Estamos en dificultades

Por Marta Maffei*

La derecha en el gobierno pretendió vendernos el discurso del capitalismo serio mientras le abría las puertas al saqueo más cruel y letal que hayamos conocido. Empezando por la fertilidad de nuestros territorios, siguiendo por el gas y el petróleo, pasando por el arrasamiento de los mares, los incendios y desmontes, los minerales, las tierras raras, el litio, expulsando comunidades, empobreciendo pueblos, explotando y precarizando trabajadores como nunca, destruyendo la industria posible, endeudándonos y entregándonos finalmente al enojo, a la bronca, legitimados, que desembocaron en el fascismo pacientemente construido por la ultraderecha local.

No hicieron nada para trabajar consensos ni para alentar el protagonismo social como antídoto indispensable para un tiempo social, político y ecológico al borde del colapso que seguirá sumando escasez, violencia y desamparo, como ha sido siempre que nos entregamos a los cantos de sirena de la derecha recalcitrante que nunca dejó de conspirar,
especular y acumular.

Ahora se irá este sector de la casta disfrazado de peronista, sin duda bien pertrechado, abriéndole el camino al ajuste y la represión como pretendido remedio al “caos social”. Porque la culpa está en el reclamo, en el piquete, en las asambleas que demandan justicia, equidad, derechos, prevención, adaptación justa al desastre promovido por el
gobierno de facto empresario que pone títeres políticos para enmascarar responsabilidades.

Sin duda, estamos en dificultades. Pero nuestro pueblo no es tonto.

Para empezar, nos tenemos que cuidar. Tenemos que aprender o reaprender a hacerlo. Reconstruir solidaridades, afecto, comprensión, especialmente para quienes creyeron que optar por el mal mayor o el menor, nos pondría
a salvo.

La inminencia del colapso exige cambios culturales sustantivos y acelerados. Vamos a tener que reconstruirnos sabiendo que la idea de desarrollo como sinónimo de crecimiento y trabajo, era una mentira que solo prolongó el
sometimiento y pintó el panorama del consumo como progreso, mientras nos saqueaban todo.

Tenemos que decir la verdad sin maquillaje y sin resignación. El “no hay nada que podamos hacer” no es para nosotros. No podemos mentirnos, el colapso exige sobriedad y decrecimiento. El lujo es una especie de morfina que siempre demanda más, destruye más, excluye más.

No podemos consumir el planeta como si hubiera otro. Por sobre todo tenemos que forzarnos a hacer, no vamos a ser espectadores del desastre. Ya no tendremos que convencer a nadie, como dice Flavia Broffoni, solo tenemos que inspirar y que infundirnos coraje. Ayudar a ver por fuera de los medios hegemónicos. Articular resistencia de furias con la construcción de colectivos socialmente trascendentes capaces de ver la raíz común de los problemas que percibimos como diversos.

Y por sobre todo defender la vida, las vidas. La competencia en la escasez suele ser brutal.

*Ex Secretaria General de CTERA. Ex Secretaria Adjunta de la CTA. Diputada Nacional (MC). Militante socio-ambiental