Por Jesús Chirino*
Desde el tiempo de la Confederación Argentina estuvo la idea de una línea férrea que uniera los dos océanos. Años después, el ferrocarril Andino fue el primero de propiedad nacional y tuvo como objetivo llegar hasta la Cordillera de los Andes. El recorrido no tenía atractivo comercial para que lo construyera una empresa privada, por ello fue obra del Estado y se convirtió en el primer ferrocarril nacional, aunque luego fuera concesionada su explotación.
El acto de inauguración de su último tramo contó con la presencia del presidente de la Nación. El tren que llevaba a los invitados pasó por Villa María, donde nacía el tendido del Andino.
Sin luz en los vagones
La traza ferroviaria, construida por el Estado, entre Mendoza y San Juan quedó liberada al uso público a principios de abril de 1885. El acto inaugural fue realizado en la localidad de Mendoza, con la presencia del entonces presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, ministros de su gabinete, junto a representantes diplomáticos e integrantes del Congreso Argentino.
El día viernes de esa semana partió, desde la estación ferroviaria de la ciudad de Rosario, una formación ferroviaria con 418 pasajeros, rumbo a Mendoza. El tren se puso en movimiento a las cuatro y media de la tarde y a las cinco de la mañana del día sábado, con dos horas de retraso, llegó a Villa María.
Un viajero relató aquel recorrido y el testimonio, rescatado por Carlos Fernández Priotti en uno de sus libros, señala que embarcaron “en Rosario con dirección a Mendoza, ante una perspectiva poco halagüeña de pasarnos dos noches en los carruajes del tren”. Señala la falta de “wagones (sic.) dormitorios, de los cuales tan solo uno venía hasta Mendoza, pero con sus asientos ocupados”. En la estación de Carcarañá se sumaron a la formación dos vagones del Ferrocarril Andino.
En Cañada de Gómez pararon a cenar. Poco antes de llegar a ese lugar, el día había perdido su brillo y la oscuridad nocturna ingresó a los vagones. Según el viajero que escribió acerca del viaje, los vagones del Andino no tenían luces; ante el reclamo de los pasajeros, el guarda, con su poco manejo del idioma español, les respondió: “Este coche no ser de nosotros, ser ferrocarril Andino, luz recién hasta Villa María”. Y era así porque en esta estación estaban las lámparas que se colocaban en “dos enormes boquerones que existían en el techo del carruaje”. Desde Cañada de Gómez hasta Villa María, la única luz en uno de esos vagones fue una vela “metida en una botella”, sostenida por un pasajero parado.
Equivocación de destino
En Villa María se realizó el trasbordo de pasajeros, pues algunos vagones seguían por el tendido ferroviario del Central Argentino hacia la ciudad de Córdoba, en tanto que los otros continuaban hacía Mendoza. A las diez de la mañana, cuando ya habían cubierto gran parte de la distancia entre Villa María y Río Cuarto, se percataron “que un coche del Central Argentino con asiento de esterilla, que debía ir a Mendoza, por equivocación se había prendido al convoy del tren que iba a Córdoba”, es decir, que sesenta pasajeros eran dirigidos a un destino equivocado.
¡Se soltaron los vagones!
Pasado el acto de inauguración en Mendoza, el tren regresó con el coche presidencial, donde venía Julio Argentino Roca, demás autoridades e invitados. En Villa María, la formación paró durante una hora y media luego de lo que, hasta ese momento, había sido un viaje feliz. Según una crónica publicada en La Capital, el administrador del Central Argentino, Sr. Fisher, “aseguró que en seis horas, o tal vez en menos, se estaría en el Rosario”. Con ese buen augurio, el tren partió. En Bell Ville paró a cargar agua para la máquina a vapor, lo mismo hizo en Espinillos (actual Marcos Juárez). La formación ferroviaria estaba armada por la locomotora, dos vagones con leña, dos furgones que llevaban equipaje, dos coches antiguos del Ferrocarril Andino, cuatro coches dormitorios. Cada uno de estos últimos se llamaban: “Mendoza”, “Rosario”, “Buenos Aires” y “Villa María”. También formaban parte del convoy el coche presidencial y el del administrador del Central Argentino.
Según la crónica periodística referida, el tren “marchaba a razón de sesenta o setenta kilómetros por hora; la vía, en estado excelente, daba al tren un movimiento suave en relación con la marcha. De pronto corrió la voz de ¡Se ha cortado el coche del presidente! Y se vio a los guardas correr a sus puestos”.
Algunos se tiraron del tren
El tren seguía su marcha, pero sin los últimos tres vagones, que se habían desprendido de la formación. “Muchos de los pasajeros de los coches que siguieron andando sin la máquina se asomaron a las ventanillas y balcones y, sin comprender el alcance de sus actos, comenzaron a hacer señales de parar”. En tanto, los guardas hacían señales de que no paraba el tren, pues los vagones, por inercia, seguían su marcha. Por cinco minutos, las cosas transcurrieron en medio de esa confusión, con los vagones desenganchados, incluido el coche presidencial, corriendo por la vía sin ser tirado por máquina alguna. Suponiendo que ya habían sido apretados los frenos de los vagones, la máquina comenzó a disminuir su velocidad.
Cuando el tren estaba viajando a 15 kilómetros por hora fue alcanzado por los vagones desprendidos. Ante el inminente peligro del choque, algunos pasajeros se arrojaron a tierra, otros que tenían el mismo objetivo quedaron atascados en las ventanillas.
Desparramos de vagones
El choque se produjo a las 16.45 horas, cerca de la estación General Roca, en cuyas inmediaciones se detuvo la máquina luego de los golpes causados en el accidente. Los coches “Buenos Aires” y “Villa María” quedaron a unos ochenta metros de los otros, con los paragolpes destrozados, al igual que el coche presidencial. En tanto, la máquina se separó trescientos metros del resto de la formación. Dentro de los vagones se rompieron objetos, vidrios, vajilla y algunas personas sufrieron contusiones, pero nada de gravedad. De la familia Roca, la única herida fue su hija Agustina. El polémico Roca no sufrió ningún rasguño.
Luego de atar los vagones con cuerdas se prosiguió el viaje hasta Cañada de Gómez, donde se hizo un alto para cenar, y luego siguieron hacia Rosario, donde llegaron a las diez y media de la noche.
*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar