Apedrearon la Municipalidad de Villa María en 1935

Por Jesús Chirino*

Protesta vecinal

El viernes 12 abril de 1935, el diario santafecino “El Orden” encabezó su portada con una noticia impactante. A todo ancho de página el título dice “Apedrearon la Municipalidad de Villa María – Córdoba”. El artículo reproduce el informe que, el día anterior, fue remitido desde el lugar de los hechos. Allí se decía que desde hacía tiempo “los vecinos de esta localidad estaban protestando por la forma de pago concertado por la Municipalidad y la empresa constructora del pavimento”. Durante la noche del jueves se realizó “un mitín de vecinos en una plaza pública”. Luego del intercambio de opiniones entre vecinos, “la manifestación se dirigió hacia la Municipalidad, apedreando el edificio y debiendo intervenir la Policía para sofocar la agresión, resultando dos agentes heridos de cierta gravedad”. El diario santafecino señaló que fue “necesario pedir refuerzos de policías a la ciudad de Córdoba”.

Para entonces la confrontación entre la intendencia local, a cargo de Parajón Ortiz, y los vecinos, llevaba un tiempo. Estos últimos se quejaban de la metodología usada para concretar la pavimentación de algunas cuadras en las calles céntricas de la ciudad, y el intendente intentaba desprestigiarlos, tildándolos de anti-progresistas, pero se negaba a discutir las razones que esgrimían los vecinos para sostener que la obra no estaba bien encarada. Eugenio Parajón Ortiz era un político mendocino de origen radical, que en 1931 se retiró de la posición abstencionista de su partido que luchaba contra el fraude electoral.

Los opositores no eran “anti-progreso”

Luego que la ciudad tuviera diferentes propuestas de pavimentos, con diferentes materiales, mediante ordenanza municipal se dispuso que las calles se pavimentaran con “hormigón armado” y los bulevares con asfalto. El proyecto recibió una fuerte oposición, al punto tal que la intendencia pidió la intervención de técnicos del Gobierno provincial para que se expidieran acerca del proceso licitatorio. Los técnicos provinciales terminaron presentando varias observaciones, las que luego serían tomadas como argumentos por parte de la oposición política local, expresada en una Comisión de Vecinos. Es decir que aquellos que el intendente tildaba como anti-progreso tenían argumentos para sostener su oposición al proyecto del municipio.

Frente a ese nuevo panorama, el 15 de agosto de 1935, Parajón Ortiz realizó otro  proyecto de ordenanza para la licitación de la pavimentación. Era una norma legal destinada a reemplazar la que anteriormente había sufrido las referidas observaciones. Pero la nueva norma legal no logró que disminuyeran las críticas y, el 29 de agosto, el Centro de Comerciantes Minoristas se retiró de la Comisión de Vecinos que evaluaba las características del proceso, manifestando que directamente se oponía a la obra. Otros sectores directamente continuaron con su oposición a la manera que estaba planificada la obra de pavimentación, según estipulaba la nueva ordenanza.

Con tal de hacer, para el intendente no importaba la manera

El 16 de octubre de 1935, el intendente pronunció su mensaje ante el Concejo Deliberante, allí manifestó que la obra ya estaba concesionada. Todo se había realizado según lo establecido por la Ordenanza 443 y, según señaló el titular del Poder Ejecutivo Municipal, luego de cotejar las distintas ofertas se consideró “más conveniente la propuesta presentada por la firma Rosello y Fresone”. Pero esta empresa no proponía pavimentar con hormigón armado, sino en “concreto asfáltico a mezcla en frío”. Por su parte, la oficina municipal de Obras Públicas había manifestado que era necesario adoptar una variante de construcción diferente a la ofrecida por Rosello y Fresone, pero igual recomendaba a esa firma constructora y se desligaba de evaluar si la misma era solvente.

