El martes por la noche en el Merendero “Corazones Alegres” de Villa “El Capullo” en la ciudad de Córdoba, enrolado en la Federación Nacional Territorial (FeNaT-CTAA), encabezados por la compañera Mili y equipo se llevó adelante una olla popular para darle la cena a las y los vecinos del sector.
Con un laburo de autofinanzas se pudo conseguir la mercadería para garantizar esta actividad.
Gracias a quienes se sumaron colaborando y trabajando para hacer realidad la solidaridad del pueblo con el pueblo.
En tiempos de crisis, ajuste y resistencia, la organización popular es el camino.


La Federación, de fuerte anclaje territorial y con alcance en toda la provincia, viene alertando sobre la situación de gran vulnerabilidad a la que están expuestas las familias empobrecidas por el neoliberalismo en nuestro país. Este movimiento social resistió a las políticas “Macristas” y hoy por hoy lo hace con las políticas de masacre al pueblo que ejecuta el “Mileísmo”.
La FeNaT denunció la precarización laboral, el desempleo, la baja de salarios y los recortes en la inversión pública en áreas claves, lo que generó un inédito crecimiento de la pobreza, la indigencia y dramáticas consecuencias, particularmente para los adultos mayores, mujeres, niños y niñas de las barriadas.
La FeNaT en cada territorio, con organización y lucha.
Con alma y vida



Hay compañeras que le ponen el cuerpo, el alma y el corazón. Compañeras que hacen de la solidaridad una bandera y que, cuando faltan los recursos, ponen en marcha la imaginación, la creatividad y el compromiso para sostener nuestros comedores.
Un orgullo enorme que sean ellas quienes revuelven la olla, quienes discuten la política y, sobre todo, quienes levantan bien alto la bandera de la FeNaT.
Porque esto no se declama: Se milita, se organiza y se pelea. Donde el Estado abandona, nosotras resistimos. Donde falta comida, levantamos la olla. Y donde quieren que bajemos las banderas, las levantamos más alto que nunca.
La organización popular está en movimiento para dar contención a los que no tienen nada. La lucha es codo a codo para garantizar un plato de comida. Con un 40 por ciento de pobreza no hay lugar para especulaciones de ningún tipo porque el hambre no espera.


Mientras lo gobernantes de la provincia y los municipios se hacen los distraídos, la gente en los barrios monta comedores y merenderos, arma ollas populares. Busca por todos lados el modo de no caer en el vacío. De alimentar la esperanza en medio de la crisis. De saciar el hambre urgente de pibes, viejos, familias enteras que sufren mucho más su condición de pobres y la codicia de los poderosos, de los eternos ganadores del modelo.
La olla popular es sinónimo de solidaridad. De camaradería entre iguales. Y de organización. Una herramienta para saciar el hambre y darle una perspectiva transformadora a la lucha política y social. La olla popular en esta etapa signada por el hambre de nuestro pueblo y el saqueo de la Nación es un símbolo de unidad. Para decir que no somos material descartable.
Barrio, suburbio, territorio. El grito de los excluidos: Tierra, Techo y Trabajo. Nadie se salva solo. La salida es colectiva. Al hambre se lo combate con solidaridad. Entre todos quienes creemos en una sociedad sin explotadores ni explotados.