A 31 años de la muerte de Germán Abdala

El 13 de julio de 1993 falleció a los 38 años de edad el reconocido dirigente político y gremial surgido del vientre de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE). Un líder que aún sigue vivo en cada una de las luchas que se da el pueblo y la clase trabajadora para defender sus derechos. Como bien señalaba Abdala: “Nuestras estructuras tienen que estar vivas. Tienen que transformarse continuamente y tienen que tener vitalidad. Solamente con la transformación interna y el alto protagonismo de todos los trabajadores garantizaremos que sean genuinamente representativas”.

Un 12 de febrero de 1955 nacía, en Santa Teresita del Mar, Germán Abdala, quien fuera militante de ATE y diputado nacional. Recordado por participar del llamado “Grupo de los 8”, conjunto de diputados justicialistas que levantaron las primeras críticas y acciones en los años ´90, contra el Presidente Carlos Menem y el proceso de privatizaciones que llevó entonces adelante en el país.

Ingresó en los Talleres de Minería del Estado con veinte años y lideró en su sector el primer Paro contra la dictadura militar realizado por la CGT Brasil en 1979 desafiando la represión militar.

Junto a Víctor De Gennaro, Héctor Quagliaro y otros compañeros fundaron la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad en ATE (ANUSATE) para hacer frente a los dirigentes estatales que habían colaborado con la sangrienta dictadura y dar inició a una esperanza vestida de verde.

Con la llegada de la democracia fue elegido Secretario General de la Seccional porteña de ATE con solo 29 años y ayudó a recuperar y reconstruir un sindicato devastado y sin representatividad.

Su militancia en el Peronismo Renovador lo llevó al Congreso Nacional representando a la ciudad de Buenos Aires y junto con otros siete legisladores enfrentó desde su banca las políticas neoliberales del Gobierno de Menem, el achicamiento del Estado, las privatizaciones y los despidos injustificados.

Impulsó la Ley de Convenciones Colectivas de Trabajo para las y los trabajadores del Estado, bautizada como Ley Abdala, y repudió el indulto a los genocidas desafiliándose del Partido Justicialista.

Luchó contra una grave enfermedad con la misma voluntad que enfrentó la dictadura sin dejar de atender sus compromisos políticos y sindicales.

En 1991, participa en la organización y construcción de la CTA, Congreso de los Trabajadores Argentinos, que sería con el tiempo la Central de Trabajadores de la Argentina. Daniel Parcero, periodista e historiador de ATE y dirigente gremial, recordó en una entrevista para la página de noticias Canal Abierto, aquellos primeros años junto a Germán, donde se resistía y organizaba, en la que sería su casa, en el Barrio de Barracas.

“En ese ambiente se hacían las reuniones antes que Germán viniera a vivir, entre 1977 y 1991, los dirigentes de las agrupaciones de los gremios, que por lo general estaban intervenidos. O cuyos dirigentes como en el caso de ANUSATE, habían sido expulsados por la burocracia sindical de sus propios gremios, nos reuníamos acá. Era un ámbito de reflexión y reorganización del movimiento obrero en plena dictadura”.

“Había compañeros que aportaban su conocimiento respecto al movimiento nacional, a las marchas y contramarchas, rupturas con el Frente Nacional, que nos formaban a los que éramos más jóvenes. Germán falleció en el año ´93, con 38 años, era muy joven”.

“Cuando él llega a Diputado Nacional, no tenía vivienda en Buenos Aires, y desde lo que se llamó el Concejo Coordinador Argentino Sindical, bajo el amparo de la Central Latinoamericana de Trabajadores, se decidió vendérselo… El lugar donde el comenzó haciendo sus primeras herramientas político sindicales terminó siendo su residencia hasta el momento de su fallecimiento”.

Lamentablemente, el 13 de julio de 1993, después de una prolongada enfermedad, muere quien fuera “uno de los últimos militantes de los setenta en estado puro”, según la prensa de la época.

Germán fue práctica y teoría obrera, latiendo en cada rincón. Nos dejó un legado enorme y un desafío amplio al concebir que los sindicatos están más que para luchar por un uniforme laboral e incluso la disputa salarial desde una noción solamente económica: tienen el deber de transformar el mundo en beneficio de las mayorías.

Su última aparición pública fue para ponerle el cuerpo a la construcción de una nueva opción para todos los trabajadores y trabajadoras que hoy tiene nombre: Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma).

Murió el 13 de julio de 1993 con la convicción “de que un día el pueblo va a triunfar, de que nací para ser militante de ese pueblo…y de que ese día llevaremos las banderas que hoy llevamos…porque el final del camino es nuestro”.

Su lucha, su entrega y su ejemplo aún nos guían y el mejor homenaje que podemos hacerle es concebir el compromiso social, sindical y político de la misma manera que él lo hizo “como un acto de entrega permanente”.