Boletín Sociolaboral al 3er trimestre 2025

Reproducimos el Boletín Sociolaboral, elaborado por el equipo del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) fundado por Claudio Lozano.

El Boletín Estadístico Sociolaboral (3er trimestre de 2025) llega en un momento políticamente decisivo: Mientras el Senado da media sanción a una Reforma Laboral orientada a “flexibilizar” las relaciones de trabajo, los datos muestran que el problema argentino no es un supuesto “exceso” de derechos, sino una estructura de precarización e ingresos insuficientes que ya funciona como disciplinamiento social. La Reforma, en ese marco, no aparece como respuesta a un mercado laboral que no genera empleo de calidad, sino como un intento de institucionalizar lo que hoy son fraudes y relaciones clandestinas, consolidando la asimetría estructural entre trabajador y empleador, debilitando la acción colectiva y habilitando un uso más intensivo y barato de la fuerza de trabajo.

• La primera evidencia es la presión real que existe sobre el empleo. La subutilización de la fuerza laboral, que combina desocupación y subocupación, asciende a 17,4% de la PEA, pero la presión efectiva es mayor porque incluye a quienes, aun estando ocupados, demandan activamente otro empleo, llevando ese indicador a 22,7%. Si sumamos a quienes quieren trabajar más aunque no lo busquen activamente, la disponibilidad efectiva trepa a 28,6%. No se trata entonces de un mercado “tenso por el alto costo laboral”, sino de un mercado tenso por necesidad de horas e ingresos. En paralelo, la desocupación se vuelve estructural, con 3 de cada 10 desocupados buscando empleo hace más de un año. Y el golpe es particularmente fuerte sobre jóvenes, donde la desocupación llega a 17,3% (18 a 24 años), y sobre mujeres, con brechas claras en subutilización, presión y disponibilidad.

• En este escenario, el debate sobre “extender la jornada” aparece como una inversión completa del diagnóstico. El boletín muestra que casi 3 de cada 10 ocupados ya trabajan por encima de 45 horas semanales y que la sobreocupación alcanza al 28,2% del total (más de 5,5 millones de personas), con un rasgo clave: trabajar más no significa ganar proporcionalmente más, porque el ingreso por hora de los sobreocupados es 24,1% menor que el promedio.

• La precarización que este modelo produce no se limita al “no registro” asalariado, sino que se expande como patrón de funcionamiento. La informalidad total alcanza al 43,3% de los ocupados, pero en la juventud se vuelve prácticamente el régimen dominante, con 62,5% de asalariados jóvenes informales. A esto se suma el peso del cuentapropismo, que alcanza a una cuarta parte de los trabajadores, con un dato decisivo: 64,6% de cuentapropistas son informales, lo que confirma su carácter de autoempleo de subsistencia más que de “emprendedurismo”. Si se amplía el enfoque e incorporamos desempleo, modalidades precarias y pobreza de ingresos, la precarización llega al 43,7% de la fuerza laboral, y entre jóvenes alcanza un nivel dramático: 71,8%. Es exactamente este universo el que una reforma “pro-empresa” tiende a expandir, transformando la excepción en norma y reduciendo la posibilidad de judicializar fraudes.

• Los ingresos son la otra cara del mismo proceso. El ingreso promedio ronda $925.890 mensuales, pero el asalariado informal promedia $553.844 y el cuentapropista informal $454.350, muy por debajo de la media. En este marco, el pluriempleo deja de ser una elección y se consolida como estrategia de supervivencia: alcanza al 11,3% de los ocupados y es más alto entre mujeres (14,7%). Todo esto dialoga directamente con el sentido de una reforma que pretende abaratar costos laborales y disciplinar: sobre una base ya erosionada, la “flexibilización” empuja a más pluriempleo, más informalidad y más dependencia del endeudamiento.

• En paralelo, los hogares despliegan estrategias de manutención que revelan el agotamiento del ingreso laboral como sostén suficiente: 37,9% debió gastar ahorros, 16,9% pidió préstamos a familiares o amigos, 15,8% recurrió a bancos o financieras y 51% utilizó compras con tarjeta o fiado. Si el trabajo “no alcanza”, el endeudamiento se vuelve el puente para llegar a fin de mes, y el pluriempleo funciona como su complemento “laboral”.

Hay además un punto metodológico que no es accesorio, porque forma parte del mismo conflicto distributivo: El intento del Gobierno Nacional de esconder el verdadero impacto de la inflación. En el boletín advertimos sobre la crisis de confiabilidad del sistema estadístico tras la renuncia de Marco Lavagna y subrayamos que la no actualización de canastas e instrumentos de medición, todavía anclados en patrones de consumo de 2004, tiende a subestimar la pobreza porque desde entonces creció el peso de vivienda, servicios, transporte y comunicaciones en el gasto. En otras palabras, incluso los niveles de pauperización que se observan deben leerse como un piso probable, no como un techo.

El diagnóstico es nítido. En una economía con sesgo reprimarizador, desindustrialización y valorización financiera, la creación de empleo de calidad se debilita y el mercado de trabajo se organiza alrededor de la extensión de la precariedad y la insuficiencia de ingresos.En ese contexto, una reforma laboral que amplíe la discrecionalidad patronal, facilite contrataciones precarias, limite la acción colectiva y busque extender jornadas no “moderniza” el trabajo. Lo que hace es legalizar lo que hoy es clandestino, consolidar un mercado laboral de bajos salarios y alta rotación, y profundizar la desigualdad de poder que ya está en la base de estos indicadores

Leer informe: https://ipypp.org.ar/wp-content/uploads/2026/02/Boletin-Sociolaboral_3er-trim-2025.pdf

Fuente: www.ipypp.org.ar