Emilia Suárez, primera mujer odontóloga de Villa María

Por Jesús Chirino*

Ser mujer y cursar una carrera universitaria durante las primeras décadas del siglo XX no era algo bien visto por la mayoría de la sociedad. Emilia Suárez supo contar algo de su paso por la Universidad Nacional de Córdoba cuando cursó la carrera de Odontología. Aquí, el testimonio de esta mujer que desarrolló una extensa y prestigiosa vida profesional en la educación

De Bilbao a Villa María

El 25 de marzo de 1907 llegó a este mundo, en España, una beba que fue anotada, en Bilbao, como Isolina Emilia Anunciación Suárez del Hoyo. Poco tiempo después, la niña, con su familia, arribó a nuestro país cuando el almanaque denunciaba el año 1914. Primero vivió en la ciudad de Córdoba, donde su padre, Ramiro L. Suárez, fue periodista en el diario La Libertad, dirigido por C. Molina. Más tarde, Ramiro continuó su trabajo en la prensa en un medio escrito llamado La República y se afincó, con su familia, en Villa María.

Llegaron a esta localidad en el año en que la misma fue declarada ciudad, en 1915. Radicados aquí, la niña pasó a ser llamada Emilia, dejando en la intimidad de los papeles los otros nombres.

Concluidos sus estudios primarios y luego que fracasara el intento de inscripción en la Escuela Normal, de Bell Ville, se matriculó en el Colegio Nacional de Río Cuarto, donde cursó sus estudios secundarios. Desde aquella ciudad, una vez al mes o cada dos meses, viajaba en tren a Villa María para visitar a su familia. Un amigo de la familia trabajaba en el ferrocarril y cuidaba de la niña que viajaba sola en el tren.

La elección de estudios superiores

Luego de terminar la escuela secundaria ingresó a la Escuela de Odontología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba. Allí cursó su carrera, egresando el 20 de abril de 1931 y siendo así la primera mujer odontóloga de Villa María.

Según supo contar la propia Emilia, fue su padre quien eligió la carrera que cursaría luego de desechar las de Derecho o Medicina, que habían aparecido como primeras opciones.  Parece ser que un elemento de peso, para decidir por odontología, fue que podría atender su consultorio sin alejarse de la familia. Emilia declaró: “Después de la curiosa sesión de orientación profesional que hizo mi padre, compartí su elección y me trasladé a la ciudad de Córdoba. Me instalé, por entonces, en esas típicas pensiones estudiantiles, que no eran, en rigor, los confortables departamentos rodeados de comodidades que se poseen en estos días. Con decirles que es muy difícil, tal vez, imaginar la precariedad con la que, por entonces, vivíamos quienes éramos estudiantes”.

Mujer estudiando en la universidad

En el año 1999, Emilia manifestó una serie de consideraciones en el marco de un homenaje que le realizó el Círculo Odontológico de Villa María cuando este  celebraba 40 años de existencia. El acto tuvo lugar en la sede de esa organización, en el 53 de la calle 9 de Julio. Remitiéndose a sus años de estudiante en la universidad, Emilia recordó que “en las clases éramos solo ocho mujeres las que compartíamos las aulas con una absoluta mayoría de varones. Se dictaban clases en el Clínicas y en la Escuela de Prácticas, que, según creo, es hoy la Maternidad Provincial, y tuvimos excelentes profesores, entre ellos, el doctor Pedro Ara -Sarriá-, distinguido catedrático español que promovió la creación del Museo de Anatomía, aplicando la técnica de su autoría y la preparación de las piezas anatómicas que allí se exhibían. Esta técnica, como recordarán ustedes, es la que, años más tarde, aplicó el doctor Ara en la conservación del cadáver de Eva Perón. También dictaban clases los prestigiosos doctores Fernández, Larrauri, Stucket… En fin, muchos más”.

Acerca del trato que recibía Emilia dijo que la trataban “muy bien, tanto mis compañeros como mis profesores, aunque debo admitir que nos miraban con cierta sorpresa. Nosotros, solo en el Clínicas, vivíamos cinco niñas juntas, y cuando salíamos a la calle era todo un acontecimiento, a pesar de que el barrio estaba poblado por estudiantes de medicina. Yo no tuve nunca problemas, pero supe de uno, aunque no puedo decir si esto es exacto. Fue con una estudiante de medicina de apellido Bialet, nieta del constructor del dique San Roque. Y a ella sí, según comentaba la gente, le hacían cosas terribles, para provocarle disgustos, porque era una forma de manifestar el rechazo por la mujer que ingresaba a las carreras universitarias.”

En el homenaje, referido anteriormente, organizado por el Círculo Odontológico de Villa María, Emilia respondió preguntas que le realizaron los presentes. Ante una que le indagó acerca de lo que significaba ser mujer estudiante en aquella época, respondió: “Significaba mucho en aquellos tiempos. Era, digamos, una cosa rara. Yo recuerdo que una señora de la sociedad villamariense, que estimaba mucho a mi padre, dijo un día: ´¡Qué poco  pudor ha tenido don Ramiro al mandar a su hija a la Universidad!´, y eso marca las características de una época”.

Para entonces, según testimonió la misma Emilia, “en la sociedad no estaba bien mirando el ingreso de la mujer a la Universidad. Se creía, y era un concepto bastante generalizado, que la mujer que estudiaba en ese nivel era una mujer liberal, desprejuiciada… Sin embargo, los compañeros varones nos estimaban mucho, nos ayudaban, casi nos protegían”.

Ejerció la odontología y luego la atrapó la educación

Apenas egresada, regresó a Villa María e instaló su consultorio. En 1932, según se publicó en la revista de la Sociedad Española, ya tenía montado su consultorio particular en la calle Entre Ríos 1125. Recordó esa época diciendo: “Yo terminé mi carrera profesional y volví a Villa María, indicándome en una época signada por la tremenda crisis del ´30. Instalé mi consultorio en el edificio de San Martín y Entre Ríos, donde funcionaba el Instituto Secundario ‘Bernardino Rivadavia’, o sea, frente al Banco de la Provincia de Córdoba. En los ratos que no tenía pacientes, yo subía al instituto y compartía con los profesores que allí se reunían y trabajaban. Un día, el doctor Antonio Sobral me ofreció incorporarme al establecimiento educacional y de clases”. En primera instancia, Emilia respondió que no, pero la insistencia de Sobral tuvo sus frutos, y en 1933 abandonó la odontología y se fue a trabajar al Instituto “Bernardino Rivadavia”.  Años después, en 1936, contrajo matrimonio con el farmacéutico Fernando Repetto. Ese matrimonio tuvo dos hijos, Ramiro y Fernando.

Emilia desarrolló un rol importante en la educación villamariense, no solo trabajó en la referida institución educativa, también sumó su imprescindible aporte en los primeros años del Instituto Nacional de Educación Superior del Centro de la República (Inescer).

Emilia Suárez de Repetto, como fue conocida, fue una de esas mujeres que empujan los límites. Como ella misma señaló, en su época no estaba “bien mirado”  ser estudiante universitaria, viajar sola desde y hacia otra ciudad y “meterse” en cosas que se creían de hombres. Ella murió el 22 del mes de junio de 2004, dejó un importante y valioso legado en lo educativo y también en eso de ser mujer protagonista.

*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María

Ilustración: Raúl Olcelli

Fuente: www.eldiariocba.com.ar