Los nuevos datos del mercado laboral muestran una transformación que va bastante más allá del aumento de la desocupación.
La desocupación llegó al 7,9%, pero al incorporar a quienes trabajan pocas horas y buscan activamente otro empleo, la desocupación ampliada alcanza el 15,9%.
Casi 1 de cada 3 personas económicamente activas —30,8%— está desocupada, busca otro empleo aun teniendo uno o está disponible para trabajar más horas. Son unas 832 mil personas más que en 2023 bajo alguna forma de presión laboral.

Mientras tanto, la tasa de empleo permanece prácticamente estancada. ¿Cómo se sostiene? Con una fuerte transformación de su composición: desde 2023 se perdieron alrededor de 485 mil puestos asalariados, mientras el cuentapropismo incorporó 692 mil trabajadores. Más del 94% de la caída del empleo asalariado correspondió a puestos registrados.
La informalidad ya alcanza al 45% de los ocupados y llega al 65,8% entre los cuentapropistas. En apenas tres años, los asalariados registrados redujeron su peso dentro del empleo, mientras la suma de cuentapropistas y asalariados no registrados superó el 52% de los ocupados.

La combinación de los datos de EPH y SIPA deja ver con mayor nitidez el cambio: desde fines de 2023 retroceden los asalariados privados y públicos registrados, mientras crecen el monotributo y, con mucha más intensidad, el cuentapropismo informal.
No se trata solamente de un mercado laboral más precario. Está cambiando la forma misma en que se organiza el trabajo. Una parte creciente de los trabajadores debe resolver individualmente su inserción, asumir los riesgos, los costos y la inestabilidad que antes recaían en mayor medida sobre la relación salarial.

Para muchos, esto significa cuentapropismo de subsistencia; para otros, nuevas formas de dependencia en las que plataformas, grandes marcas y empresas concentran el acceso a clientes y mercados mientras el trabajador aparece formalmente como “independiente”.
Ese es el trasfondo del “modelo changa”: menos relaciones laborales protegidas y una creciente transferencia de riesgos y responsabilidades hacia los propios trabajadores.
Fuente: www.ipypp.org.ar