Osmar Zapata, pensar desde la clase

Por Jesús Chirino*

Dirigente de ATE y CTA, hombre con un claro sentido de pertenencia a la clase trabajadora. Trabajador de la Fábrica Militar, trabajó desde importantes cargos dentro de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE-CTA), tanto a nivel local como en la órbita nacional.

Le realizamos una larga entrevista en la cual no le faltó coraje para enfrentar una visión compleja de aquello que vivió como protagonista. Con su habitual compromiso, piensa y opina acerca de procesos y situaciones que desafiaron al sector en el cual ha tenido destacada participación. También mira hacia el futuro, planteando cómo se construye la esperanza para lograr una sociedad justa.

Trabajador de la Fábrica Militar

Osmar Zapata, nació en Villa María, el 23 de octubre de 1949. Durante sus primeros años jugó en la casa paterna situada en Las Heras al 1400. A los pocos años, la familia se mudó a la calle Charcas. Fue en la Escuela San Martín, del barrio Rivadavia, donde cursó sus estudios primarios. Luego, en el Nivel Medio, pasó por el colegio Abraham Juárez donde concluyó sus estudios como químico industrial. De allí partió a un anexo de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Córdoba, “cerca del mercado sur” de la capital provincial para cursar un curso complementario.

Su estadía en esa ciudad coincidió con una tiempo efervescencia militante de obreros y estudiantes, en épocas cercanas al Cordobazo. Aunque por entonces no le otorgaba mucha importancia al tema sindical, estaba “más inclinado a pensar métodos diferentes que el sindical. Influencia de la revolución cubana, del conflicto de Vietnam” se sumó, en calidad de extrapartidario, al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

En 1970 fue convocado para cumplir con el servicio militar, cumpliendo con esa obligación en las instalaciones de la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María (Fmpyevm). “En ese momento estaban integrando gente joven con formación técnica” lo que le posibilitó, apenas cumplió con el servicio militar, ingresar como operario al establecimiento fabril. Luego, con apenas cinco meses de antigüedad, ganó por concurso el cargo de capataz en la planta de ácidos.

En la vida gremial

Su actividad laboral lo llevó a la vida sindical y no transcurrió mucho tiempo hasta que asumió como Secretario Adjunto de la Asociación de Trabajadores del Estado en Villa María, cuando Oscar “Cacho” Mengarelli ocupó la Secretaría General.

Acerca de esa experiencia dice que entendió que había que confrontar con la vieja dirigencia sindical. Así fue que primero acompañó a “Cacho” en la Mutual y luego como Adjunto en el gremio. De esa experiencia resalta que pudieron imprimirle otra dinámica democrática a la vida gremial. Señala “antes si convocaban una asamblea con veinte o veinticinco presentes, era un éxito. Con ‘Cacho’, pudimos suspender una asamblea a la cual asistieron doscientos trabajadores, para armar otra que fuera más representativa”.

Cuando se produjo el golpe de Estado, en marzo de 1976, las condiciones para la vida sindical se modificaron. Zapata estuvo en la primera tanda de trabajadores que dejaron sin trabajo a partir de aplicarles la Ley de Prescindibilidad. Cuando recuerda aquel tiempo, dice que allí aprendió que el primer derecho humano es la vida y el segundo es el derecho a tener un trabajo “sin trabajo uno no es libre”.

Pero el haber sido echado del trabajo no modificó su identidad de trabajador y es así que continuó militando y, en 1977, participó de la fundación de la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociación Trabajadores del Estado (ANUSATE). Esta organización fundada “bajo el paragüas de un sector de la Iglesia, los Pasionistas”, nació en la Casa de Nazaret, anexo de la Iglesia de la Santa Cruz (donde se reunían clandestinamente las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo) en la ciudad de Buenos Aires.

Osmar señala que “la que funda ANUSATE es la dictadura, pues es la consecuencia de que un grupo de laburantes teníamos la decisión de enfrentarla”, manifiesta que tenía la intención de “levantar una polvareda tan alta como se pudiera. Había que cambiar”, como referente nombra a Héctor Quagliaro. La organización, semiclandestina, también tuvo su manifestación en Villa María, participando Zapata, Mengarelli, “Colacho” Martínez, Sebastián Fissore, Antonio Lipe, Jorge Alamo, Luis Alvarez, entre otros.

Zapata menciona de manera especial a Bartolo “Burrito” Juárez y su señora esposa “que ponían su casa” de la calle Mariano Moreno, entre Tucumán y Mendoza, para refugiar a quien necesitara. En relación a la integración local de ANUSATE señala que “nos cuidábamos de no comprometer a los que aún trabajaban en la Fábrica Militar”.

Pensar desde la clase trabajadora

Considera que existe un “hilo conductor” que recorre las experiencias de ANUSATE, ATE (luego de la recuperación, pasada la dictadura) y la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA): En el inicio desde ANUSATE se plantearon líneas fundamentales que tenían que ver con “ganar ATE como herramienta para la representación de los estatales, y mucho más que solo los afiliados”; por otra parte “recuperar la CGT, en términos políticos, para la clase trabajadora” y también se planteaban recuperar el peronismo.

En el devenir de acontecimientos se pudo recuperar ATE, no así continuar con los otros lineamientos. En el ´84 logran ingresar como autoridades en ATE y se inicia una transformación del sindicato. Este proceso, según Zapata, llega hasta el 89 o 90 donde comienzan a mostrarse algunos primeros síntomas que plantean la necesidad de otros cambios. La llegada del Menemismo acelera el proceso y varios sindicatos se van de la CGT, que ya estaba dividida. Entonces se crea el Congreso de los Trabajadores Argentinos.

“Originalmente surge de ATE”, siendo Zapata, desde 1987, Secretario Adjunto a nivel nacional cuando Víctor De Gennaro estaba al frente del sindicato. De la conformación del Congreso… también participaron, entre otros, los docentes mediante CTERA y el gremio de los Judiciales. La idea era “crear un espacio donde organizar la fuerza de la clase trabajadora”.

Fundada la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) se piensa la redefinición de la clase trabajadora construyéndose un instrumento al servicio de ésta. Se retoman desafíos históricos pero “hubo mucha hegemonía de ATE” dentro de la Central. Todo marchó hasta que el sindicato de los estatales tuvo problemas, pero cuando comenzaron a verse señales de agotamiento del proyecto de ATE, “eso se trasladó a la CTA”.

Zapata posee una clara visión de esto y expone que cuando se entiende que existe una crisis de representación “un grupo de dirigentes decide cambiar los representantes en todos los órdenes”, otros, en cambio “pensamos que eso no alcanzaba, que lo que debía modificarse era la estructura de representación”. Quizás allí también se dio que la CTA “nacida con el objetivo de cuestionar el sistema, se había transformado en un sindicato… la función de un sindicato es, esencialmente, gremial pero no es herramienta para la acumulación de fuerza de la clase… ya no se disputaba la política”.

En pocas palabras Zapata expresa la crisis de la CTA que la llevó a una división y que aún posee manifestaciones en diferentes lugares, donde la discusión queda atrapada en lo sindical y no abarca lo político visto desde la clase.

Mirando hacia el futuro, y desde la clase trabajadora, Zapata plantea la necesidad de atender “la urgencia, el aquí y ahora, la coyuntura” pero también la importancia de vislumbrar una perspectiva de una “sociedad justa” para lo cual es necesario “modificar el sujeto social, pues con el actual no vamos a tener una sociedad diferente”.

En su casa de la calle Charcas, el hijo de Ida Róvere y el panadero Ismael, señala cómo cree que podremos alimentar la esperanza para sociedad justa.

*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar