Compromiso con la solidaridad

Por Jesús Chirino*

El viernes, luego de vivir 95 años, murió Elvira Montenegro de Caballero, histórica militante peronista de la ciudad de Villa María. Alguna vez la entrevisté para esta misma columna. Me recibió en su casa del barrio Sarmiento y narró innumerables recuerdos de su paso por la política, pero su recuerdo más amplio fue para su militancia en Las Misioneras de Eva Perón, una experiencia política que puso en acción el compromiso solidario con los más necesitados

El encuentro con Perón

Elvira había nacido en la localidad de Hernando, el día 19 del último mes de 1928. Casi dos décadas después, en 1946, vino a vivir a Villa María. Trabajaba en una fábrica de fideos. Fue en ese tiempo que ella veía dos policías apostados cerca de un almacén ubicado sobre la calle Mariano Moreno, en la cuadra del 200.  Los agentes, todos los días, durante las  veinticuatro horas, vigilaban la casa de Amadeo Sabattini, donde hoy se encuentra su museo. Aquellos eran tiempos difíciles para el líder radical que vivía en Villa María.

La joven Elvira se había establecido a vivir en la calle Mendoza, a poco más de media cuadra de donde los uniformados cumplían su tarea. Ella sabía acercarles un termo y les daba algo caliente para tomar. La sensibilidad puesta de manifiesto en la reiteración de ese gesto generó una corriente de confianza entre la jovencita y los agentes. Una noche, Elvira volvió a acercarse con su termo, pero aquella vez la cosa fue diferente, porque los hombres le contaron un secreto: “No diga nada, Elvira, pero mañana, a la madrugada, por calle Mendoza, pasará el general”. Se referían a otro líder nacional, Juan Domingo Perón.

La noticia aceleró el corazón de la muchacha, regresó a su casa plena de emoción y comenzó a prepararse para ver de cerca a Perón. La mayoría de los villamarienses dormían cuando, junto a su esposo, pudieron ver llegar los automóviles de la comitiva. Pero no veían al general. Años después, sentada en el comedor de su vivienda, y aclarando que esa era “una casa del Plan Eva Perón”, mediante el relato, revivió aquel momento. Recordó que saludaba y se tomaba la blusa, haciendo gestos para referir a los descamisados. Le gesticulaba a un vehículo y a otro, pero no lograba ver a Perón.

“Hasta que, en medio de todos los otros autos, venía Perón, sentado en la parte trasera, con sus perritos”. Con brillo en sus ojos, recordó que Perón “sacó la mano y pude tomársela, le dije querido mío”. Fue solo un instante, pero de esos que marcan la vida. Había tenido un contacto con su líder político, aunque para entonces aún no militaba.

El dolor del 55

Con relación a la política, contó que,  “en la época de la resistencia peronista, aquí, en esta casa, se juntaban varios de los amigos de mi marido, trabajadores de distintos lugares. Yo no participaba porque tenía miedo. Esto fue a principios del 56”. Pero antes, en tiempo del golpe de Estado de 1955, “cuando estalló la revolución, me rebelé y salí a escribir en las paredes… Estaba enojada con los curas porque yo había visto salir mucha gente de Acción Católica con pancartas que decían Cristo Venció. Entonces me rebelé por eso”.

Tiempo después, cuando contaba con 29 años, la operaron en la clínica del profesor Hernández. “La señora que estaba allí era la que limpiaba la iglesia, y me dijo que iba a pasar el sacerdote para que tomáramos la hostia, porque era Pascua”. Cuando el cura entró a la habitación, Elvira le dijo: “Padre, no me voy a confesar. No quiero cometer un pecado faltando a la verdad, porque yo tengo un sentimiento que me quedó aquí -señalándose el pecho-, doliendo hasta ahora. Quisiera saber por qué dicen… Yo quisiera que usted me explique qué tenía que ver Cristo con toda la mortandad que hubo de tanta gente. Cristo, no creo que haya vencido matando gente”.

La respuesta del cura fue: “Póngase bien, quédese tranquilita, voy a rezar mucho para que se ponga bien pronto y después quisiera que nos juntemos para hablar, así yo le explico”. Nunca más hablaron, pero Elvira lo dejó en claro: “Pero yo sigo muy creyente en Dios”.

