que generan los trabajadores y que las patronales y los grandes grupos económicos acumulan. Modificar esta ecuación es el
único camino real para cambiar las correlaciones de fuerzas sociales en favor de las grandes mayorías.
Terminar con el internismo y la competencia entre trabajadores
Para llevar adelante esta tarea histórica, es imperativo terminar con el internismo sindical y la competencia entre trabajadores. Las divisiones intestinas, el corporativismo y la disputa estéril entre sectores u organizaciones sólo benefician a los ajustadores, debilitando el tejido obrero. La fragmentación de la clase trabajadora es el caldo de cultivo ideal para que avancen las políticas de precarización.
La unidad no es un eslogan vacío; es una necesidad estratégica de supervivencia y ofensiva.
La Salida es dolectiva: Lucha directa y organización desde abajo.
Finalmente, estas experiencias nos dejan una enseñanza política fundamental: No podemos esperar que los cambios y las soluciones vengan de arriba, ni esperar ni menos confiar exclusivamente en los tiempos electorales. Las transformaciones profundas y la defensa de nuestros derechos no se consagran en las urnas cada par de años si no se gestan por la movilización popular.
La salida es desde la organización y la lucha directa en cada lugar de trabajo, en cada fábrica, en cada escuela, en la Universidad y en cada territorio. Los ejemplos de Tierra del Fuego y de los aceiteros demuestran que allí donde los trabajadores se organizan, superan las divisiones y perseveran con un horizonte claro, la correlación de fuerzas se transforma y se abre paso la victoria.
*Miembro de la Comisión Directiva de ATE Córdoba y Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Río Cuarto