Por Carlos Rang*
Hace 24 años, el pueblo argentino salía a la calle para decir basta, una vez más en la historia se salía a enfrentar el saqueo del capital financiero mundial que imponían el plan del Consenso de Washington ejecutado por el imperialismo en Nuestramérica (ajuste brutal y achique del gasto público, miseria y hambre en nuestro pueblo).
El diciembre rebelde fue un hito de nuestra historia de luchas, que marcó un nuevo punto de inflexión en el proceso político, económico y social de la Argentina.
Este acontecimiento nos deja aprendizajes y reflexiones…
Lo primero es observar concretamente lo que somos capaces de hacer, como Pueblo, donde nuestra clase con su acción es la que inclina la balanza para un lado o para el otro.
Aparecen las preguntas sobre qué nos faltó, qué capacidades no tuvimos en ese momento…
Se torna evidente la falta de cuadros y de organización para la construcción de una fuerza social acaudillada por nuestra clase obrera, con capacidad de transformación real, para que los cambios fueran más profundos y permanecieran en el tiempo para la transición de la soberanía popular y el poder en nuestras manos.
El 19 de diciembre de 2001 el presidente De la Rúa dictó el Decreto 1678/2001 declarando el Estado de Sitio en todo el país (medida que se tomó como consecuencia de los levantamientos populares, saqueos y cortes de rutas que se venían produciendo desde hacía ya varios días y que recrudecieron ese día). La norma lleva también las firmas del entonces Jefe de Gabinete Chrystian Colombo y el Ministro del Interior Ramón Mestre.
Inmediatamente después del mensaje del Presidente De la Rúa en cadena nacional, en la noche del 19 de diciembre, se desató una protesta haciendo sonar cacerolas en todas partes del país y una multitud se concentró en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de gobierno.
El diciembre rebelde solo alcanzó para poner un poco de freno a los monopolios financieros y la extranjerización de activos con fuga y reprimarización de la economía, que nos habían impuesto desde la derrota del campo popular en el 1975- 1976 y luego la guerra de Malvinas, con la imposición de una democracia tutelada, con los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa.
La foto de aquel momento era de destrucción del conglomerado de las empresas públicas con su privatización (ferrocarriles, la luz, el gas, YPF, las jubilaciones, etc.) Plan de desindustrialización con el quiebre de fábricas nacionales y la concentración en manos de las grandes trasnacionales. El aumento de la deuda con el FMI (que se duplicó a la cifra de 122.000 millones de dólares) como mecanismo de tutelaje y pérdida de la soberanía.
En las calles se desplegaba el plan sistemático de represión, el estado desplegó todo su aparato represivo contra las manifestaciones populares que se oponían al plan de miseria, hambre y confiscación de ahorros.
El diciembre de 2001 sirvió para cerrar un poco el grifo, de forma parcial, al desguace de la Argentina y mejorar en algo las condiciones de vida.
La mañana del día jueves 20 de diciembre el Poder Ejecutivo dio la orden de desalojar la Plaza de Mayo -el acusado ex Secretario de Seguridad, Enrique Mathov, sostuvo que la orden era de “restablecer el perímetro de seguridad”-, dando paso a una represión policial que concluyó con cinco asesinados, 227 heridos y más de 300 detenidos en las áreas aledañas a la plaza.
También hubo asesinatos en distintas provincias como fue el caso de “Pocho” Lepratti en Rosario.
No quedaron al margen de la represión las Madres de Plaza de Mayo que ese día se encontraban haciendo la ronda histórica que realizan cada jueves desde 1977.
Las jornadas del 19 y 20 constituyen un momento de una revuelta popular contra un plan de gobierno.
La consigna que inspiraba el movimiento de protesta era el “que se vayan todos” y lo que ocurrió es que se fueron muy pocos y muchos se reciclaron (Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger, etc).
En parte esto se explica como resultado de que el movimiento no tenía dirección por la positiva, ni la capacidad de una salida organizada, sólo expresaba la bronca contra todos los políticos del régimen en medio de una crisis profunda de representación política.
Luego vino la etapa del neoprogresimo con todos sus límites estructurales. Luego el plan Macrista de endeudamiento y fuga que el pueblo argentino también enfrentó con grandes luchas del movimiento obrero y el movimiento estudiantil en el 2018.
Una vez más, esas luchas fueros cooptadas y desembocaron en salidas gobernadas: “Hay 2019” con el llamado “Albertismo”.
Hoy las políticas de gobierno van en el mismo sentido y dirección del plan que se impuso en 1975/1976 pero lo hacen de manera mucho más acelerada dado que nos encontramos en otro momento de la historia, donde la crisis es más aguda y la situación de guerra interimperialista por el reparto de excedente mundial en busca de sostener la acumulación capitalista no admite dilaciones.
Esta vez también vemos que existen luchas parciales y una gran bronca acumulada dentro del campo popular. En parte, aparecen elementos de conciencia muchos mayores, como bagaje derivado de experiencias históricas de luchas y enfrentamientos. No obstante, aún existe falta de iniciativa para la búsqueda de la unidad en la lucha.
No se trata de cualquier unidad, si no de lograr aquella que busque y empuje la organización para generar una situación de masas.
Este debería ser nuestro plan estratégico, ya que la experiencia nos muestra que es ésta la única forma en que se puede cambiar profundamente las correlaciones de fuerzas y el poder en Argentina.
Esto implica la ciencia y la paciencia para construir esa organización y esa situación.
También significa un programa propio como clase trabajadora para que todo nuestro pueblo pueda vivir en condiciones dignas. Definir no sólo terminar con las políticas de Gobierno de Milei, poder ir más allá, apuntar a poner fin al plan del capital dominado por los grandes fondos de inversión y sus plataformas, con sus intereses imperialistas sobre lo que ellos denominan su patio trasero (nuestros territorios) a favor del proyecto anglo-yanqui-sionista para el dominio y el sometimiento de nuestros pueblos.
*Docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC). Delegado Gremial de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE-CTAA) en la Secretaría de Agricultura Familiar (SAF). Vocal del Consejo Directivo Provincial (CDP) de ATE Córdoba