Por Maristella Svampa
Es un momento de gran desconexión política y afectiva entre el Gobierno de Milei y la sociedad argentina. Y esto se expresa por dos hechos/ efectos/ acontecimientos políticos recientes:
1) El “efecto bandera de Malvinas”, producido durante el mundial de fútbol, que generó una rápida cadena de equivalencias e hizo que en nombre de la soberanía amplios sectores de la sociedad se manifestaran en defensa de la tierra, los bienes comunes, los recursos naturales, denunciando el proyecto de la ley de tierras y el creciente proceso de extranjerización promovido por el Gobierno de Milei.
2) El efecto “morosidad”, de cara a la visibilidad que tomó el tremendo endeudamiento de los argentinos (casi 6 millones) con bancos y billeteras virtuales a tasas usurarias, algo que el Gobierno busca minimizar e insiste en que es solo una cuestión entre privados y que el Estado no debe intervenir. Un drama social que pone al desnudo una nueva versión de la crueldad del modelo.

Milei eligió abordar un frente, el que facilita una salida más declamativa, hablar de la Soberanía de Malvinas, de “los nuevos vientos”, de geopolítica, de recursos naturales y subrayando la alianza con Estados Unidos.
No es solo lo oportunista de la declamación (cómo olvidar que hasta ayer Milei reivindicaba a Margaret Tatcher e incluso durante el mundial de fútbol habló de “adolescentes termos mononeuronales”para referirse al reclamo de Soberanía por las Islas Malvinas).
Hay algo de Galtieri en el aire, una suerte de falso nacionalismo y de manipulación de una causa nacional, que anuncia también el inicio de la campaña electoral.
Creo que no debería tranquilizarnos, sino todo lo contrario.
Porque si no es declamativo, es porque hay algo perverso detrás, políticamente hablando, porque todo lo que hace Milei huele a colonia.