Cogobierno con el FMI: Ajuste, hambre y miseria para el pueblo

Por Juan Carlos Giuliani*

“Las deudas hay que pagarlas, las estafas no”.

Alejandro Olmos, el mayor investigador sobre la Deuda Externa argentina

El cogobierno que ejerce en los hechos el Fondo Monetario Internacional con la Administración del Presidente Javier Milei resulta ser la más desfachatada muestra de entrega de soberanía y dominación imperial. El acuerdo -vía decreto- rubricado con el FMI con la aprobación mayoritaria de los partidos políticos demoliberales con representación en el Congreso Nacional indica una vez más, por si hacía falta, que a la hora de someterse al poder hegemónico del capital financiero no existe ninguna grieta.

Los alarmantes índices de hambre, pobreza; el saqueo de nuestros bienes comunes, la cesión de soberanía; y la corrupción que contamina al conjunto de la sociedad de arriba hacia abajo; configuran la necesaria contracara para que -al menos hasta que el pueblo haga tronar el escarmiento- funcione el furibundo plan impuesto por el FMI y monitoreado por el Secretario del Tesoro y el Presidente de Estados Unidos.

Desde siempre, los trabajadores han señalado con absoluta claridad que antes que honrar los compromisos con los acreedores externos o los tenedores de bonos locales, lo primero que hay que saldar es la fenomenal Deuda Interna que se mantiene con nuestro pueblo.

Esto es así desde el fondo de nuestra historia. Desde que en 1824 Bernardino Rivadavia –emblema del cipayismo autóctono–, contrajera el empréstito con la Baring Brothers, la Deuda Externa es un cáncer que carcome las posibilidades de un desarrollo autónomo y sostenible en nuestro país y lesiona su Soberanía Nacional.

Esta posición se encuentra fundamentada en los documentos que se alumbraron luego de memorables debates que jalonan los grandes hitos del movimiento obrero argentino.

El Programa de La Falda de 1957 convocado por la CGT Regional Córdoba liderada por Atilio López, por ejemplo, plantea la “Denuncia de todos los pactos lesivos de nuestra Independencia Económica”· Y el Programa de Huerta Grande de 1962 propone en su punto 5º “Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo”, en tanto que el Manifiesto del 1º de Mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos sostiene: “Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos”.

El primero de los 26 Puntos de la CGT Brasil elaborado en 1985 prioriza el no pago de los servicios de la Deuda Externa y en la Declaración del “Grito de Burzaco”, en 1991, acto bautismal del nuevo modelo sindical que luego derivaría en la CTA, se decía: “Vivimos las consecuencias de un plan económico que sólo prioriza el pago del endeudamiento externo”.

De más está decir, que los distintos congresos nacionales extraordinarios celebrados por la Central de Trabajadores de la Argentina, han sostenido con coherencia esa línea histórica aprobando por unanimidad el no pago de la ilegítima e ilegal deuda externa.

Como puede observarse, el debate no es nuevo y la posición sustentada por los trabajadores organizados tampoco es desconocida. Por lo tanto, la discusión pasa por saber si se va a modificar la matriz distributiva que provoca esta escandalosa desigualdad social o, por el contrario, se va a continuar en calidad de rehenes del capitalismo financiero y el modelo agroexportador.

Buena parte de la deuda pública que se viene abonando desde 1983 a como fuere lugar no está solamente en manos del FMI y acreedores externos sino también en poder de la banca con sede en nuestro país, que lo que no invierte en crédito para la mayoría de la población lo hace en pregonar la conveniencia de que se siga pagando la deuda en tiempo y en forma.

Mientras tanto, y guarecidos en la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, que continúa vigente después de más de cuarenta y dos años de recuperación democrática, los bancos, que en 2001 y 2002 tuvieron que blindarse para ponerse a salvo de la justificada ira de los ahorristas, siguen siendo los grandes ganadores del modelo extractivista-dependiente declarando utilidades que los convierten en uno de los sectores más rentables del capitalismo criollo.

Don Arturo Jauretche “rebautizó” el denominado “Pacto Roca-Runciman” durante la Década Infame como el “Estatuto Legal del Coloniaje”. El nuevo acuerdo del Gobierno Nacional con el FMI va por la misma senda de vasallaje con el Imperio.

Jauretche escribió: “En el territorio más rico de la tierra vive un pueblo pobre, mal nutrido y con salarios de hambre. Hasta que los argentinos no recuperemos para la Nación y el Pueblo el dominio de nuestras riquezas, no seremos una Nación soberana ni un pueblo feliz”.

Así estamos a esta altura del Siglo XXI por obra y gracia de los tecnócratas neoliberales y vendepatria que se empecinan en convertir a nuestro país en otro enclave colonial del mundo. 

*Periodista. Escritor. Congresal de la CTA Autónoma Nacional en representación de la provincia de Córdoba