Por Juan Carlos Giuliani*
El 6 de julio de 1573 Jerónimo Luis de Cabrera fundó la ciudad de Córdoba de La Nueva Andalucía, a orillas del río Suquía, en un sitio llamado Quizquizacate por los lugareños, “Encuentro de los ríos” en idioma Sanavirón.
Córdoba es el rostro anticipado de la Argentina. En sus hechos heroicos y en sus miserias. Luces y sombras que reflejan, mejor que nada, las contradicciones de este país hecho de pan y en el que siguen muriendo chicos de hambre.
La Córdoba gorila y conservadora, propulsora del Modelo del Agronegocio, le sigue ganando por goleada a la Córdoba de la Reforma Universitaria, el Sindicalismo Revolucionario, el “Cordobazo” y el “Viborazo”.
La Córdoba del “Cordobazo”, el “Viborazo” y el Sindicalismo Revolucionario, fue también el escenario del primer contragolpe monárquico contra la Revolución de Mayo; de la Reforma Universitaria que se extendió como un reguero de pólvora por toda América; del amplio triunfo electoral de Amadeo Sabattini en la década del fraude patriótico conservador; del inicio de la “Revolución Fusiladora” que derrocó al peronismo en 1955; del Gobierno de Obregón Cano y Atilio López en 1973; del “Navarrazo”, grotesco golpe policial que terminó con ese mismo Gobierno Popular un año después; del terror y la muerte sembrados por los grupos paramilitares del Comando Liberadores de América; de la paz de los cementerios que impuso a sangre y fuego el genocida Luciano Benjamín Menéndez; del silencio cómplice de la cúpula eclesiástica; de las plazas repletas de pueblo para acelerar el retorno de la democracia y para defenderla frente a las asonadas de los carapintadas; de las movilizaciones populares contra el derrumbe del Estado Provincial con Angeloz y el feroz ajuste de Mestre; del conflicto consecuente y unitario en defensa del EPEC -transformada en Sociedad Anónima por Llaryora- y el Banco de Córdoba -convertido en Sociedad Anónima por De la Sota- en los primeros gobiernos del “Cordobesismo”; al cuestionamiento de la práctica antisindical y los extendidos niveles de pobreza durante la administración de Schiaretti y, particularmente, a la lucha sin cuartel para frenar el desguace de la ciudad perpetrado por Kamerath; el desmanejo de Ramón Mestre (h); la administración con tufillo neoliberal de Martín Llaryora desde el Palacio 6 de julio; y la precarización maquillada de ordenamiento de las cuentas públicas de la gestión de Danial Passerini.

Plazoleta del Fundador.
Desde el retorno de la democracia Córdoba fue gobernada por dos partidos: La UCR y el PJ. Tres gobernaciones de Angeloz, una de Mestre, tres de De la Sota, dos de Schiaretti y la actual de Llaryora. Angeloz inicio la idea fuerza de que “Córdoba es una Isla”, calificación que luego fuera perfeccionada por el “Cordobesismo” impulsado por De la Sota y Schiaretti y perpetuada por Llaryora con su “Partido Cordobés”.
A casi 43 años del retorno de la democracia, ellos son responsables del actual estado de postración, endeudamiento y desigualdad social, un descalabro promovido por el Pacto de Gobernabilidad del Partido Único Cordobés, bajo la atenta mirada de la Fundación Mediterránea, el Grupo de Entidades Empresarias de Córdoba (G6), los barones del Agronegocio, la Familia Judicial y el Tercer Cuerpo de Ejército. Más la inestimable colaboración de los tanques mediáticos del Grupo Clarín (La Voz del Interior, Canal 12 y Radio Mitre) y la inefable Cadena 3.
La Córdoba monacal y reaccionaria y la Córdoba popular y revolucionaria viven en permanente tensión. Los antagonismos y las paradojas dominan el paisaje mediterráneo y se codean en la Peatonal, aunque claramente la primera se impone sobre la segunda. Esta ciudad que votó y apoyó masivamente a Macri y que votó y apoya casi sin fisuras a Milei, ha enterrado en gran medida a la Córdoba rebelde para asumir en plenitud su carácter de urbe retardataria y gorila, que promueve la demolición de las sierras para agrandar el negociado de los desarrolladores urbanos, profana los sitios sagrados de los pueblos originarios, reivindica a una de las policías más corruptas del país y ha deforestado de manera salvaje la casi totalidad del Bosque Nativo para el aplauso de los dueños del Agronegocio.

La Cañada de Córdoba.
Córdoba vive sumida en sus propios consensos y desacuerdos, en el folklore de sus personajes inmortalizados en la Revista Hortensia del incomparable Alberto Cognini, que bebe a granel su más típica invención autóctona: El fernet con coca, y baila al ritmo del cuarteto, cumple hoy 453 años. Y lo celebran los hinchas de Belgrano y Talleres, de Instituto y Racing de Nueva Italia; los estudiantes universitarios y los trabajadores del cordón industrial; los curas de las villas y los cantores de las peñas que pueblan la ciudad surcada por La Cañada; los changarines de las barriadas populares y el pobrerío que crece de manera escandalosa en el Gran Córdoba, donde el desempleo causa estragos y el hambre es un crimen.
De paradojal queda poco y nada en esta Córdoba gobernada por los gerentes de los que mandan: Pagani, Urquía, Roggio. Un cumpleaños que se festeja con la chispa de los negrazones que cultivan inmaculada la clásica tonada cordobesa.
*Periodista. Congresal Nacional de la CTA Autónoma en representación de la Provincia de Córdoba