“Nos sentíamos tan importantes”

También contó que María Cristina Jiménez de Medina le dijo a su marido que quería conocerla. Jiménez fue “la primera mujer senadora por el Departamento San Martín, que duró poco, se la llevaron, pero salió en el 56, la tuvieron poco, a la hija la tuvieron mucho más en Córdoba”. Un día, la exlegisladora llegó a su casa y,  sin darse cuenta, “de ser ama de casa, de no saber nada de ciencia política y esas cosas”, entró en el mundo de la militancia política.

“Ella me dijo lo importante de que participaran las mujeres. Yo le dije de los riesgos. No, me dijo, nosotras no vamos a entrar en la política, vamos a entrar como obra social, vamos a hacer obra social. Acepté” y así quedó encargada de hacer una reunión en su casa. Primero salió a buscar mujeres para la primera reunión. Hubo puertas que se abrieron, otras no tanto, era difícil, “algunos tenían miedo, como teníamos todos… Pude convocar a cuatro o cinco vecinas, diciéndole que íbamos a hacer obra social, trabajar para ayudar a la gente carenciada, eso les entusiasmó”.

Se concretó la primera reunión, asistiendo Jiménez, y se acordó una próxima juntada en su casa de Villa Nueva, frente a la plaza central. A esa reunión fueron muchas más mujeres. Elvira dijo que Jiménez “fue realmente la fundadora de Las Misioneras de Eva Perón, como nos pusimos nosotras. A partir de ahí, planeamos salir a caminar por los barrios, golpear las puertas, a pedir lo que tuvieran para poder ayudar a los más carenciados. Tuvimos eco. Nos daban cosas. Nos poníamos a trabajar. Las arreglábamos… Hemos recorrido todos los barrios. Barrios muy carenciados”

En aquel momento, Elvira señaló el efecto que tenía el trabajo solidario: “Usted sabe que, cuando da algo uno y ve la alegría del que recibe, a uno también le llega al corazón y se pone tan contento. Y les entusiasmamos para abrir unidades básicas en esas casitas recarenciadas,  también se entusiasmaron tanto como nosotros, que les llegaba al corazón la alegría de poder darles a otros que más necesitaban. Y así fuimos arando caminos y le garantizo yo que, en todos los barrios y esos barrios alejados y carenciados, sin desmerecer la humildad,  créame que eran una cañonera, porque éramos bravas, porfiadas en que íbamos a enfrentar los peligros, comprometidas a seguir el camino que marcó Eva Perón”.

Sabían que no estaban haciendo una revolución, que su asistencia tenía límites, pero también eran conscientes de que, en ese tiempo duro, era necesaria su tarea. “De pronto nos dimos cuenta de que no solo sabíamos lavar platos y cuidar chicos, sino que estábamos en otra cosa y que era tan importante, no obstante, los peligros que corríamos… Nosotras abrimos, en plena resistencia, una brecha donde luego tuvieron cabida y empezaron a parecer los que tenían intereses políticos. Así fue que, por ejemplo, se nos fueron sumando los hombres, para cuidarnos. Hacíamos mesas servidas para rifar, nos parábamos en la esquina de la plaza con un pollo, una botella de vino y juntábamos fondos… Pudimos hacer muchas cosas, pagar medicamentos, pasajes para enfermos, comprar lentes, llevarles comida y ropa. Llevábamos ropa buena, comprábamos, y las que nos regalaban, la llevábamos bien acondicionada… Después dábamos pan dulce y sidra…”.

En ese tiempo en que la sociedad le adjudicaba a la mujer un rol muy diferente al que luego fue conquistando, Elvira, hablando del trabajo de Las Misioneras de Eva Perón, dijo: “Nos sentíamos tan importantes… Yo estoy hablando en nombre de todas esas mujeres”. No solo se sintieron importantes, realmente lo fueron. Elvira fue parte de un conjunto de mujeres que militaron políticamente por los más necesitados, marcaron un camino de compromiso que trasciende la frontera de cualquier partido político. Recordar su trabajo, como el de todas las mujeres que la acompañaron, pone de relieve la importancia de la sensibilidad por aquellos que sufren necesidades. En un tiempo donde se promueven posiciones individualistas y la insensibilidad ante la necesidad del prójimo, el sentido adiós que le expresamos a Elvira debe recordarnos que la solidaridad es el camino.

*Docente. Periodista. Secretario General de la Unión de Trabajadores de Estados Municipales (UTEM-CTAA). Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Fuente: www.eldiariocba.com.ar