Jorge Vernazza: Un “maldito” excluido de la historia oficial

Jorge Vernazza nace en Buenos Aires el 1 de septiembre de 1925 y muere el 21 de agosto de 1995. Estudia en el Seminario Metropolitano licenciándose en Teología. Su ordenación sacerdotal se realiza en 1951.

Pasa un tiempo en la Diócesis de Reconquista regresando a su ciudad natal para asumir un cargo en el Seminario Mayor. Hasta aquí nada que resulte llamativo para ser considerado un “maldito”, silenciado de nuestra historia.
Pero el padre Vernazza no elige la cómoda carrera eclesiástica que se le presenta como natural, sino que opta por involucrarse y comprometerse con la injusta realidad social que atraviesa el país y las luchas por la liberación que comienzan a gestarse.
En el contexto de radicalización de algunos sectores de la Iglesia Católica, trabaja junto a los más pobres de la Ciudad de Buenos Aires desde su lugar de párroco de San Francisco Solano, en el barrio de Mataderos.
“El Padre Jorge Vernazza llegó a la villa en 1968, vivía en una casilla, tenía una carpintería y daba misas y cursos y en 1971 empezó a funcionar la guardería”, recuerda Rodolfo Ricciardelli, otro sacerdote del tercer mundo. Junto a Ricciardelli y Héctor Botán forma parte del Secretariado General del “Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo” (MSTM) desde su fundación en 1968.
En el primer encuentro de MSTM realizado en Córdoba se analiza la situación de las distintas regiones del país y de las villas de emergencia de Buenos Aires. Estos tres sacerdotes, denuncian atropellos policiales y el Plan de Erradicación de Villas Miseria llevado adelante por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En 1972 integra, junto a Carlos Mugica, la comisión que acompaña a Juan Domingo Perón en su regreso a la Argentina. Ambos sacerdotes habían sido compañeros en el seminario de Villa Devoto.
En los años ’73 y ’74, en la parroquia San Francisco Solano, Mugica desempeñaba sus tareas pastorales como vicario. Carlos es asesinado el 11 de mayo de 1974 en la puerta de esta parroquia mientras Vernazza estaba en la sacristía: al escuchar los disparos se acerca al sacerdote acribillado y lo acompaña al hospital donde finalmente muere.
Bajo el terrorismo de Estado en 1978 se inicia un nuevo Plan de Erradicación de Villas Miseria, donde las topadoras enviadas por el Intendente Cacciatore disminuyen el número de viviendas de 5600 a 30. Los relatos de los habitantes son desgarradores: con total impunidad se destruía las viviendas con las pocas pertenencias que las familias tenían. Eran trasladados a la fuerza dispersando a las comunidades a diferentes sitios de la provincia de Buenos Aires, con la promesa de otorgarles viviendas definitivas.
En respuesta a este avasallamiento de los derechos de los villeros a fines de este mismo año –junto al Equipo de Pastoral para Villas de Emergencia de la Arquidiócesis de Buenos Aires- publica un documento denunciando el accionar represivo llamado “Informe sobre la situación en las villas de emergencia”.
Continuando con la denuncia a los responsables de tales actos de avasallamiento de los derechos humanos, realiza junto a otros sacerdotes (Miguel Ángel Valle y Héctor Botán de Villa Lugano, Daniel de la Sierra de Barracas, Rodolfo Ricciardelli de Bajo Flores, Jorge Meisegeier de Retiro y Pedro Lephille de Mataderos) un informe llamado “La verdad sobre la erradicación de las villas de emergencia del ámbito de la Capital Federal”. El mismo se publica en octubre de 1980. Hacía tiempo que la pastoral villera venía intentando la intervención en el conflicto del arzobispado, pero solo obtenía recomendaciones de prudencia.
En esta coyuntura, ayuda a los vecinos de la Villa 1-11-14 (Barrio Rivadavia) en la presentación de un recurso de amparo de 87 familias que fueron intimadas a abandonar su vivienda por el Plan de Erradicación antes nombrado.
Por otra parte, junto a Ricciardelli, convoca a los laicos católicos a conformar una comunidad de apoyo “Madre del Pueblo”, reuniendo a economistas, arquitectos, ingenieros, entre otros. Formaron una Cooperativa destinada a la construcción de viviendas populares en los mismos lugares donde vivían las familias. La Cooperativa logra ser amparada por el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales).
Se inicia entonces, la búsqueda de terrenos para las construcciones. Encuentran un predio en San Justo (Partido de La Matanza) que pertenecía a una congregación de religiosas. Por ese entonces el obispo Carlos Carreras los desanima diciendo: “Tengo entendido que las cooperativas son un invento comunista. Además ¿cómo van a traer gente pobre y villeros a un terreno lindero con un convento de monjas contemplativas, rodeado de hogares de gente de bien?” (testimonio citado en Iglesia y Dictadura, de E. Mignone).
Los terrenos en cuestión son finalmente adquiridos en febrero de 1979 con los aportes de los socios. Las construcciones comienzan en septiembre de ese mismo año dando origen al Barrio Luján, terminado en 1981. La cooperativa se pone en marcha financiada por una fundación holandesa. El Ingeniero Osvaldo Oriolo coordina estas primeras obras construidas bajo el sistema de autogestión. En la actualidad a pesar de haber surgido en condiciones tan precarias aún continúa funcionando y lleva más de 1500 viviendas levantadas. “Trabajábamos los fines de semana y los días feriados, sin descanso –recuerda Martín Alberna, poblador del barrio Madre del Pueblo de Merlo- todos teníamos el sueño de la casita de material. El que más trabajaba, tenía derecho a elegir primero”.
En el ’83 consiguieron el terreno para hacer el barrio San José Obrero en la Matanza, pero como debían construir más de 500 viviendas cambiaron la metodología de la autoconstrucción por un plan de lotes con servicios, por el cual se realizaba el trazado y la instalación de los servicios (agua y luz), luego la familia se ocupaba de la construcción cumpliendo plazos convenidos con antelación.
Se levantan los barrios Nuestra Señora de Luján, en San Justo; Madre del Pueblo, en Merlo; San José Obrero, en Laferrere; San Cayetano 1 y San Cayetano 2, en Rafael Castillo y se inicia con los trabajos en Virrey del Pino.
Jorge Vernazza siempre le otorgó gran importancia a la reflexión de la historia de las luchas de la Iglesia junto al pueblo. Por esto realiza una compilación de textos sobre la vida del sacerdote Carlos Mugica, (Padre Mugica, una vida para el pueblo, publicado en 1984). También publica en 1989 “Para comprender una vida con los pobres: los curas villeros”.
En el final de su vida se desempeña como párroco en Parque Patricios, en Nuestra Señora de Caacupé (Barracas, Villa 21-24). Muere el 21 de agosto de 1995.
(M. Espasande, Los Malditos, vol. IV, pág. 370, ed. Madres de Plaza de Mayo)
Fuente: Pensamiento Discepoleano Bis