Por Jesús Chirino*
En el libro “Pioneering in the Pampas”, escrito por Richard Arthur Seymour, cuyo título fue traducido al castellano como “Un poblador de las pampas”, el inglés describe las experiencias que tuvo entre 1865 y 1868, cuando vivió en nuestra zona. En especial, hace una pintura de cómo era Villa Nueva. La edición del libro, traducida y anotada por Justo P. Sáenz (hijo), hombre de la literatura gauchesca argentina, fue publicada por la Editora y Distribuidora del Plata, en la ciudad de Buenos Aires durante el año 1947.
La visión de un europeo
La lectura de este tipo de documentos históricos obliga a tener la precaución de entender que lo descrito allí no es más, ni menos, que la percepción de un sujeto que vivió en ese tiempo. No se trata de un estudio de la época ni tampoco de algo que trascienda la visión individual del autor. De todas maneras, son materiales interesantes, pues no solo permiten advertir lo que cada autor señala acerca de la realidad del lugar, sino también desde donde se observó.
En “Pioneering in the Pampas” quedó plasmada la visión del autor acerca de cómo se vivía en la zona durante la época del desarrollo del proceso fundacional de Villa María dentro de la pedanía de Villa Nueva. El autor dejó plasmada su visión acerca de la vida en estas latitudes, lo cual incluye la relación con el indio, las costumbres del gaucho, el desarrollo del novedoso ferrocarril, la introducción del alambrado, la llegada del arado a vapor y la vida de aquellos que estaban estableciéndose en la zona.
En el libro queda explícito que el autor visualiza todo desde los conceptos que le proporciona su cultura europea. Eso se nota cuando en el escrito aparecen cuestiones tales como la supuesta superioridad del hombre blanco ante el indio, incluso se habla de las invasiones de los originarios a las tierras que ocupaban los llamados civilizados. Ante lo cual podríamos preguntar: ¿quién invadía a quién? Más allá de esos debates, sabemos que esas tierras fueron ocupadas desplazando, cuando no eliminando, a los pueblos que vivían en ellas.
Seymour describe las incursiones de grupos de indios desde el convencimiento de que estas tierras no eran de ellos y menos entendiendo que esos pueblos fueron agredidos. Es claro que escribió desde una visión eurocentrista, es así que cuenta cómo se organizaban las partidas de milicianos y parroquianos para ir en persecución del indio, las maneras de reclamarle seguridad al gobierno por sentirse expuestos a las invasiones de aquellos que venían a llevarse el ganado. En ningún momento habla de manera de concertar, solo repite la necesidad de imponer la ley mediante las armas de fuego.
Camino a Villa Nueva
Encontramos una descripción del paisaje que observó en su viaje desde Rosario hasta Fraile Muerto (actual Bell Ville): “El campo que atravesamos era, como de costumbre, perfectamente chato, y solo ocasionalmente podían verse unos arbustos o un rancho, es decir, choza de barro. De tanto en tanto aparecían algunos venados y avestruces, pero lo que más frecuentemente encontrábamos era una especie de grandes halcones llamados caranchos…”.
Señala que, desde Bell Ville, el paisaje era distinto: “El camino desde Fraile Muerto a Córdoba corre en casi su totalidad a través del bosque o monte, como aquí se le llama, siendo sin duda mucho más pintoresco que la parte del mismo comprendida entre Rosario y Fraile Muerto. Los árboles que observamos en este trayecto eran en su mayoría algarrobos, chañares, espinillos y talas, todos ellos espinosos y ninguno de gran altura”.
En relación al trayecto entre Bell Ville y Villa Nueva señala: “El camino de Fraile Muerto a Villa Nueva en algunas partes es muy bonito, ya que aquí y allá divísase el Río Tercero -actual Ctalamochita-, con sus altas barrancas cubiertas de sauces llorones y espeso monte natural lleno de enredaderas. El avanzar a través de esta maraña resulta extremadamente difícil, salvo en el caso de que se lo haga por el camino”.
Condiciones del viaje
El inglés partió desde Liverpool el 17 de enero de 1865, a bordo del vapor Kepler, y arribó a Buenos Aires a las 8 de la mañana del segundo día de marzo. Luego recorrió parte de nuestro país. En cuanto a su traslado hasta esta zona, escribió: “La diligencia no ofrece en ninguna forma un viaje placentero, y las de Sudamérica son quizás los vehículos de transporte más incómodos conocidos. Impúlsanlas seis, siete o diez caballos, según las condiciones en que se hallen los caminos. Cada animal, tirando atado a la cincha, lleva a su jinete (postillón), que lo lanza a todo galope sin reparar en surcos, cuevas de vizcachas, etc. que puedan encontrar. Los caminos no están macadamizados ni mucho menos, siendo solo una simple huella abierta sobre la planicie. Unos seis infortunados seres pueden ubicarse dentro de este armatoste, semejante a una vetusta silla de posta, y cabiendo dos más sentados en el pescante con el conductor (el mayoral)… La diligencia muda caballos aproximadamente cada cuatro leguas”.
Cruzar el río en Villa Nueva
En su descripción de Villa Nueva, en los tiempos que llegaba el ferrocarril a la zona, dice: “Habíamos cruzado el río en Villa Nueva, pueblito situado a unas 17 leguas de Fraile Muerto, y a 33 de Córdoba. Era entonces una localidad muy pobre, pero desde la llegada del ferrocarril ha crecido mucho, y algún día, probablemente, adquirirá importancia”. En varias oportunidades menciona Esta localidad, incluso cuando decide, junto a sus socios, desarrollar la agricultura en su estancia denominada Monte Molino, también conocida como Monte Molina, dice venir a buscar semillas a esta localidad: “La labranza en Monte Molino progresaba tan rápidamente que, hacia principios de junio, me fui con un vecino hasta Villa Nueva, a fin de adquirir una semilla de trigo que se nos había ponderado mucho”. En ningún momento menciona la naciente Villa María.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar