Mientras docentes, instituciones y colectivos educativos expresan en reuniones, redes sociales y distintos espacios su preocupación por una posible reforma curricular de la formación docente en Córdoba, la información disponible es extraoficial. ¿Qué cambios están en discusión y por qué deberían importar a toda la sociedad? Debatir sobre cómo se forma a la docencia no es algo reservado al campo educativo, supone interrogar una de las condiciones sobre las que se sostiene la escuela pública.
Por Ma. Laura Muiño y Luciana Ma. Caverzacio para La tinta
Hace unas semanas, a través de canales informales, comenzó a circular la noticia de una supuesta reforma del sistema formador de docentes de la provincia de Córdoba, que involucra a los Institutos Superiores de Formación Docente (ISFD). Entre las modificaciones que se incluirían, figura una nueva propuesta para lo que, en la jerga pedagógica, se denomina caja curricular, es decir, la organización de las materias y los espacios de formación que integrarían el plan de estudios de los profesorados de Educación Inicial y Primaria. Hasta el momento, no existe una presentación pública ni información oficial que permita conocer el alcance de estos cambios o el proceso mediante el cual serían implementados. Sin embargo, la circulación de estos documentos de manera extraoficial ya motivó pronunciamientos y expresiones de preocupación de colectivos docentes, instituciones formadoras, espacios académicos y organizaciones vinculadas a la defensa de la educación pública.
En este contexto, el Consejo Asesor de la Escuela de Ciencias de la Educación (FFyH-UNC) advirtió que, de confirmarse las versiones que circulan sobre una reestructuración de los diseños curriculares de los profesorados en la provincia de Córdoba, uno de los aspectos más sensibles sería la transformación del denominado «campo de la formación general». Se trata del área vigente que se reconoce como los cimientos para construir los fundamentos pedagógicos, políticos, éticos y culturales necesarios para asumir la tarea de enseñar y para la configuración de la identidad del oficio docente.
A partir de la reforma curricular impulsada en 2007, con la creación del Instituto Nacional de Formación Docente (INFOD) y de la Dirección General de Educación Superior (DGES) en Córdoba, la formación general reunió saberes provenientes de diversas disciplinas como Pedagogía, Didáctica General, Historia de la Educación, Socioantropología, entre otras, que aportan estructuras conceptuales, perspectivas de análisis, modos de pensamiento, métodos y un abordaje ético-político de la tarea de educar.
Toda reforma curricular parte de una pregunta: ¿cómo se forma un docente y qué saberes necesita para enseñar en el mundo actual? Modificar la organización de la formación docente supone definir qué conocimientos, perspectivas y experiencias se consideran indispensables para quienes tendrán la responsabilidad de enseñar a las próximas generaciones. Precisamente por eso, preocupa el modo en que esta posible reforma comenzó a conocerse.
Según la propuesta que circula de manera extraoficial, algunos espacios curriculares, como Educación Sexual Integral (ESI) y Argentina en el mundo contemporáneo, dejarían de tener un lugar específico en la organización curricular de los profesorados. A la vez, el campo de la formación general sufriría una transformación significativa: espacios como Pedagogía y Didáctica General dejarían de desarrollarse como materias con identidad propia para integrarse en ejes transversales que se nombran con expresiones vinculadas a: “gobernanza”, “desarrollo socioafectivo”, “cartografías de la producción y uso del conocimiento pedagógico”, “vínculos en construcción: desarrollo socioafectivo y convivencia”.
Cuando disciplinas fundamentales dejan de desarrollarse como espacios específicos y pasan a organizarse en ejes transversales articulados alrededor de nociones de alta pregnancia discursiva, que funcionan más como consignas amplias que como campos sistemáticos de producción de conocimiento, se debilita el lugar de los saberes que históricamente permitieron pensar la educación como un derecho, la escuela como un bien público y la docencia como un trabajo intelectual.
Hasta el momento, la información disponible no da cuenta de instancias públicas de consulta o participación de los Institutos Superiores de Formación Docente ni de quienes cotidianamente sostienen la formación. Tampoco se conocen oficialmente los fundamentos pedagógicos que orientan las modificaciones que circulan ni los criterios con los que habrían sido elaboradas. Las preocupaciones no son solo por el modo en que se está desarrollando este proceso, sino que alcanzan a las posibles consecuencias de las modificaciones que circulan: la reorganización y el posible borramiento de espacios curriculares que hoy ocupan un lugar central en la formación docente, la pérdida de saberes específicos construidos por distintas disciplinas, la eventual reducción de horas de enseñanza y la consecuente afectación de las condiciones de trabajo de quienes se desempeñan en esos espacios.

