La Patria Grande

Por Juan Carlos Giuliani*

Así como en los umbrales de la última década del Siglo XX –el 9 de noviembre de 1989– se derrumbó con el Muro de Berlín el paradigma de que el socialismo iba a suceder inexorablemente al capitalismo, la primera década del Siglo XXI asistió a la caída del Muro de Wall Street, ícono del sistema capitalista internacional. La hecatombe financiera sinceró la crisis de liderazgo y de hegemonía de los Estados Unidos.

La multipolaridad mundial comienza a transformarse en una realidad. Se está desplomando lo viejo sin que lo nuevo termine de nacer. He allí la clave de la crisis civilizatoria que explica las turbulencias que sacuden esta etapa de transición signada por la Tercera Guerra Mundial que se libra fraccionada en distintas zonas del planeta. El fortalecimiento de los BRICS es un botón de muestra.

Aunque todavía no hay un modelo alternativo concreto al capitalismo extractivista dominante en la región, en medio del realineamiento de gobiernos de ultraderecha tras el Imperio estadounidense, lo cierto es que en Latinoamérica -con sus marcadas contradicciones y signos de retroceso en varios casos- están en desarrollo algunos procesos que cuestionan la lógica de acumulación de la economía de mercado y enfocan su energía, con alta participación ciudadana, en confrontar con el modelo de explotación y saqueo que envenena el aire y enferma y mata a la población.

Felipe Varela encarna el postrer intento por imponer la Causa Federal frente al abuso de poder porteño al servicio del Imperio Británico en el siglo XIX.

Contrario a la Guerra de la Triple Alianza ideada por Gran Bretaña y ejecutada por Brasil, Argentina y Uruguay para sofocar el desarrollo autónomo del Paraguay, en diciembre de 1866 lanza desde Jáchal, San Juan -sitio contaminado más de 150 años después por la voracidad impune de la multinacional Barrick Gold-, su proclama revolucionaria, dando un profundo sentido nacional y americano a la lucha montonera.

Felipe Varela.

Dice Varela: “¡Soldados federales! Nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada, el orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas Americanas”. Y enjuiciará con severos términos la política mitrista: “Compatriotas, desde que aquel usurpó el Gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos”.

Se inicia así en nuestro país una revolución popular americana que será ahogada a sangre y fuego. El lema que el caudillo montonero lleva al combate, “la unión americana de las Repúblicas del Sud contra las potencias europeas”, no es una frase casual.

Al titularse “representante y defensor de la Unión Americana”, Varela está ligando su pronunciamiento a la reacción continental contra los planes imperialistas de apoderarse de América.

La historia enseña que la lucha por la Independencia Nacional está definitivamente unida al destino común del conjunto de las naciones latinoamericanas.

Como lo soñaran nuestros grandes hombres, no habrá paz sin justicia, ni un mañana feliz sin una Patria para todos, que viaje con su canto libertario y mestizo desde Tijuana hasta Ushuaia.

Ese es el camino por venir. El que nos marcó Simón Bolívar: “Luchando unidos somos invencibles”.

*Periodista. Escritor. Congresal Nacional de la CTA Autónoma en representación de la provincia de Córdoba