Por Juan Yacobs*
Andrea Vrankovich (foto de portada), vocal de la CTA Autónoma Punilla Norte, alertó sobre la vulnerabilidad de las viviendas y la falta de infraestructura en el barrio. Tras presentar un pedido de intervención al municipio el 11 de agosto, las familias continúan reclamando obras preventivas y un plan de evacuación frente a las lluvias intensas previstas para los próximos meses.
El barrio Águila Blanca, en Capilla del Monte, enfrenta una situación de preocupación ante la posibilidad de lluvias abundantes durante los próximos meses, en un contexto climático marcado por la influencia del fenómeno ‘El Niño’. La particular geografía de la zona, con sectores ubicados en una hondonada, calles con pendientes pronunciadas y viviendas precarias, expone a numerosas familias a posibles anegamientos e inundaciones.
Andrea Vrankovich, vocal de la CTA Autónoma Punilla Norte y vecina del barrio, viene impulsando gestiones para que el municipio adopte medidas preventivas que permitan reducir los riesgos y proteger a la comunidad. La preocupación se concentra especialmente en el sector de calle Río Cuarto, entre Chaco y Tierra del Fuego, donde se encuentra la plaza y existen viviendas ubicadas en una de las zonas más bajas del barrio.
Allí viven familias, muchas de ellas con niñas y niños, en construcciones de barro y otras viviendas vulnerables frente al ingreso de grandes volúmenes de agua. Según relató Vrankovich, las calles sin el mantenimiento adecuado se anegan incluso con lluvias de menor intensidad, lo que dificulta la circulación y podría complicar una eventual evacuación.
La preocupación tiene un fundamento climático concreto. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevé una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a las normales en Córdoba durante el trimestre octubre-noviembre-diciembre de 2026, en un escenario de continuidad de El Niño. Aunque estas proyecciones no permiten anticipar una inundación específica en el barrio, refuerzan la importancia de adoptar medidas de prevención.
Un reclamo presentado y una respuesta que no llega

El 11 de agosto, Vrankovich presentó un pedido ante las autoridades municipales para solicitar medidas de contención frente al riesgo de inundaciones. En la nota advirtió que el agua podría descender con fuerza por las calles Río Deseado y Río Gualeguay y afectar especialmente el sector de Río Cuarto, entre Chaco y Tierra del Fuego.
Entre las propuestas planteadas se encuentran la utilización de maquinaria para intervenir en los sectores críticos, la limpieza y desobstrucción de las bajadas naturales del agua, la provisión de ripio y piedras para elevar y proteger las viviendas más expuestas y la evaluación de un pozo de reserva cercano a la ruta que permita retener parte del caudal y reducir su impacto.
Sin embargo, según el testimonio de la vecina, el reclamo no obtuvo una respuesta formal que permita conocer qué acciones concretas se llevarán adelante. Vrankovich también señaló que las intervenciones realizadas hasta el momento fueron limitadas y que el relevamiento municipal no habría alcanzado a todas las familias que viven en las zonas de mayor riesgo.
La situación llevó a los propios vecinos a buscar recursos para realizar trabajos de contención, aun cuando reconocen que las iniciativas particulares pueden resultar insuficientes frente a un caudal de agua de gran magnitud.
“Por más que yo suba una contención, no sabemos la magnitud del flujo que puede llegar a venir”, explicó Vrankovich al describir los límites de las medidas que las familias intentan implementar por sus propios medios.
El problema evidencia las dificultades que enfrentan los barrios con infraestructura insuficiente cuando la falta de obras y mantenimiento se combina con fenómenos climáticos que pueden poner en peligro viviendas, pertenencias y vidas humanas.
Sin un plan de evacuación ni espacios de resguardo

A los problemas de infraestructura se suma la falta de espacios comunitarios consolidados para organizar una respuesta colectiva ante una emergencia. Vrankovich advirtió que el barrio no cuenta con un centro vecinal que funcione como referencia para articular medidas preventivas y que, ante una eventual evacuación, muchas familias tendrían que recurrir a las viviendas de otras vecinas y vecinos.
La experiencia de los incendios anteriores dejó al descubierto estas dificultades. Según relató, los refugios ofrecidos en aquella oportunidad se encontraban lejos para quienes debían trasladarse a pie, con niñas y niños, animales y las pertenencias indispensables para resguardarse.
En un escenario de lluvias intensas, las calles anegadas podrían dificultar todavía más la salida del barrio. Por eso, la prevención no puede limitarse a recomendaciones individuales, como disponer de botas o linternas, sino que requiere coordinación institucional, identificación de los sectores críticos y un plan de evacuación accesible para todas las familias.
La falta de espacios de encuentro y de mecanismos de organización comunitaria también dificulta la construcción de respuestas colectivas. Frente a esta situación, Vrankovich viene articulando con otras madres y familias para fortalecer una red de colaboración que permita sostener el reclamo y dialogar con las autoridades municipales.
Organización comunitaria frente a la emergencia

“Me preocupa porque hay niños, hay mamás, hay animales”, expresó la vocal de la CTA Autónoma Punilla Norte al explicar por qué considera necesario avanzar con todas las medidas posibles antes de que se produzca una emergencia.
Las familias buscan organizarse para que las diferencias internas del barrio no se conviertan en un obstáculo a la hora de atender una situación que compromete la seguridad de toda la comunidad. La propuesta es construir acuerdos básicos para prevenir daños, identificar las viviendas más expuestas y establecer mecanismos de ayuda mutua.
Esta organización resulta fundamental, pero no puede reemplazar las responsabilidades del Estado en materia de prevención, infraestructura y protección civil. La participación vecinal debe acompañarse con recursos, asistencia técnica y decisiones concretas de las autoridades.
En ese sentido, el reclamo apunta a que el municipio intervenga de manera preventiva, evalúe las condiciones del terreno y las vías naturales de escurrimiento del agua, y trabaje directamente con las familias que podrían verse afectadas.
Prevenir antes de que sea tarde
La situación de Águila Blanca vuelve a poner en discusión la desigualdad territorial y la vulnerabilidad de quienes viven en barrios con infraestructura insuficiente. Frente a la perspectiva de lluvias abundantes durante la primavera y el comienzo del verano, las medidas preventivas deben adoptarse antes de que el agua ingrese a las viviendas y obligue a una evacuación de urgencia.
Desde la CTA Autónoma Punilla Norte, el caso pone de relieve la necesidad de escuchar a las familias, atender los reclamos presentados y establecer acciones concretas con plazos y responsables.
La demanda es clara: intervención preventiva, obras de contención adecuadas a las características del terreno y un plan de emergencia que contemple especialmente a niñas, niños, personas con dificultades de movilidad y animales.
En Águila Blanca, la prevención no puede quedar librada a los recursos económicos de cada familia ni a los esfuerzos aislados de las vecinas. La respuesta requiere participación comunitaria y responsabilidad estatal para que, ante la llegada de lluvias intensas, el barrio no quede expuesto a una emergencia sin los recursos necesarios para enfrentarla.
*Periodista. Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA Autónoma de la provincia de Córdoba