“Volver líquidos” esos cimientos que sostienen la formación docente, es decir, desdibujar los saberes comunes, las disciplinas y los espacios que históricamente han contribuido a construir una formación pedagógica compartida constituye una amenaza para la profesionalización docente. Lo que estaría en juego es la redifinición de los saberes que se consideran relevantes para ejercer la docencia y qué lugar ocuparían los fundamentos éticos, políticos y pedagógicos en esa formación..Se pone en tensión aquello que permite construir una identidad profesional común y sostener una escuela pública comprometida con el derecho a la educación. El debate excede ampliamente una reorganización curricular. Lo que está en discusión es qué formación necesitan quienes enseñarán en las escuelas, qué lugar ocupan los saberes pedagógicos, históricos, filosóficos y sociales en esa formación, y cómo construir una reforma que fortalezca la escuela pública en lugar de debilitarla.
¿Por qué la participación no ha sido convocada? ¿En qué tiempos y en qué espacios debería efectivizarse para que sea vinculante? ¿Cómo discutir una transformación de esta magnitud si quienes deberán llevarla adelante todavía no han sido convocados a participar de su construcción? Las reformas educativas nunca llegan vacías de historia. En nuestro país, las políticas neoliberales de los años noventa impulsaron procesos de fragmentación de los saberes, flexibilización de la formación docente y debilitamiento de la escuela pública. En lugar de fortalecer el derecho a la educación, esas transformaciones profundizaron las desigualdades en el acceso a los bienes de la cultura.
Por eso, cuando hoy vuelven a circular propuestas que reorganizan disciplinas y espacios de formación sin debate público, sin participación de quienes enseñan y sin criterios pedagógicos, epistemológicos y éticos explícitos, conviene leer estos procesos a la luz de una memoria pedagógica y política construida a partir de experiencias históricas que marcaron profundamente a la formación docente en nuestro país. Las transformaciones educativas nunca son neutras: expresan un proyecto de sociedad y definen qué saberes se consideran valiosos, qué sujetos se busca formar y qué lugar ocupa la escuela pública en la construcción de lo común.
Nos interesa subrayar que la identidad de la escuela pública argentina es inseparable del legado de las escuelas normales que sostuvieron su proceso de extensión y consolidación desde fines del siglo XIX. Por ello, entendemos que, si se debilita la formación docente, se pone en riesgo la escuela como lugar de encuentro y construcción colectiva. Su función se ve amenazada por las lógicas del tecnocapitalismo y un retorno a tendencias que eximen al Estado de su responsabilidad garante. Bajo la bandera del homeschooling o los pronunciamientos a favor de financiar la educación a través de un sistema de vouchers otorgados directamente a las familias, se buscan instalar tendencias que reducen el aprendizaje a una mera manipulación de información en plataformas digitales. Estos discursos destituyentes ignoran las realidades socioeconómicas y culturales de amplios sectores de la sociedad, y proponen un camino individualista que rompe el lazo con lo público. En el fondo, lo que está en juego es la renuncia política y ética a construir un horizonte común y más justo, donde el acceso a los saberes del mundo sea un derecho que le permita a todas las personas filiarse en la cultura.
Como sostiene Inés Dussel, la escuela actual tiene el desafío de ofrecer una relación con el saber que resulte generosa y que intervenga en el reparto de lo sensible para no segregar las trayectorias de los estudiantes. No da lo mismo una reforma para la formación docente que otra, porque el ejercicio de la docencia involucra una de las variables más importantes para hacer realidad la educación como un derecho. Sin docentes cuya formación se asiente en campos sistemáticos de conocimiento y sin una ‘caja de herramientas’ teórica que sea prolífica y sólida, se debilita la capacidad del sistema educativo para sostener obstinadamente las trayectorias de los estudiantes.
Resulta necesario reflexionar sobre los efectos que produce la circulación de información acerca de esta posible reforma curricular a través de documentos y comunicaciones que no cuentan con difusión oficial. Cuando las transformaciones que afectan a la formación docente se conocen de este modo, se generan incertidumbres, proliferan las sospechas y se debilitan las condiciones para una discusión democrática y responsable. Los profesores que forman docentes merecen ser considerados interlocutores legítimos de estos debates y no quedar expuestos a versiones fragmentarias que los dejan, una vez más, en la intemperie.
Imagen de portada: Ana Medero para La tinta
*Voces en Educación es una columna institucional de la Escuela de Ciencias de la Educación (ECE) de la UNC, un espacio de comunicación pública de la ciencia del campo educativo local.
**Profesoras en Instituto Superior de Formación Docente y Escuela de Ciencias de la Educación de la UNC.
Fuente: www.latinta.com.ar