Historia de vida y proyecto de una artista plástica rosarina que se suma a la CTA-A Punilla Norte
Por Juan Yacobs*
La historia de Andrea Vrankovich es la de muchas mujeres que, desde la adversidad, construyen con sus propias manos alternativas de vida y de comunidad. Artista plástica, nacida en Rosario e integrante del movimiento cultural de esa ciudad, eligió radicarse hace más de una década en Capilla del Monte, donde inició el sueño de levantar una vivienda de barro en el barrio Águila Blanca. Hoy, esa experiencia se enlaza con un nuevo desafío: Ser parte de la junta promotora de la CTA Autónoma Punilla Norte, desde donde buscará seguir aportando a la organización social y al reconocimiento de las familias monomarentales.
“Comencé desde cero con un hijo de un año, cuatro plásticos y un deseo de recomenzar y crear un espacio donde criar y progresar”, recuerda Andrea, al evocar aquellos primeros años en un barrio de casas de barro que se levantaba a pulmón, con dificultades de acceso a servicios básicos como agua, energía y recolección de residuos.
La lucha por el barrio y el derecho a habitar

Las trabas municipales, la falta de reconocimiento oficial y las carencias de infraestructura marcaron el inicio de su experiencia en Capilla. “En las asambleas, muchas veces quedábamos afuera las mamás solteras, incluso nos pedían que sacáramos a las crianzas de las reuniones. Eso nos fue aislando y costaba visibilizar las necesidades reales de las familias”, señala.
Pese a mingas y esfuerzos colectivos, los problemas estructurales persisten: Conexiones de agua incompletas, deficiencias energéticas, falta de espacios de contención y plazas seguras. A eso se suma el cuidado que requiere la bioconstrucción, con técnicas específicas para proteger paredes y revoques, en un contexto económico cada vez más crítico.
Familias monomarentales: Sostén invisibilizado

Andrea pone el acento en una realidad que atraviesa al país: “Siete de cada diez padres en la Argentina no se hace cargo de sus hijos, y el 85% de las familias monomarentales son quienes sostienen los barrios populares”. Esa sobrecarga, advierte, genera no solo precariedad económica, sino también un impacto directo en la salud: enfermedades crónicas, ataques de pánico, depresiones, migrañas, carencias alimentarias y dificultades para acceder a atención odontológica o médica.
“Somos columnas principales de este entramado social, pero cargamos con un peso enorme. Las políticas que no cuidan la vida terminan invisibilizándonos y perpetuando la violencia hacia las mujeres que crían en soledad”, sostiene.
Desde esa experiencia, Andrea proyecta un nuevo horizonte: cocrear un espacio de acompañamiento creativo enfocado en las crianzas y adolescencias, que al mismo tiempo brinde sostén a las familias. “Necesitamos opciones que rompan con el adultocentrismo y reconozcan a quienes fueron desplazados de su eje central. La educación popular es una herramienta fundamental para ello”, afirma.
Su apuesta combina arte, crianza y organización comunitaria, en busca de transformar un presente hostil en oportunidades de encuentro y desarrollo.
La CTA-A Córdoba como espacio de construcción

La incorporación de Andrea Vrankovich a la Junta Promotora de la CTA-A Punilla Norte expresa esa voluntad de articular lo personal con lo colectivo. Su historia es un testimonio vivo de resistencia, creatividad y organización frente a la invisibilización social y las desigualdades estructurales.
“Todavía nos queda mucho por trabajar para que esta realidad sea asumida socialmente y se tomen medidas acordes a la magnitud del problema. Pero entendemos que la salida siempre es colectiva”, concluye.
*Periodista. Secretario General de la CTA Autónoma Punilla