Por Néstor Pérez*
El hombre de campo, convenientemente vestido de CEO en circunstancias donde los mercados huelen poco a bosta y mucho a glamour revival 1990, se ocupó de lanzar rápido el “estamos juntos” cuando arrancó su discurso con el que inauguró la exposición de Palermo, arropado por las figuras más encumbradas de…”Juntos por el Cambio”. No mucho después, al enumerar a los presentes, la platea estalló en un aplauso sostenido y estridente cuando Nicolás Pino mencionó a las FFAA; habían sido saludados anteriormente funcionarios de distinto color, pero las palmas enrojecieron solo cuando el productor agropecuario que conduce los negocios de la Sociedad Rural se ocupó de los militares.
Para quienes se obstinan en olvidar (o no saber), las Fuerzas Armadas garantizaron a metralla, secuestro, tortura y gestión, todo el entramado de negocios de los dueños de la tierra y las vacas, desde que las armas de la libertad y la independencia pasaran a manos de vulgares gendarmes de los negocios privados.
Existe una fuente documental, un plano, que data de 1885, la difundieron los hermanos Edward y Michael Mulhall, escoces de nacimiento, radicados en Argentina, en un trabajo llamado Manual del Río de la Plata (Handbook of The River Plate). En ese relevamiento se detallan 1430 lotes de 10.000 hectáreas, es decir, 100 kilómetros cuadrados cada uno. Por tanto, presenta el reparto de más de 14 millones de hectáreas (143.000 kilómetros cuadrados), lo que equivale a la superficie total de la actual Provincia de La Pampa, o casi la mitad de la provincia de Buenos Aires, y representa una extensión que supera la dimensión de cada una de catorce provincias argentinas.


Nicolás Pino, Presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA).
En muy pocas manos, privilegiadas y sin haber hecho otra cosa que nacer en el lugar “adecuado”. El plano consigna, ya para 1885, la venta de casi mil lotes (942 exactamente), que representan alrededor de diez millones de hectáreas repartidas entre poco más de 350 personas. Todos apellidos que integran el legado de la Sociedad Rural. La reacción y los negocios en clave oligárquica.
Los mil productores rurales más grandes de la Argentina concentran el 30 por ciento de la producción total del campo. Son 8000 hectáreas en promedio la superficie de producción que maneja esa cumbre empresaria. Los mil productores más chicos tienen, siempre en promedio, 40 hectáreas.
Lo apuntado arriba sobre las Fuerzas Armadas dice menos de sus miembros, cuyos altos mandos son oficiales forjados en democracia, que de los dueños de la tierra, las vacas y el antídoto contra las masas populares. Al cronista se le vino de inmediato la lluviosa tarde del 18 de agosto del 88, cuando silbaron al Presidente Alfonsín disgustados por las retenciones.
El desorden económico que solo produce pobreza, hambre y exclusión sigue alentando la chance de políticos, alianzas y esquemas electorales que disputan la renta con los sectores del trabajo, con los productores sin tierras, con los quebrados o por quebrar. Son quienes promueven a estos hombres y mujeres de negocios camperos como ilustres sujetos de la economía nacional, cuando apenas se trata de una clase siempre rabiosa con las propuestas que desafíen su estructura de dominación histórica.
La Sociedad Rural custodia la dominación patrimonial de los dueños la tierra, al tiempo que preserva la sujeción que ordenara la división internacional del trabajo desde mediados del siglo XIX: Argentina debe seguir vendiendo producción primaria, como era entonces, como siempre quisieron que sea. Aún no pudimos con ellos. Con la oferta electoral del peronismo, nadie vislumbra que el modelo de negocios concentrados de las patronales camperas agote su derrotero. Lo saben, y ya descorchan a cuenta.
*Periodista. Secretario de Finanzas del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTAA)