“Ojitos Felices”: Un nuevo Merendero del MAP-CTA Río Cuarto en el fondo del Alberdi

Tiene tan sólo un mes de funcionamiento y ya concurren más de 40 niños y niñas del Barrio Alberdi de Río Cuarto. Por la gran necesidad han tenido que ampliar la casa y dar también el almuerzo los fines de semana.

Por Verónica Franco

Entre Pedro Goyena y Rafael Obligado hay un pasaje, una calle alta de tierra y arena. A pocas cuadras de donde el colectivo de linea 1 termina su recorrido y vuelve al centro está “Ojitos Felices”, el ultimo Merendero alentado por CTA Autónoma y cobijado bajo la red de trabajo barrial que compone el MAP-FeNaT Río Cuarto.

“Tenemos cuarenta niños de lunes a viernes tomando la leche y sábado y domingo la comida, también cuarenta y tres niños porque siempre se agregan de afuera” explica Rosa (27), la dueña de la casa donde funciona “Ojitos”.

Como los demás merenderos, “Ojitos Felices” surgió en el seno de una familia joven, quienes dan la merienda y consiguen los insumos son mujeres que sufren la necesidad en sus barrios: “Poco o mucho pero hacemos, el sábado hicimos y no nos alcanzó porque no tenemos mucha mercadería ni carne para hacerle a los chicos así que cada uno comió un poquito y se fue contento a su casa”, dice Rosa.

-¿Como comenzó el Merendero?

Lo abrimos el 5 de abril por la CTA Autónoma porque había muy muchos chicos acá en el Barrio Alberdi.. acá en el fondo. Primero empecé a dar la copita, la leche y ahora empezamos a dar la comida los sábados. Yo que soy la dueña de la casa hago el trabajo y, aparte, vienen dos chicas, mi cuñada (Rocío) y una amiga de la familia (Mayra), que vienen a ayudarme pero sino estoy sola.

La casa de Rosa es pequeña y resalta entre las otras por el griterío de los niños, y un amplio frente con montañas de arena. Su pareja (47) trabaja de lunes a lunes con el carro, lleva y trae arena para vender. Sale hasta seis veces al día y junta unos tres mil pesos. Ella hace veinte años que vive en el barrio, él se sumó hace diez. Por la puerta no paran de entrar y salir vecinos, parientes, amigos. Se toman un mate dulce y siguen camino.

Rosa cuenta que antes trabajaba con su marido en el carro, hasta que salió la idea de armar la copita. Las trabajadoras del Merendero explican que los niños se mudaron de otro Merendero porque la mayoría de los chicos no querían ir más por malos tratos por parte de la dueña del lugar. “Cuando hacían la fiestita del Día del Niño les daban solo a los de la copita, a los demás no les daban nada”, dice Mayra (24). “Cuando yo abrí el Merendero se vinieron todos para acá”, aporta Rosa.

Los niños del barrio salen de clases a la tarde y se van al Merendero. Asisten a las escuelas Eva Duarte y Mariano Moreno, donde almuerzan en el PAICOR los días de semana. “Los chicos todavía no se dieron cuenta de que hay una copita acá porque no hemos puesto cartel”, aporta Rocío (27).  “El sábado hicimos el comedor y acá no se podía entrar porque eran más de cuarenta chicos. Y la comida no nos alcanzó”, agrega.

-¿Qué actividades les gustaría que se realicen en el merendero?

-Rocío: Estamos viendo si pueden venir a dar clases de ayuda escolar particular y armar un equipo de fútbol para los chicos también. Estamos esperando que se termine de levantar las paredes. También estamos viendo como podemos hacer para conseguir algo como cuadernos para enseñarles algo. El otro día que estuvo feo nos pusimos a jugar al ta-te-ti, a los chicos que no sabían leer les enseñamos, a los que están en primero y segundo, las sumas.

Al frente de la casa se ven unas hileras de ladrillos, como si estuvieran agrandando la casa.

-Rosa: Sacamos un préstamo para comprar los ladrillos y el portland. Lo único que nos falta son las chapas ahora. Yo lo empecé a construir ahora cuando abrí la copita porque no sabíamos. Lo que pasa es que no entran, los días que está lindo les damos afuera pero los días que está feo no entran. Lo que nosotros íbamos a hacer con la plata del préstamo era comprar más caballos y una chatita para el trabajo. Y por ahora no teníamos previsto y él empezó a ver el tema de los chicos que no entraban. Acá nos andamos chocando. El domingo arrancamos a agrandar.

-¿Cómo vieron la apertura del Merendero en el barrio?

-Lo que pasa es que nosotros no tenemos mucho diálogo con los vecinos, porque más que todo nosotros lo hacemos por los niños. Nosotros les tomamos los datos para tener en cuenta cuantos eran, pero ninguna mamá se ha acercado a hablar. Cuando hicieron la inauguración de acá todas las madres dijeron “que bueno Rosa ahora los chicos no van a estar tanto en la calle”. Nosotros lo hacemos de corazón. Yo vivo metida acá adentro.

Rosa, Mayra y Rocío comparten desde el trabajo en el Merendero hasta los puchos. En una primera charla se vislumbran sus pasiones. Rocío quiere jugar al fútbol y Rosa ser policía. “Había un curso de auxiliar de farmacia -lo daban en uno de los colegios del barrio- pero era muy tarde y por los nenes se complica”, explica por su parte Mayra.

“Ojitos Felices” tiene una Fan Page en Facebook que usan para pedir la colaboración de la gente. “Por ahí nosotros publicamos para pedir y se piensan que lo hacemos por interés, ellos se piensan que nos pagan para hacer esto y no es así. Cuando recién abrimos subimos fotos para que nos ayudaran con las cosas del té y publicamos y los del facebook nos pusieron andan pidiendo y tienen antena de DirecTV, nos empezaron a decir boludeses. Pero otros nos ayudaron”, cuenta Rosa.