Villa Nueva: Lo africano en la construcción de la identidad colectiva

Por Jesús Chirino*

En nuestras dos ciudades tenemos diferentes monumentos, pero quizás nos falte honrar la memoria de quienes sufrieron la esclavitud y, a pesar de haber contribuido a la construcción de este país, la memoria colectiva los ha dejado al margen. En el Parque de Villa Nueva estuvieron los ranchos donde vivieron algunos de ellos, quizás allí pueda erigirse un monumento que los reconozca-

La propiedad privada marcada a fuego

En tiempo que la corona española dominaba estas tierras, los seres humanos esclavizados, traídos desde África, eran considerados cosas (objetos de derecho) y a la vez personas (sujetos de derecho). Desde lo jurídico, por una parte, eran  animales para el trabajo y, por otra, personas que debían obedecer las normas legales. Cuando los “amos” realizaban el balance de sus propiedades, las personas esclavizadas figuraban en los listados como cosas, junto a herramientas. En aquella sociedad esclavista, más allá que alguien pudiera ser liberto, es decir que hubiera obtenido la libertad de su dueño, el color de su piel lo condenaba a no acceder a derechos con los cuales contaban otros sectores sociales.

Hasta el año 1784 era costumbre que a los africanos, apresados para ser esclavizados y trasladados a América, fueran marcados con hierro caliente. Los hombres sufrían esa quemadura en la espalda, en tanto que las mujeres  en sus glúteos. En el referido año, el rey de España prohibió esa práctica.  Esta es una de las infinidades de atrocidades que sufrían estas personas que, vale recordar, también llegaron a nuestra zona. Muchos pasaron por el Camino Real rumbo a Córdoba que fue una importante plaza de venta y compra de seres humanos esclavizados quienes, generalmente, ingresaban a esta parte del continente por el puerto de Buenos Aires.

En el Parque Hipólito Yrigoyen de Villa Nueva

Existen registros que López Fiusa quien, entre 1617 y 1643, residió en nuestra zona, levantó ranchos para sus esclavos. Por otra parte, Francisco Ferreira Abad, en la primera mitad del siglo XVIII, erigió habitaciones para esclavos, en los terrenos que actualmente ocupa el Parque Hipólito Yrigoyen de Villa Nueva. Esos esclavos trabajaban en la estancia de Ferreira Abad quien supo estar casado con María de Abreú y Albornoz, descendiente directa de Luis Abreú quien fuera tratante de esclavos en la ciudad de Córdoba a finales del siglo XVI.

Partiendo de los datos del censo de 1799, Alfredo Furlani señala que en esa época  el 48,19% de los habitantes de Córdoba eran “negros”. La composición de la población provincial estaba dada por 21.230 negros, 17.340 españoles y 5.482 “indios”. Esa población de origen africano se dividía en 6.338 negros esclavos y 14.892 negros libres. Es decir que para entonces tan solo un tercio de la población de Córdoba era de origen europeo y casi la mitad de raíces africanas.

En Yucat

Datos  propios de esta zona también señalan la importancia de la presencia africana en nuestra región. Así lo revela el padrón de feligreses del Curato del Río Tercero Abajo del año 1795, reproducido por el fray José Brunet en su obra “Apuntes parroquiales de Yucat”. Recordemos que este curato abarcaba desde Yucat hasta Cruz Alta, el padrón registra 198 fieles de la Capilla de Nuestra Señora de las Mercedes, en Yucat. De ese total el 21% eran esclavos, en tanto que los pardos (hijo de “blanco” y “negro”) representaban el 22,22% (incluyendo los pardos libres). Es decir que entre los fieles de la mencionada capilla se reproducen, casi sin variaciones, los datos que arrojaría el censo de toda Córdoba cuatro años después. Sin lugar a dudas, queda demostrada la importancia de la magnitud de la población cuyo origen tenía que ver con el Continente Africano.

En la misma época que se hizo el referido relevamiento en Yucat, un esclavo de nombre Joaquín ejercía como capataz de esa estancia, en tanto que otro, llamado Juan José, ejercía el mismo cargo en la banda norte de la misma unidad productiva. En tanto Diego, también esclavo, era el albañil que trabajaba en los hornos de ladrillos para la reedificación de las viviendas del lugar.

La importante presencia de africanos en la región es algo comprobado. Incluso varios viajeros que cruzaron por el Paso de Ferreira dejaron testimonio de sus encuentros con personas libertas o esclavas del lugar.

Nos dejaron su herencia cultural

Es lícito preguntar qué pasó con la descendencia de aquellos. Más allá de las historias particulares, es claro que la negritud fue construida como algo vergonzoso y por ello se ocultaba ese origen. También existen mitos como que el país fue forjado por inmigrantes blancos europeos, dejando de lado los pueblos originarios de estas tierras y los africanos.

Los africanos contribuyeron de manera decisiva en la guerra de la Independencia. Incluso cruzaron Los Andes con San Martín. En cuanto a gran parte del legado cultural de la población africana, integra  nuestra idiosincrasia. El dulce de leche, las achuras e inclusive las payadas, que son elementos centrales de nuestra “argentinidad”, tienen raíz africana.

Cuando aún no existían las técnicas modernas de conservación de la carne vacuna, los “blancos” degustaban la carne asada descartando las mollejas, la tripa gorda, los chinchulines; mientras tanto, esos “desperdicios” eran consumidos por los negros. Hoy todos sabemos que estas son particulares  exquisiteces que diferencian el asado argentino. En cuanto a la  música y el lenguaje que nos heredaron podríamos escribir extensos libros.

Lo que no existe es una razón lógica para que no rescatemos sus aportes a la cultura argentina. Es claro que el proceso de construcción de nuestra identidad colectiva no puede ser a partir de la exclusión de esas poblaciones. Por el contrario, es necesario que la memoria colectiva registre la contribución de lo africano y marcar ese recuerdo; con un monumento podría ser un paso importante.

*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar