Por Carlos Rang*
Las organizaciones de trabajadores debemos responder con medidas contundentes. Lo que el Gobierno no pudo imponer por el mega DNU y la Ley Bases; lo oficializó por Decreto.
La pérdida de derechos laborales consagrados, la flexibilización y la máxima precarización echan por tierra conquistas históricas arrancadas por la lucha de la clase trabajadora y sus organizaciones. Esta Reforma Laboral apunta directamente contra los intereses de la clase trabajadora.
Retrocede en temas sensibles como las indemnizaciones, el período de prueba, la criminalización de la protesta, entre otros, medidas todas que las coorporaciones necesitan para sostener la ganancias, disciplinar a nuestra clase, donde más de 52 por ciento es pobre y más del 18 por ciento es indigente.
Esta política del Gobierno solo garantiza la entrega de la soberanía, el desguace y la primarización total de nuestro país.
Ya no alcanza con acciones aisladas y sectoriales, igual de insuficiente resulta el mero acompañamiento declamativo y simbólico de las luchas de cada uno de los sectores.
Es tiempo de construcción, desde abajo hacia arriba, de la periferia al centro, de la gran Huelga General Nacional que centralice al conjunto de todas las luchas contras las políticas del Gobierno neocolonial y de ocupación dirigido por el imperialismo global.
*Docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Integrante del Grupo de Trabajo China-CLACSO. Delegado Gremial de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTAA) en la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF). Vocal del Consejo Directivo Provincial (CDP) de ATE Córdoba