OPINIÓN
Por Marcelo Ortíz*
342 vecinos de cada 1.000 en febrero del año pasado era pobre o indigente en la ciudad de Río Cuarto, Capital Alterna de la provincia de Córdoba.
Después de la salvaje devaluación de mediados de 2018 aún no hay números. Lo que si hay historias, y no de las buenas.
De pibes desamparados, de gente sin sueños, de la droga que se mete en los barrios sin pedir permiso, de la vida que no vale nada.
El pasado 16 de junio el titular de la Policía Departamental Río Cuarto, Pedro Díaz, declaraba en los medios de comunicación que “Río Cuarto es una ciudad segura”.
Horas después se conocía la cifra alarmante de un delito cada 23 horas tras un relevamiento de la web de LV16, Radio Río Cuarto.
2019 nos recibió con 3 muertes en 4 días y febrero con un apuñalado en Barrio Limay y un pibe muerto de 14 años en la calle Colombia de Banda Norte.
La falta de oportunidades, el desamparo del Estado, de una mano amiga que nunca llega.
La realidad nos explota cotidianamente en la cara de una ciudad que a la hora de sufragar consagró esta concepción de inequidad.
*Periodista. Secretario Adjunto de la CTA Autónoma Regional Río Cuarto