Sergio Castro: Historia y pedagogía en su obra

Por Jesús Chirino*

Profesor de Historia y cantautor, por muchos años vivió en la Patagonia, hace un tiempo regresó a Villa María, su ciudad natal. Cuenta con una extensa obra que incluye las canciones que pueden escucharse en las distintas aplicaciones virtuales para reproducir música.

Varias de sus composiciones se hicieron populares mediante la interpretación de artistas como Rubén Patagonia, La Bruja Salguero y Bruno Arias, entre otros. Aquí recorro parte de su obra musical, que puede encontrarse en las referidas aplicaciones, para advertir algunos detalles de la misma que refiere, desde lo poético/musical, diferentes momentos históricos del país.

Las huelgas del sur

La obra de Sergio Castro aborda una diversidad de temáticas, trata diferentes problemáticas y pone en escena a personajes que van más allá de sus individualidades al representar a quienes desarrollan sus vidas en un sector social del cual el autor da claras señales en los textos. En este escrito elijo dejar de lado las implicancias de los ritmos musicales.

Quizás, lo primero que surge, es la fuerte vinculación que el territorio poético de Castro mantiene con la historicidad de la realidad social argentina. Relacionado con este punto resalta, entre otras, la obra conceptual denominada  “Cantata Patagonia de Fuego” que compuso tomando como base los cuatro tomos de “Los Vengadores de la Patagonia Trágica” del historiador y escritor Osvaldo Bayer. En ese material, el villamariense luce como autor musicalizando su decir poético acerca de las primeras huelgas rurales de Argentina, en cuya represión fueron asesinados 1.500 trabajadores rurales. Ese movimiento se produjo durante el primer gobierno elegido por el voto popular, del radical Hipólito Yrigoyen.

Castro no se limitó a componer canciones con lo escrito por Bayer, sino que agregó valor a esa historia. Es así que, entre otras cuestiones, sin alejarse de lo poético, expone ideas pedagógicas. En “Viento del sur”, luego de hablar de la memoria, dice “vamos a aprender desde el corazón, algunas lecciones para amar la paz”. Deja explícito un sentido de la obra, relacionado con el aprendizaje y la memoria, que va más allá del límite de la racionalidad. Queda expuesta la movilidad afectiva como algo necesario para la producción del aprendizaje.

Pedagogía de la pregunta

Las canciones no están construidas en un laboratorio aséptico, sino que han sido facturadas desde una escala de valores que, muchas veces, llevan a un lugar de incomodidad. En “Yo pregunto” manifiesta “aunque duela saber lo que aquí sucedió, yo pregunto lo que haya que preguntar. Un campesino muere en Santa Cruz ¿Quién lo ha matado? ¿En nombre de qué?… Viva la huelga, hay que resistir. No tiren, hay niños aquí”. En esta canción Castro hace un interesante ejercicio, abandona la narración e interroga, apostando a que el oyente participe en la construcción de la respuesta. Luego genera empatía con los huelguistas y regresa lo de “aprender con el corazón”.

En “Espérame mujer” profundiza y permite escuchar la voz de un huelguista: “me tengo que ir, me encuentran culpable mujer, qué van a saber, ese comisario y el juez, que uno se cansa, del viento que sopla al revés”.  La figura del viento, tan presente en la Patagonia, simboliza la constante adversidad a la cual la peonada le ofrece su resistencia. Pero el viento no es enemigo en la poética de Castro, por ejemplo en “Viento del sur” le pide que hable su voz “que tu memoria vuele hasta el mar” y le confiesa: “Sé que te duele recordar lo que muy pocos quieren recordar”.

La infancia

En sus canciones aparecen los niños, situados en lugares geográficos y en momentos históricos determinados de nuestra sociedad. Así, en “Bajo el cielo un niño” refiere a un menor que está en medio de las puebladas que se produjeron en Cutral Có y Plaza Huincul como protesta ante las políticas neoliberales llevadas adelante por el gobierno peronista encabezado por Carlos Saúl Menem. La canción dice “hay un niño a la intemperie, en la ruta 22, mirando con inocencia, lo que no puede entender”. Más adelante agrega “hay un niño que porta espera”. Ese niño simboliza la infancia que aparece en el tema “Cutral Có” cuando canta “me han contado que una vez, esta tierra floreció, primaveras de niñez, fertilidad, petróleo y pan, petróleo y paz”. En esa misma canción dice “Pero está tan frío en Cutral Có, como en el resto del país, las noticias dicen que es de norte a sur, de latitud a latitud”, en clara alusión a que las políticas neoliberales castigaban todo el territorio nacional.

En “La ciudad de los chicos” vuelve a aparecer la infancia, esos niños que Castro a “… visto dormir con la luna entre sus brazos, soñar con barriletes de color, jugar de marineros en los charcos, trepados a su inocencia…”, pero luego descubre con una “esperanza de moneda” y se pregunta “con qué chicos de la calle la ciudad se acuesta y sueña”.

Son chicos que trabajan en las esquinas. Algunos crecen y siguen en esos lugares. En “El gigante Pira” le canta a un adulto, recordado personaje de la ciudad, que vendía frutas en las esquinas: “… el gigante Pira vende mandarinas, se asoma en cada ventanilla y te regala su verdad con su afonía, el semáforo, su amigo, en la calle, el mejor libro, y este invierno que no puede con el sol de su silbido”.

La herida del neoliberalismo de los 90

Así como aparece la figura del trabajador que lucha en las huelgas patagónicas, Castro también se mete con la del trabajador que en los 90, privatizaciones mediantes, fue dejado sin trabajo. Un ejemplo claro es la canción “El Ypefiano”, en la cual habla un trabajador de un yacimiento de YPF al ser privatizada: “Nadie me preguntó si yo quería, nadie me preguntó si era mejor, a nadie le importó lo que yo creía. Todo lo que había dado mi corazón…”. Pone en funcionamiento el pozo,  vuelve a poner el cartel en el yacimiento “orgullo de un Ypefiano que un día vio cómo se llevaban todo sin remordimiento, cómo nos dejaban a la buena de Dios”.

Acerca de las privatizaciones y las políticas neoliberales del menemismo vuelve a ocuparse otros temas como es el caso de “Quién va a pagar”. Allí pregunta acerca de las consecuencias de esas políticas, entre otras cosas dice: “Pero, pero quién va a pagar lo vendido de más”. También denuncia el discurso único y las consecuencias del deterioro de lo público: “Hablan de salvar nuestra dignidad, que el camino es uno, no se puede torcer. Un niño se muere y no sabe por qué. Trabajas por veinte y te pagan por diez…”.

Aunque para la extensión de esta nota resulta muy vasta la obra de Sergio Castro y la posibilidad de avanzar en su análisis, he considerado importante mencionar algunos aspectos de la misma. Quedan por fuera mucho más de lo incluido aquí, pero alcanza para recordar el valor de la producción de este artista villamariense. Más allá de la variedad de emociones en las cuales nos sumerge la obra musical de este cantautor, las temáticas que tratan sus letras adquieren una nueva dimensión ante datos de la realidad actual, como lo son el procesamiento judicial de dirigentes y activistas gremiales en nuestra provincia y la reivindicación, por parte de un candidato presidencial, de las políticas neoliberales de los años 90.

*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar