La CTA-A homenajeó a Germán Abdala y recordó un nuevo aniversario del “Grito de Burzaco”

El salón principal de la sede de la CTA Autónoma Nacional se vio repleto el jueves pasado por la noche cuando se convocó a homenajear a quienes sentaron las bases de la Central de Trabajadores/as de la Argentina con su lucha y su compromiso.

Ese mismo salón, que albergó a cientos de dirigentes y militantes en este acto, y que es testigo de decenas de reuniones de trabajadores y trabajadoras todas las semanas, fue bautizado con el nombre de Germán Abdala, uno de los máximos referentes estatales y una figura destacada del sindicalismo en general.

Miembro de la Juventud Peronista en sus inicios, luchador incansable durante la última dictadura cívico-militar, clave en la recuperación de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), y miembro del llamado “Grupo de los Ocho” como Diputado Nacional, dando batalla al avance neoliberal del menemismo, Abdala fue también un eslabón fundamental en aquel denominado “Grito de Burzaco” de 1991.

Este reconocido y admirado dirigente estatal tendrá ahora un permanente reconocimiento en el salón principal del edificio ubicado en Bartolomé Mitre 744 (CABA), no solo aportando su nombre, sino también su imagen en una importante escultura y una frase que quedará inmortalizada: “Las ideas no han muerto, nuestra memoria no está pisoteada, nuestro pasado nos da orgullo y nuestro presente es la transformación”.

En ese contexto, los secretarios Generales Adjuntos de la CTA Autónoma, María Ana Mandakovic y Ricardo Peidro, dedicaron unas sentidas palabras: “Nos enseñó que un país mejor es posible”, señaló la dirigente. “Sus ideas lo muestran eternamente joven, siendo una referencia que aún está vigente.”, agregó Peidro.

La moderación del evento estuvo a cargo del secretario de Cultura de la CTA, Marcelo Paredes, quien, antes de pasar a la instancia de reconocimientos para los y las impulsoras del “Grito de Burzaco”, recordó la histórica consulta popular del Frente Nacional Contra la Pobreza (FRENAPO), llevada a cabo hace 22 años, los días 14, 15 y 16 de diciembre de 2001.

Como un halo de esperanza colectiva y señal de nueva resistencia, aquella consulta popular surgió como una respuesta al brutal ajuste que pretendía hacer el gobierno de Fernando De La Rúa, permitiendo que más de 3 millones de argentinos y argentinas se expresaran en las urnas para manifestar su disconformidad, siendo probablemente una de las iniciativas más ambiciosas del campo popular en las últimas décadas.

Antes de dar paso a la siguiente instancia del acto, Joana Giménez, Secretaria de Juventudes de la CTA-A, agradeció la presencia de dirigentes de la conducción nacional de la Central, referentes regionales, así como integrantes de otras centrales sindicales y movimientos populares: la CTA de los Trabajadores, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) o el Movimiento Barrios de Pie, fueron algunas de las organizaciones destacadas.

Mediante la entrega de una placa a manos de los principales referentes de la actual conducción nacional de la CTA-A, los y las impulsoras del histórico “Grito de Burzaco” fueron presentándose ante un gran número de asistentes que los abrazó en un sentido aplauso.

Nahuel Croza, Carlos Martínez, Silvia Almazán, Claudio Marín, Jorge Portel, Guillermo Díaz, Rodolfo Arrechea, Cecilia Cecchini, Néstor Piccone, Ricardo Peidro, y Carlos Custer (en orden de entrega de placas) fueron los referentes de aquel hito fundacional que marcó un antes y un después en la historia de la clase trabajadora argentina, y que estuvieron presentes este jueves en la sede de la CTA Autónoma para el reconocimiento.

Hugo «Cachorro» Godoy, Secretario General de la CTA, fue el encargado de dar cierre al acto: «En aquel entonces, el desafío de la unidad estuvo planteado. Había que auto convocarnos en asamblea para restituir la unidad de la clase. Y así como en ese momento hubo capacidad de reinventar y resistir, también hubo capacidad de construir propuestas de nuevo tipo».

En ese sentido, el dirigente agregó: «Hoy necesitamos una unidad que no sea por el espanto, sino una unidad creativa, para enfrentar una crisis de representatividad, el vacío de liderazgos, y construir de una sociedad que no sea una cáscara vacía, y por eso tenemos que aferrarnos a ese pasado que supimos crear, para afrontar estos nuevos momentos de la historia, donde una experiencia neofascista gobierna el país»

«Hay que afianzar nuestro compromiso con un nuevo modelo sindical, para la unidad de la clase y la unidad de propuestas de nuevo tipo.», concluyó Godoy.

Un grito de resistencia y esperanza

El encuentro de Burzaco realizado el 17 de diciembre de 1991 debatió en torno al modelo de organización sindical que permitiera enfrentar las políticas laborales, además de debatir alrededor de prácticas que permitieran democratizar las representaciones gremiales.

Ese modelo sindical debía basarse en cuatro prácticas fundamentales que, en la visión de quienes las propugnaban, rompían con el viejo sindicalismo.

La primera de las prácticas enumeradas consistía en la autonomía sindical con respecto al Estado, los patrones y los partidos políticos. La segunda práctica remitía al establecimiento de la democracia sindical que se expresaría principalmente a través del voto directo como mecanismo de designación de autoridades. En tercer lugar se reconocía la prioridad de promover la apertura del nuevo espacio a otros sectores de la sociedad, como canal de expresión de sus demandas, especialmente si éstas provenían de quienes se encontraban excluidos del «modelo». La última práctica que se mencionaba aludía a la revalorización de la ética gremial en rechazo tanto de actos de corrupción como de posturas que terminarán perjudicando la situación de la clase trabajadora en nombre de un supuesto pragmatismo como fundamento de la negociación.

Fuente: www.ctaa.org.ar