Parajón Ortiz puso a consideración del Concejo la adjudicación de la obra tal cual lo proponía la firma comercial y, aprobada la misma, el 28 de octubre se firmó el contrato, iniciándose las obras de manera inmediata. La intendencia municipal, mediante un decreto fechado el 2 de marzo de 1935, dispuso que la dirección técnica de la pavimentación estuviera a cargo del ingeniero y arquitecto Francisco Salamone.

Hacer, pero de manera costosa

Los trabajos tuvieron inicio en la calle Buenos Aires y el 10 de diciembre se inauguró la primera cuadra pavimentada de Villa María, que es la que está en la referida calle, entre San Martín y General Paz hasta Hipólito Irigoyen y Leandro N. Alem. No pocos hablaron de que llegaba el progreso a Villa María y denostaban las que consideraban infundadas críticas. A quienes se habían opuesto a la obra, los acusaron de “poner palos en la rueda”, en la marcha del progreso.

De esa manera, el poder político de turno celebraba haber concretado una obra cuya planificación recibió crítica y, a la vez, se presentaba con capacidad de hacer sin importarle la opinión de los vecinos y los técnicos que habían advertido acerca de diferentes aspectos del emprendimiento. Para entonces, el intendente Parajón Ortiz estaba terminando su mandato, iniciado en 1932, y, desde el mes de noviembre, se sabía que el próximo intendente municipal sería Emilio Seydell. Este era un radical que ganó las elecciones contando con el apoyo del sabattinismo.

En plena década infame, las autoridades salientes en la provincia no quisieron aceptar el dictamen de las urnas y no dejaron que Sabattini asumiera el cargo sino hasta marzo de 1936. En Villa María, Parajón Ortiz dejó la intendencia apenas nació el año´36. Pero no lo dejaron asumir a Seydell, Juan A. Blanco fue intendente interino y aprobó la transferencia de derechos y obligaciones adquiridos por la empresa Rosello Fresone, constructora del pavimento, a la firma J. Basso Aguirre. El 16 de mayo, estando Seydell a cargo de la intendencia, fue anulada esa transferencia.

Hasta ese momento se llevaban construidos poco más de 31.000 metros cuadrados, la licitación preveía 80 cuadras de pavimento. Es decir que faltaba bastante para completar lo previsto. En relación al costo de la obra, el historiador Bernardino Calvo sostuvo que la pavimentación de las calles de Villa María  se pagó un poco más del doble de lo abonado en Bell Ville y Marcos Juárez.

No alcanza con hacer

En 1943, Salomón Deiver, en una carta a un concejal de la ciudad de Mendoza, escribió acerca del pavimento en Villa María. Entre otros conceptos dice “escasamente cinco años lleva, señor concejal, el pavimento en esta ciudad, se pagó $28,80 M/N por el metro cuadrado”. Al referirse al estado del pavimento, señala que “no hay nada”, increíblemente el pavimento se había destruido.  Deiver agregó “y, como en el momento de su construcción tuvo un origen turbio la licitación, el intendente y concejales de aquella época, por obras similares a esta, fueron todos a la cárcel; o sea, los siete concejales y el intendente, liberándose uno por cuanto se encuentra prófugo”.

Aquel pavimento tuvo importantes fallas técnicas en cuanto a su construcción, lo que hizo que durara muy poco tiempo, cuestión que terminó dándole la razón a quienes se opusieron a que se construyera de esa manera. Otra cosa que fue muy criticada por los vecinos fue el costo de la obra, y en eso también tuvieron razón, pues la misma terminó endeudando a los frentistas que por años estuvieron pagándole a Juan Basso Aguirre ese “simulacro de pavimento”, tal cual lo calificó Deiver. Por otra parte, a obreros que trabajaron en la pavimentación se les pagaron sueldos miserables y en 1935, junto a los trabajadores de otras construcciones municipales, protagonizaron una sangrienta huelga demandando mejoras. Esa fallida obra de pavimentación dejó en claro que no alcanza con que el poder político haga obra, sino que deben ser bien realizadas.

*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar