Felipe Varela: La rebelión del interior

Felipe Varela nació en 1819 en Huaycama, departamento Valle Viejo, provincia de Catamarca, en el seno de una antigua familia federal del valle. Hijo del caudillo Javier Varela y de doña Isabel Rearte, quedó marcado desde joven por la violencia política que el centralismo porteño ejercía sobre las provincias. A los veintiún años presenció la muerte de su padre, caído en el combate del 8 de septiembre de 1840 sobre la margen derecha del Río del Valle, en la lucha entre las fuerzas federales de Santiago del Estero y las unitarias de Catamarca. Ese hecho selló definitivamente su destino político.
Se radicó luego en Guandacol, en el oeste riojano, donde se integró a la vida rural y comercial de la región precordillerana. Allí se vinculó con el comandante Pedro Pascual Castillo, con cuya hija Trinidad formó su familia, y se dedicó al engorde de hacienda para los mercados chilenos. El contacto permanente con peones, arrieros y pequeños productores le dio un conocimiento profundo del paisano humilde y de los pasos cordilleranos, que más tarde serían clave en su acción militar. En esos años se forjó su prestigio entre la gente del campo.
Aunque de tradición federal, Varela combatió en la Coalición del Norte contra Rosas bajo las órdenes de Ángel Vicente Peñaloza, quien se había plegado al movimiento por lealtad al gobernador riojano Tomás Brizuela. Derrotada la resistencia norteña, Varela debió refugiarse en Chile. Documentación posterior demuestra que ya en 1848 había regresado a Guandacol, contradiciendo la versión liberal que lo situaba fuera del país hasta Caseros.
Durante la década de 1850 alternó entre La Rioja y Chile, vinculándose a actividades comerciales y militares. En 1855 aparece en Copiapó y Vallenar con el grado de capitán de carabineros, participando en la defensa del orden chileno durante la revuelta de La Serena. Esa experiencia consolidó su formación militar y su contacto con los movimientos políticos americanos.

El regreso y la tradición porteña

A fines de 1855 regresó definitivamente a la Argentina y fue reincorporado al ejército nacional como teniente coronel del Regimiento Nº 7 de Caballería. Tras Pavón, acompañó al Chacho Peñaloza en su intento de convivencia pacífica con el poder central. Pero el tratado de La Banderita de 1862 demostró, una vez más, la falsedad del mitrismo. Varela advirtió al Chacho sobre la traición en ciernes, y fue enviado a Catamarca para consultar a jefes y paisanos. Poco después, la rebelión federal se reactivó.
Derrotado Peñaloza en Las Playas y asesinado salvajemente, Varela partió nuevamente al exilio chileno en noviembre de 1863. Desde Copiapó escribió a Urquiza pidiéndole que encabezara una reacción nacional contra Mitre. Urquiza calló. Ese silencio selló la ruptura definitiva.
El estallido de la Guerra del Paraguay confirmó todas las sospechas. Varela comprendió que no se trataba sólo de una guerra exterior, sino del sometimiento definitivo del Interior al puerto y al imperio británico. En Chile se integró activamente a la Unión Americana y elaboró un programa político claro, a diferencia del espontaneísmo anterior. La revolución ya no sería sólo resistencia: tendría objetivos definidos.

La insurrección federal de 1866–1867

En noviembre de 1866 estalló en Mendoza la Revolución de los Colorados, contra el envío de contingentes al Paraguay. El movimiento se extendió rápidamente por Cuyo. En diciembre, Varela cruzó la cordillera desde Chile con dos batallones, artillería ligera y una bandera que proclamaba “Federación o Muerte”, “Viva la Unión Americana” y “Abajo los traidores a la Patria”.
En enero de 1867 ingresó por San Juan, tomó Jáchal y coordinó el levantamiento general del Noroeste. El 4 de marzo venció en Tinogasta. Pero el 10 de abril de 1867, en el Pozo de Vargas, cerca de La Rioja, enfrentó al ejército mitrista del general Antonino Taboada, equipado con fusiles y cañones modernos. Durante siete horas las montoneras cargaron a lanza seca contra el fuego cerrado. Fue una carnicería. De los miles que combatieron, apenas sobrevivieron unos pocos cientos. La derrota marcó el principio del fin, pero no la rendición.
Varela continuó la campaña hacia el norte. Venció en Amaicha, ocupó brevemente Salta el 10 de octubre de 1867 y entró en Jujuy el 13 sin disparar un tiro, ante la huida del gobierno provincial. Sin municiones ni apoyo externo, se retiró hacia Bolivia. En Potosí, el 1º de enero de 1868, redactó su célebre Manifiesto a los Pueblos Americanos, donde denunció el centralismo porteño, la guerra fratricida y la violación de la Constitución de 1853.
Un último intento armado terminó con la derrota de Pastos Grandes el 12 de enero de 1869. Exhausto, enfermo y sin recursos, Varela se refugió en Chile. Murió en la miseria el 4 de junio de 1870, cerca de Copiapó.
Con Felipe Varela se cerró el último gran intento armado del Interior por imponer un proyecto nacional federal, americano y popular frente al Estado liberal oligárquico. Fue derrotado militarmente, pero no moralmente. Su figura encarna la resistencia final del país profundo contra la Argentina dependiente que terminó imponiéndose.
Fuente: Revisionismo Histórico Argentino