Por Julio Fuentes*
“Manifiesto mi decisión de abandonar definitivamente esta Convención Constituyente. En cumplimiento del mandato con el que fui honrado por la mayoría del electorado de mi provincia Neuquén. Pero no debo dejar de expresar, sin embargo, mi alarma ante la desmesurada extensión de los poderes presidenciales, que hacen muy
tenue la ya tenue división de poderes. Por eso digo, señor Presidente y señores convencionales, parafraseando a un personaje argentino que mucho admiro, no quiero asistir a los funerales de la República. Alguien dijo que la historia será implacable al juzgar aciertos y errores. Yo agregaría, cuánto más implacable será con quienes han realizado una verdadera subversión en el orden constitucional. Yo no quiero, no querría caer bajo ese juicio implacable de mi Patria, aún más que de la historia”. (Fragmento del discurso del convencional constituyente por la provincia de Neuquén, Jaime Francisco De Nevares, al momento de renunciar a su banca en la Asamblea Constituyente de Santa Fe en 1994).
Este 24 de agosto, a 32 años de la sanción de la Constitución surgida de lo que conocimos como el “Pacto de Olivos”, no me queda otro recuerdo que la valentía y coherencia de don Jaime, el Obispo de Neuquén, convencional constituyente elegido por la mayoría de los neuquinos que no asistió a los funerales de la Patria. Porque de eso se trataba la Constitución del 94´ y su vergonzosa instrumentación.
Entre otras cuestiones que merecen una profunda critica, la Constitución de la Nación sancionada en el 1994 desarticuló el territorio de la República Argentina transformándolo en 24 “republiquetas”.
El artículo 124 -que da el dominio de los recursos naturales a las provincias- significa, en la práctica, poner a estados débiles a merced de los intereses de las empresas transnacionales, especialmente extractivas, y a merced también de la banca internacional. Cuando necesitábamos un país federal y democrático para enfrentar los desafíos que se venían en el mundo, el “Pacto de Olivos” y su Constitución facilitó el camino a los intereses extranjeros.

Este artículo, presentado como la máxima expresión del federalismo, no es más que la máxima expresión de la destrucción de la República Argentina. Los mismos intereses que en el siglo 19 dividieron regiones de nuestra América Latina en pequeños e impotentes estados, fragmentan a nuestro país y atentan contra toda unidad que los pueda cuestionar y enfrentar.
El federalismo es una forma de relacionarnos para conducir el país, no la destrucción y el debilitamiento del mismo.
La Constitución del 94´ nos dejó expuestos a lo que hoy padecemos: Cada Estado negociando frente a las grandes petroleras del mundo, a las mineras. Y el resultado, lo conocemos: Entre la negociación de un débil con un fuerte, nunca gana el débil.
Hoy tenemos 24 sistemas de salud, 24 sistemas educativos, 24 sistemas de controles públicos, un país desarticulado, fragmentado, y con una formalidad de Estado Nacional debilitado y cada día más ausente.
Los sectores del campo popular debemos pensar una nueva propuesta constituyente que ponga en debate a nuestra sociedad, para volver a unificarnos en una Patria que permita poner de pie los ideales de nuestros próceres, quienes soñaban con una Patria grande de justicia y libertad para nuestros pueblos.
A 30 años de la sanción de la Constitución de 1994, es importante recordar a Don Jaime, su valor y coherencia, y nuestro compromiso con la construcción de una Patria Liberada donde nuestro pueblo viva feliz.
*Presidente de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadores Estatales (CLATE)