Por Jesús Chirino*
El reconocido lugar de fe católica
En la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires, se erige el edificio de un templo del culto católico que se encuentra entre las iglesias de mayor importancia en el país: la Basílica de Nuestra Señora de Luján, dedicada a la patrona de Argentina y considerada Santuario Nacional Argentino. El proceso de planeamiento y construcción de estilo neogótico se inició en 1887 para ser concluido, con sus características torres de 106 metros de altura, en el año 1935. Los trabajos de obra tuvieron inicios el 6 de mayo de 1890.
Al inicio del proyecto, se colocó, a una profundidad de 4 metros, la piedra fundamental en el lugar donde se encuentra el altar mayor. La misma es un cubo pétreo traído desde Tandil, de color blanco y con un hueco en el centro. En esa cavidad se depositó el Acta Fundacional, monedas de distintos metales, los retratos de los Papas Pío IX y León XIII, piedras de la Gruta de Nazareth y del Monte Calvario. También fueron depositadas piedras de las Catacumbas de Roma, de los Santuarios de Loreto, del Pilar de Zaragoza, de Montserrat, de Lourdes, de La Salette y de la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre.
Al darse por finalizadas las obras se realizaron varios homenajes al padre Jorge María Salvaire por ser quien impulsó la construcción. En la oportunidad, se le erigió una estatua en la propia Basílica.
Historiador que documentó la ligazón Villa Nueva-Luján
Monseñor Juan Guillermo Durán, autor del libro “El Padre Jorge María Salvaire y la Familia Lazos de Villa Nueva”, una obra de 670 páginas y muy documentada, en la cual se cuenta la ligazón que existe entre la construcción de la Basílica y Villa Nueva y zona, supo declarar que Salvaire “… le había hecho a la Virgen de Luján la promesa de levantarle un nuevo templo sobre el antiguo del siglo XVIII, alzado por Lezica y Torrezuri, que presentaba deficiencias serias en su construcción. La promesa, hecha en 1873, constaba, en realidad, de tres partes: escribir la historia de la Virgen, difundir el culto y construir el nuevo templo. Salvaire cumplió todo y tenía solo 28 años”. Durán supo venir a Villa Nueva a presentar el referido libro.
En nuestra zona, el licenciado Jorge Daher es una de las personas que se ocupó de divulgar este acontecimiento que vincula la pedanía de Villa Nueva con el templo que tanto simbolismo posee para los argentinos, lugar de peregrinación, incluso durante los años ´70 con, por ejemplo, las peregrinaciones juveniles que significaron todo un desafío para la dictadura que veía un peligro en la juventud. En ese tiempo, un grupo valiente compuesto por religiosos, religiosas y laicos organizaron las multitudinarias peregrinaciones al templo en medio de una dictadura que contaba con la participación de las altas autoridades eclesiásticas.
Los lazos de Villa Nueva
Eran tiempos en que, por un lado, se daban invasiones a las tierras donde vivían los pueblos originarios de este continente y, por otra parte, se producían incursiones de los llamados indios a instalaciones rurales y poblaciones donde se establecían quienes representaban la cultura europea. En esa disputa por el territorio de un lado y otro, se solían tomar prisioneros.
En un escrito de difusión, Daher señala que el vínculo entre la construcción de la Basílica y Villa Nueva, se da a partir de un hecho ocurrido en la entonces Pedanía de Villa Nueva, territorio que abarcaba lo que actualmente corresponde a, entre otras, esta ciudad, Villa María, Arroyo Cabral, Ballesteros y Ausonia. Dice que en un espacio de explotación agropecuaria “que entonces se denominaba ‘Los Torromotes’, más precisamente ´Los Terremotos. Jacinta Rosales y sus cuatro hijos de apellido Lazos fueron cautivos. Sucesos producidos durante el 16 y el amanecer del 17 de octubre de 1866”. Así se inició la historia de estos villanovenses tomados prisioneros en Villa Nueva.
La mujer había estado casada “con Francisco Lazos, fallecido en 1860. De este matrimonio nacieron varios hijos, siendo cautivos: Natalia, de 15 años; Cristina, de 14; Cándido, de 13; y Valerio, de 10; todas edades aproximadas. Al momento del malón, Jacinta hacía ocho meses que nuevamente se había casado con Eleuterio Cabral, seguramente muerto en el episodio”.
