Según un estudio presentado por el Consejo Económico y Social de Río Cuarto el 29,11% de las familias de la ciudad no tienen vivienda propia y 1500 familias viven en situación de hacinamiento. De ese total el 23,26% alquila, el 5,43 por ciento reside en una casa prestada y el 0,42% ocupa alguna unidad habitacional. Alejandro Somaré, Secretario de Organización de la CTA Autónoma Regional Río Cuarto, expresó que estos números no sorprenden y señaló la falta de políticas públicas de acceso a la vivienda social.
Por Verónica Franco
La investigación sobre la problemática del hábitat en la ciudad fue presentada en la sede local de la Universidad de Mendoza en el marco de una charla-debate con docentes y alumnos de la correspondiente Facultad de Arquitectura. Alejandro Somaré, miembro del Consejo Económico y Social en representación de la Central, formó parte del panel para “tratar de completar y ver cómo se expresan en la realidad los datos de ese estudio”.
Somaré expresó que la problemática de la falta de vivienda tiene consecuencias importantes en la dignidad y calidad de vida de los riocuartenses, y que aumenta el hacinamiento. Hay cada vez más personas que viven en menos metros cuadrados.
-¿Qué balance hacen desde CTA-A sobre los porcentajes del estudio?
– El balance es que no sorprenden los números. Es una realidad que nosotros la vemos, nada más que ahora está cuantificada. Sorprende un poco el tema del nivel de hacinamiento. Hay mil quinientas familias que viven hacinadas, es decir que hay más de siete habitantes en una vivienda. Mil quinientos familias que viven hacinadas, pero eso no sería tan sorprendente sino que el dato nuevo es que un treinta por ciento de esas familias no son propietarios, quiere decir que pagan para vivir de manera no digna, de manera muy austera, y de alguna forma sin tener cada uno su espacio.
Aseguró que el hacinamiento es consecuencia de no tener otra oportunidad para desarrollar la vida debido a la crisis económica y la falta de políticas del Estado para procurar el financiamiento y acceso a la vivienda de estas familias.
“Una cuestión que remarcamos fue la falta de tierra para vivir. Si bien Atilio Lunardi – presidente de la Cámara de la Construcción de Río Cuarto – planteó que los municipios no son los que tendrían que resolver esa problemática porque no tienen recursos para la construcción de viviendas, nosotros hicimos hincapié en que sí deben hacerlo, los municipios son los que deberían destinar terrenos en condiciones de ser edificados. O sea, con calles abiertas, con servicios como agua, luz, servicios fundamentales. Es un rol del Estado Municipal”, agregó Somaré.
Por otro lado, remarcó que las personas que no tienen trabajo formal no pueden acceder a créditos, ni garantías, ni financiamiento para construir sus viviendas y que la situación se hace más preocupante teniendo en cuenta que en Río Cuarto el empleo en negro llega a casi el 40 por ciento: “No hay políticas de vivienda, el Estado no se hace cargo, ni tampoco dispone, ni plantea ninguna solución en cuanto al financiamiento de las viviendas. Me refiero a que no hay créditos o los créditos que hay son accesibles para muy pocos. La vivienda no es un un bien de cambio no es un bien de especulación sino que es un bien social y básicamente tiene que ser de calidad y digna”, agregó.
Somaré trabaja hace años en el área de logística del Movimiento de Acción Popular (MAP-CTA) de Río Cuarto, por lo que su andar en los barrios repartiendo en comedores y merenderos insumos y donaciones lo hace un testigo clave de la realidad de pobreza, hambre y miseria que campea en la periferia de la ciudad.
-¿En qué condiciones se encuentran las viviendas en los barrios más pobres?
– En líneas generales son viviendas que se han construido sin planificación. Como consecuencia grave de eso tenemos una sumatoria de espacios que se pueden usar de manera óptima, por su distribución. La distribución ya arranca con problemas, y otro problema de la no planificación muchas veces es el nivel donde se concluye la vivienda. Algunas están por debajo del nivel de la calle, lo que implica que seguramente se inundan. En tercer lugar las condiciones de ventilación y asoleamiento no son las mejores y por último son viviendas con un nivel de terminación muy primario o sea que no llevan el revoque y no tienen piso.
Somaré señaló que hay un montón de carencias en cuanto a la vivienda y que son lógicas: “Muchas son viviendas producto de compañeros que cómo pueden tratan de solucionar el problema de tener un techo, pero difícilmente llegan al acceso a viviendas dignas”, concluyó.