Crisis de los 90: Desempleo y bajos salarios

Por Jesús Chirino*

No todo lo pasado fue mejor, ni tampoco es cierto que nuestro país solo tuvo éxitos y buenos tiempos bajo los gobiernos conservadores en lo político y liberales en lo económico.

Aquí nos asomamos a una de las tantas crisis económicas que, más allá de las circunstancias de la economía mundial, fueron generadas por este tipo de gobiernos-

Incremento de la deuda

En 1890, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman, nuestro país sufrió una crisis económica y financiera generada tanto por las deudas que se habían tomado años antes como por la especulación que generó una burbuja financiera.

Gran parte de la deuda que arrastraba el país había sido tomada durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca, en la década de 1880, cuado también se expandieron las importaciones, se produjo incorporación de territorio a partir de la campaña de la denominada “conquista del desierto” y se produjo un abuso del crédito externo.

Inducidas por las inversiones inglesas, creció la importación de productos británicos como hierro, acero, materiales para ferrocarriles, cercos de alambre, máquinas trilladoras y arados de acero, pero las exportaciones argentinas no siguieron el mismo ritmo. Nuestro país vendía materia prima e importaba productos manufacturados. Se aplicaron políticas tendientes a la captura de inversiones extranjeras. Estas llegaron y generalmente eran inglesas. En los años ´80, del siglo XIX, Argentina había captado entre el 40% y el 50% de todas las inversiones británicas fuera del Reino Unido.

Aumento de precios, baja de salarios

A medida que internacionalmente caían los precios de los productos que la Argentina exportaba, se incrementó el valor de todo lo manufacturado. Los inversores pretendían cobrar lo más pronto posible. La base monetaria había aumentado considerablemente y el Gobierno le debía mucho a los bancos. El cuadro de situación hizo que mermara la confianza en la capacidad de pago del país. Todo llevó a que se detuviera el ingreso de nuevos capitales y la rueda de la economía ya no pudo seguir andando.

Para entonces, el país ya había vivido las crisis de 1884 a 1886, que fueron el prolegómeno a la de 1890 que afectó de manera importante la vida del país. Los salarios sufrieron un gran proceso de desvalorización, se produjo el aumento de precio en los artículos de primera necesidad. Esa difícil situación se vivió en el marco de una manifiesta incomprensión del sector patronal, aumento de la jornada de trabajo e indiferencia de parte de las autoridades.

Desocupación y malas condiciones laborales en Villa María

La crisis también llegó a la pequeña población que entonces era Villa María. Aquí la propiedad de la tierra urbana estaba concentrada, pocos dueños tenían grandes extensiones de terrenos. La crisis hizo que se paralizara la obra privada. Los recursos económicos comenzaron a mermar y el movimiento de mercancías mediante el transporte ferroviario también fue afectado. El comercio local se vio obligado a recibir los denominados “Bonos Agrícolas” para poder cobrar sus deudas. A su vez, los propietarios de los negocios pagaban las tasas municipales con esos mismos bonos.

El 8 de julio de 1891, Silvestre Peña, entonces intendente municipal de Villa María, refiriéndose al pago de las contribuciones municipales con este tipo de bonos, que hacían los comerciantes, en una carta escribió: “Los hacen exclusivamente con esa moneda, resultado de que no habiendo en tesorería otra clase de moneda que los bonos agrícolas, solo con ellos tienen que hacer sus pagos, pero los acreedores con mucha justicia no quieren recibirlos, sino por el precio corriente de plaza, sujetándose con tal motivo serias dificultades para cualquier pago”.

La diferencia entre el valor nominal y el de mercado de los bonos, produjo conflictos. El municipio los recibía a valor nominal, aunque circulaban con una depreciación que iba del 20% al 30%. Cuando el municipio pretendía pagar con bonos a sus proveedores, estos solo lo querían recibir a su valor comercial. Por eso, el mismo intendente decía: “En estas condiciones, ningún comerciante quiere tener tratos con la Municipalidad, salvo estableciendo precios (valores) que los resguarde de la depreciación”. La situación llevó a que el presupuesto municipal de 1891 sufriera un importante recorte.

La crisis llevó a que la desocupación creciera de manera considerable en Villa María y no pocos vecinos se marcharon de la ciudad en busca de mejores horizontes laborales. Por su parte, la actitud de la patronal local no se diferenció del que mantenía su sector a nivel nacional. Se endurecieron las condiciones laborales y los sueldos que se pagaban eran muy bajos.

Faltando pocos meses para el final de la intendencia municipal de Florencio Arines, que terminó el segundo día de diciembre de 1895, cuando aún persistían los efectos de la crisis, el 13 de junio de 1895, el periódico rosarino “El Municipal”, dirigido por Deolindo Muñoz, publicó que, en Villa María, el flamante jefe político, es decir, delegado del gobernador provincial, “José María Altamira, acaba de dictar edictos poniendo en vigencia a ley sobre vagancia”, una figura legal que permitía perseguir a los sectores pobres, instrumento legal concebido para el disciplinamiento social. Normas que se les torna necesarias a quienes, desde un ideario autoritario, gobiernan en tiempo de crisis.

*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar