Córdoba será, por tercera vez, sede del Encuentro Plurinacional

Por Verónika Ferrucci

Empezó la cuenta regresiva. En dos días, la ciudad de Córdoba recibirá a miles de feministas de todo el país. ¿Cómo se cuenta este evento único en el mundo? El primer Encuentro Nacional de Mujeres se hizo del 24 al 25 de mayo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ahí empezó esta historia que, este año, cumple sus cuatro décadas en Córdoba, que también fue sede en 1987 y 2007.

“Nuestra memoria reciente es la de un oscuro período de represión en el que las mujeres fuimos doblemente víctimas; la falta de trabajo se encarnizó en nosotras que fuimos las primeras despedidas, el recorte de las leyes sociales y, peor aún, su incumplimiento nos dejó sin guarderías ni protección para los períodos de maternidad, fuimos arrancadas de todo puesto de poder. Las familias expulsadas a la periferia de la ciudad por los precios de los alquileres multiplicó nuestro trabajo en dos empleos, aumentó nuestra soledad y nuestro aislamiento y su maternidad como un especial castigo por haber osado transgredir la condición asignada de seres resignados”, dice parte del discurso que leyó Isabel Donato en el acto inaugural del II Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en el IPET 247 Ing. Cassaffousth de la ciudad de Córdoba. Si no dijera que fue en el año 1987, podríamos pensar que parte de esas palabras tienen muchísima actualidad. Porque las desigualdades e injusticias persisten, pero el movimiento feminista también.

Del 22 al 24 de mayo, luego del puntapié en 1986 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, participaron aproximadamente más de 600 mujeres, menos que el año anterior que habían sido 1000, pero hacer este segundo “fue un puente necesario para la continuidad de los encuentros”, cuentan Amanda Alma y Paula Lorenzo en el libro Mujeres que se encuentran, en el cual hacen un trabajo de recuperación histórica de los Encuentros desde 1986 a 2005.

Se realizaron 10 talleres, 44 mujeres integraron la Comisión Organizadora, funcionaron 13 comisiones y hubo 2 talleres autoconvocados: «Experiencias de trabajo barrial» y «Taller sobre lesbianismo». La temática sobre el aborto apareció en tres talleres: «Adolescencia y juventud»; «Mujer y familia», y «Mujer y salud». Me parece necesario destacar dos cuestiones: que, desde ese momento y hasta el 2019, se llamó Encuentro Nacional de Mujeres y que los títulos de los talleres nombraban la mujer como categoría singular. Hoy, nos encontramos con un encuentro que es plurinacional y pluriidentitario, con lesbianas, travestis, trans, bisexuales, intersexuales y no binaries, con 99 talleres y a la espera de más de 150.000 participantes. Muchas dicen: “Es un desafío hacer el primero, pero mucho más lo es hacer los que siguen”. Y acá estamos, 40 años después, a días de comenzar una nueva edición.

“Hoy, nos toca a nosotras, en la Argentina, reunirnos para conocer nuestras realidades y nuestra propuesta, en este país nuestro, dependiente en múltiples aspectos, cruzado por múltiples contradicciones, hemos abierto al fin una instancia política que nos permite reunirnos, hablar, pensar y actuar por nuestra propia cuenta”, continuaba el discurso de apertura.

Valentina Macchietto, para la época de este segundo encuentro, tenía 42 años, era profesora de inglés en varias escuelas y delegada gremial por Capital en el Garzón Agulla. Me dice que intuía que algo no funcionaba bien en relación a las mujeres, pero de feminismo no sabía absolutamente nada ―aclara―, más allá de cosas esenciales como que tuvimos derecho al voto en alguna época. No se decía abiertamente «soy feminista”, algunas sí, pero muchas y ella, para ese entonces, no. Luego, vendría un largo recorrido feminista.

“Soledad García era docente en mi escuela, había llegado del exilio en el 86 y enseguida pegamos onda y fue ella quien me invitó para ser coordinadora del taller ‘Mujer y trabajo’. Yo no sabía nada del Encuentro, me explicaron la dinámica del taller: que había que tomar nota, cómo se hacían las conclusiones y que todo era consensuado, que no se votaba. Y me sumé y ya después no dejé de participar. Una vez que abrís los ojos, no los podés volver a cerrar y eso fue lo que me pasó a mí. Me acuerdo de una compañera del CONICET, que estuvo en la segunda edición, le encantó, pero después no fue a otros. Están las que van a algunos y las que vamos a todos. Lo interesante es que cada una hace sus propios tránsitos por el Encuentro, pero de lo que no hay dudas es de cómo te transforma el paso por, al menos, uno de ellos”.

Valentina me esperó en su casa con un sobre con algunas fotos. Tiene algunos otros, pero no hizo tiempo de buscar; el día anterior, habían estado hasta entradas las 12 de la noche trabajando en la comisión de infraestructura, que es la que se encarga de la coordinación de las escuelas para alojamiento, talleres, los baños, etc. “Yo creo que soy la más vieja de las que queda”, me dice mientras va sacando fotos. Ella estuvo en la comisión organizadora de 2007 y la actual. ¿Cómo hacer una síntesis justa de todo lo que nos puede compartir de lo vivido en todos estos años?

Piensa en el taller que coordinó en 1987 y recuerda cuánto se conmovió con unas compañeras que habían viajado desde Mar del Plata. “Trabajan en un garaje en completa informalidad en la industria pesquera. Contaban que, cuando terminaba la jornada de trabajo, se podían bañar, pero, cuando subían al ómnibus, toda la gente se les alejaba porque el olor a pescado igual les quedaba. Y eso me hizo entender cómo trabajan algunas mujeres que no tenemos idea, hay algo que pasa ahí, en cada taller del que participás, que te cambia la percepción del mundo para siempre”.

Cuando no había mails ni celulares, se iban llamando, se iban invitando y los encuentros sucedían y llegaban de todos lados. “¿Quién nos para a nosotras?”, dice riendo. Casi 40 años después, Valentina destaca que aún se sostienen los principios de horizontalidad, autofinanciamiento, autoconvocado “y de divertirnos”. Para ella, es muy importante que todo el tiempo se suma gente nueva, no solo a participar, sino, sobre todo, a organizar. “Que otras y otres tomen la posta, eso ayuda a ver otras cosas. Hay mucha potencialidad en lo intergeneracional del Encuentro, en la forma plenaria de sentarte a conversar con quien no pensás igual, que tienen distintas edades, trayectorias. Para mí, hay una potencia que no hay, no está en otro lugar y la capacidad de trabajo, de organizar algo así, eso tiene que ver con las mujeres».

“Hemos también recuperado la palabra tantas veces negada. Enfrentando las dificultades para encontrar aquello que expresa nuestra emoción, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. La palabra que nos unirá que nos expresará a todas. No la palabra poder ni la palabra autoritarismo o la palabra impaciente. Hemos también podido superar el silencio que nos niega y encontrar el silencio que nos expresa primero como mujeres, pero también como militantes, trabajadoras, amas de casa, jóvenes, adolescentes, en fin, como mujeres que somos”, fueron parte de las palabras de bienvenida en el XXII Encuentro Nacional de Mujeres en Córdoba 2007, que recibió a más de 20.000 mujeres, 63 talleres, una marcha multitudinaria, una asamblea por el aborto legal y muchas actividades culturales.

Galería de fotos del 2007 en la web del Encuentro Plurinacional.

En 2007, Valentina no dudó en sumarse, venía trabajando en el Movimiento de Mujeres Córdoba y habían logrado, el año anterior, la sanción de la Ley n° 9283 de Violencia Familiar, pionera en la provincia y un antecedente para la Ley Nacional de Violencia de Género, que vendría años después. “No es que nos fueron a buscar para participar, estábamos ahí”. Para esa edición, los encuentros habían empezado a crecer y expandirse en quienes se sentían convocadas. “Se fueron sumando las mujeres de los barrios, de los pueblos preexistentes, de las ONG y sus trabajos territoriales ―muy la época de los 90―, las mujeres emprendedoras, trabajadoras domésticas, desempleadas y realmente, para ellas, era muy significativo tener un espacio así para juntarse, viajar”.

Si bien hay cosas que permanecen estas décadas en la forma de organizar, es lógico que muchas otras cosas cambiaron, por el propio movimiento de esta marea, por los logros, por los impactos: cambiamos el nombre, creció en cantidad de participantes y de talleres, en propuestas culturales, en actividades autoconvocadas, se sumó la Marcha contra los Travesticidios, Transfemicidios, Homohomicidios y Lesbicidios, y podría seguir enumerando. Hay una potencia que no es simple de describir. Para Valentina, es propio de los feminismos y transfeminismos ensanchar el campo de los derechos que defendemos: “Las feministas queremos romper el techo de cristal, queremos que toda la humanidad, incluida la Tierra, viva bien”.

Le pregunto, después de todos estos años, cómo describiría al Encuentro y rápidamente canta: “¡Qué momento, qué momento, a pesar de todo, les hicimos el encuentro!”, sonríe y agrega: “Yo creo que el Encuentro es ver que continúa, nunca pensamos llegar a esta cantidad como fenómeno único en el mundo, que viene gente de otros lugares, que no hay rédito económico, tiene que ver con una cosa muy profunda de que, si una se lo propone, puede, pero no desde una filosofía neoliberal, sino que, para que se esté dando, están pasando cosas, como toda la cantidad de gente que está trabajando”. Esto me parece algo central, hay más de 200 personas en la Comisión Organizadora que destinan su tiempo, el que pueden y un poco más, por este proyecto que nos aglutina en una forma de pensar el mundo y transformarlo. Parece cliché, pero cuesta pensar qué sectores sociales hoy podrían hacer algo así.

“Hay algo que nosotras, con este movimiento y este encuentro, le decimos a la sociedad: que no estamos dispuestas a volver atrás en ninguno de nuestros derechos, que vamos a estar defendiéndolos. Es una lástima que siempre nuestros discursos tengan que ir al lenguaje de los militares y de guerra, defender, luchar. Tenemos por delante muchos desafíos, pero creo que volver a la espiritualidad feminista de la tierra, latinoamericana, de volver a conectar con las raíces, volver a querernos, hace falta en medio de tanto capitalismo y crueldad. Recuperar gestos en medio de todo lo que se rompe, juntarnos, hacer rituales con nuestras plantas, compartir la comida, cantar, bailar, pasarnos recetas, darnos espacios de una vida mejor”.

Tres días para hablar, debatir, marchar, cantar y volver con una nueva versión de nosotrxs para seguir haciendo de cada realidad algo mejor. Visitá la web del 39° Encuentro Plurinacional para conocer a todo lo que te podés sumar.

Imagen de portada: Encuentro Nacional de Mujeres

Fuente: www.latinta.com.ar