La busca de ayuda
En 1872, “Jacinta fue liberada de los ranqueles y da comienzo a su proeza para el rescate de sus hijos que se encontraban en las tolderías del cacique Calfucurá, en Salinas Grandes. Liberada, seguramente por algún tratado de paz, es enviada a San Luis, según informe de José M. Lozano. En sus años de cautiverio, que fueron terribles, se produjo el nacimiento de otro hijo, Benito Manuel Marcos, que al momento de la liberación tenía 7 años, aproximadamente”.
Daher manifiesta que Jacinta volvió a Villa Nueva y se reunió con “Lorenzo su hijo mayor” y decide “viajar a Buenos Aires para tramitar apoyo de personas e instituciones. Ayudaron a Jacinta, Salustiano Carranza, de Villa Nueva, comerciante y juez, quien se interesó particularmente consiguiendo que viajara a Buenos Aires y fue quien recomendó a su amigo Lozano para que contribuyera con el rescate”. Este era un acomodado comerciante porteño que quizás fue quien puso en antecedentes del caso al Padre Salvaire.
El religioso y el primer intento
Salvaire nació en Francia en 1847 y en 1871 se estableció en Argentina. Era misionero lazarista y cuando fue ordenado sacerdote colaboró en la pequeña Villa de Luján dictando clase en el seminario recién fundado. Luego tuvo otros destinos y en mayo de 1875, el obispo de Buenos Aires, Federico Aneiros, lo comisionó para rescatar a los cautivos de Villa Nueva.
En julio de ese año, en la localidad de Azul, conoce a Jacinta. Acerca de ese encuentro el sacerdote expresó que “la visita y conversación de esta madre afligida, ha aumentado en nosotros el ánimo de hacer el viaje”.
La expedición hacia las Salinas Grandes y Carmen de Patagones, comenzó el 16 de septiembre de ese mismo año. Este intento quedó frustrado, pues el sacerdote se encontró con un grupo del Ejército y juzgó que aparecer con ellos sería algo que dificultaría que se entendiera como tal a su intento pacífico de rescatar a los prisioneros. “Además, vivió con ese grupo de funcionarios jornadas que lo irritaron por el nivel de corrupción y maltrato que tuvieron con el grupo de ranqueles que lo acompañaban a los toldos de Namuncurá”.
Salvaire, Jacinta Rosales y Namuncurá
El 20 de octubre emprendió otro viaje hacía las tolderías de Manuel Namuncurá, hijo de Juan Calfucurá, “quien lo esperaba, pues respetaba mucho al Obispo Aneiros y deseaba conocer al Padre Salvaire. El objetivo era liberar ‘cristianos’, pero en especial a los Lazos de Villa Nueva”.
Luego de llegar, varios caciques lo acusaron “de traer gualicho”, con lo cual lo comparan con brujos. Se trata de algunos indios provenientes de Chile, que, confundidos, afirman que ya lo conocían y les provocaba muerte y dolor a sus compañeros. Intentaron matarlo y lo hicieron prisionero. “Esto duró aproximadamente dos o tres días, momento en que sumido en el temor y la angustia, pronunció su famoso voto mariano, implorándole intercesión para que los indígenas respetaran su vida”.
Mantiene una audiencia con Manuel Namuncurá y logra rescatar a nueve cautivos (tres de los cuales son los Lazos de Villa Nueva). Esta misión de rescate terminó el día 21 de noviembre de 1875. En Azul se produjo el encuentro de Jacinta Rosales y sus hijos.
Cándido Lazos había escapado por sus propios medios de las tolderías. Esperó a la familia en Villa Nueva y se reunieron en la Navidad de 1875. Toda la familia regresó al mismo campo donde los habían tomado prisioneros.
Jacinta murió en 1880 y fue enterrada en el Cementerio de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario en Villa Nueva.
Por su parte, Salvaire cumplió con sus promesas, entre las que se encontraba la que dio origen a la actual Basílica de Luján. Es así que Villa Nueva quedó unida a la basílica construida a la vera de lo que fue el Camino Real, igual que esta ciudad cordobesa donde estaba el Paso de Ferreira.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Fuente: www.eldiariocba.com.ar