Vuelta de tuerca a la planificación de la miseria

Por Juan Carlos Giuliani*

Vienen a terminar con la faena de entrega, sometimiento y despojo. La que comenzaron a sangre y fuego con la dictadura genocida en 1976, continuaron en la década del ’90 con Menem y el breve interregno de De la Rúa en los albores del 2000; y que retomaron quince años después con Macri. Vienen a exterminar los residuos de soberanía. Envalentonados en su revanchismo patronal. Y lo hacen con el respaldo de los votos.

La ultraderecha neoliberal, representada por el binomio de “La Libertad Avanza”, integrado por Javier Milei y Victoria Villarruel, ganó las elecciones presidenciales prometiendo políticas de shock -con más ajuste y represión- que sumarán mayores penurias a un pueblo exhausto, apremiado por las carencias de sobrevivir con una Canasta Básica inalcanzable que creció el 719% en los últimos cuatro años y harto de tantas promesas incumplidas.

El colapso del sistema basado en la democracia representativa que establece la Constitución de 1853 está a la vista. Se ha denunciado hasta el cansancio que en tanto y en cuanto no se diera respuesta a las demandas urgentes del pueblo, la institucionalidad formal se agotaba en sí misma. La transición democrática se convirtió en una larga agonía que devino en esta democracia colonial que toma cuerpo en toda su dimensión con el resultado de las elecciones del domingo.

A cuarenta años de vigencia de este nuevo ciclo, la propuesta política, económica y social que puso en marcha la tiranía oligárquico-militar concitó la adhesión de una porción significativa de la población. No por esperable el terremoto electoral deja de ser alucinante.

El fracaso del régimen partidocrático demoliberal que terminó por desintegrar los partidos tradicionales; las frustraciones que derivaron de las experiencias “progresistas”; la falta de políticas reparatorias para una juventud dejada a la buena de Dios; el aburguesamiento de las organizaciones populares hipotecando su desarrollo al auxilio del Estado y -de paso- inflamando el clientelismo político; la autonomía rifada por sindicatos y centrales obreras; el culto al “posibilismo” en resguardo del status-quo para que no venga la “derecha”; la calamidad de la inflación, bajos salarios, precariedad laboral, corrupción; y la infamia del hambre y la pobreza germinaron la aparición de este fenómeno de fascismo y sinrazón que profundizará la desigualdad social bendecido por los votos de sus propias víctimas.

Para algunos,  después de la derrota llegó la hora de la resistencia. La verdad es que, sin desconocer la peligrosidad del nuevo oponente, un montón viene resistiendo hace mucho tiempo -con lo que tiene a mano- el ajuste y la cesión de soberanía impuestos por el FMI y aplicados a rajatabla por el Gobierno Nacional y su correlato en las provincias, como es el caso de Schiaretti en Córdoba.

Frente al desencanto y desconcierto de la militancia -y el temor a lo desconocido que atormenta a los jóvenes-, es imprescindible seguir fortaleciendo lo colectivo por el mismo camino de organización, debate, autogestión y formación que se viene recorriendo, accionando permanentemente para estar en mejores condiciones de enfrentar los desafíos que impone la nueva etapa, reivindicando los principios de autonomía, libertad y democracia sindical.

No fuimos, no somos, ni seremos complacientes con los que planifican la miseria del pueblo.

Rodolfo Walsh lo decía con todas las letras en su impecable Carta Abierta a la Junta Militar del 25 de marzo de 1977: “En la política económica de este gobierno debe buscarse no solo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

No lo hicimos antes y mucho menos ahora que llegan al Gobierno los negacionistas del terrorismo de Estado y apologistas del genocidio: No vamos a traicionar la memoria de nuestros 30.000 compañeros que vivieron, militaron y murieron por una Patria Liberada. Vamos a seguir peleando por esas banderas, desenmascarando a los farsantes y confrontando con los que quieren atrasar el reloj de la historia.

Este descalabro monumental tiene responsables. Los que tuvieron en sus manos durante años las herramientas del Estado para cambiar la realidad de angustia y padecimiento de las mayorías a través de políticas universales que reimplanten la justicia social y que -por claudicación ante los poderes fácticos, cobardía o complicidad- no lo hicieron, que se hagan cargo.
Mientras tanto, no queda otra que seguir remando contra la corriente apelando a la resistencia en todos los frentes para aguantar las embestidas porvenir, con la musculatura social necesaria para defender lo que se ha conquistado y mantener encendida la llama de la esperanza en que un país más justo, libre y solidario es posible.

*Periodista. Escritor. Congresal Nacional de la CTA Autónoma en representación de la provincia de Córdoba