Por Néstor Pérez*
Si hay algo parecido a la plena autonomía de la voluntad, aquello que traducido popularmente sería, lo que no está prohibido está permitido, es desde hace varios años lo que impulsa al elector a optar por la izquierda y su contrafrente ideológico en no más de tres turnos electorales, o en dos como sucedió en Colombia el último domingo. De Gustavo Petro a Abelardo De la Espriella – sin escalas – estaría hablando de las tensiones acumuladas que ya no operan a largo plazo. La resolución es vertiginosa, buscando sin paciencia lo que lleva tanto tiempo sin contestación.
Puede haber ocurrido en Argentina 2023, con una representación de centro izquierda – diluida en aguas de simulación – como fuera la del Frente de Todos. Puede, no lo aseguro. Como sea, los votantes ya no tienen ni quieren tener tolerancia al paso del tiempo.
Con todo derecho, pueden estar considerando que el vino se les volverá vinagre si no lo toman hoy, de un solo trago. Como que nada pasa por el medio, ese carril con peaje que nadie está dispuesto a pagar.