Por Jesús Chirino*
La Constitución Nacional dice “las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas”, pero no siempre esto se refleja en la realidad.
No son pocas las voces que suelen pedir más dureza en las condiciones de vida de los presos, como si eso reparara los daños producidos por cualquier actividad ilícita. Pero también están quienes comprenden que la mortificación de otros seres humanos no beneficia a nadie.
Aquí recordamos un caso de trabajo institucional para que aquellos que perdieron el derecho a su libertad tuvieran acceso a una celebración.
Acción Católica a la cárcel
En el diario “Los principios” se dejaron testimonios de algunas de las populosas celebraciones que solían realizarse en la cárcel de Villa María. Por ejemplo, en la edición del 27 de septiembre de 1932, un gran título reza “Hubo una misa en la cárcel de Villa María”. Acompaña la nota una fotografía que muestra al presbítero Pablo Colabianchi realizando una alocución frente a un numeroso público. En la bajada de la nota se aclara que el evento fue organizado por Acción Católica y que la misa “se llevó a cabo a las 9 horas, viéndose sumamente concurrida de público”. También se aclara que no solo fue una misa, sino que se trató de una “velada literaria-musical”. Según el mismo diario, esa sería la primera vez que “se celebrará en esta ciudad el Día del Preso”.
Debe señalarse que el encuentro no se produjo en las instalaciones carcelarias del barrio Belgrano, pues la denominada “Cárcel de Encausados” fue inaugurada en el año 1937 en terrenos donados por Horacio Quiroga y con la presencia de Amadeo Sabattini, entonces gobernador provincial. Siendo el primer procesado ingresado, el 4 de junio, el señor Julio Pedernera fue trasladado desde el viejo edificio en el vehículo particular del director de la cárcel. Cuando llegó al nuevo establecimiento fue alojado en la celda 86 del pabellón Nº 1. El mismo día, en ómnibus, fueron trasladados los 87 presos restantes.
Música en la celebración de una advocación de María
Es decir que la celebración que nos ocupa, de 1932, tuvo lugar en las instalaciones carcelarias que existían en la calle General Paz. La iniciativa perteneció a la juventud de Acción Católica, que organizó el primer festejo del “Día del Preso”. En una edición, de un par de jornadas antes, en el referido diario “Los Principios”, se expresa que para el festejo se fijó “el día 24 del corriente -mes de septiembre- para la celebración de esta fiesta, por ser el Día de la Virgen de la Merced, la gran libertadora de los cristianos de las garras de los moros y generala del Ejército Argentino”. Incluso se agrega que “las autoridades, el comercio y la sociedad de Villa María sabrán prestar a los animosos jóvenes todo el concurso necesario para el mejor éxito de la simpática fiesta”, y así fue, una celebración con gran concurrencia de público. Más allá del eurocentrismo y las cuestiones de fe católica que se expresan allí, es clara la decisión de celebrar una fiesta en la cárcel y ofrecerle un día diferente a quienes estaban alojados en el lugar.
La celebración por el Día del Preso no solo incluyó la “misa de campaña y sermón”, también la música fue de la partida. Así, la Banda de la Escuela de Artes y Oficios ejecutó el Himno Nacional Argentino. Se repartió ropas y víveres entre los más pobres y, a las tres de la tarde, se abrió el espacio “literario-musical”. Luego hizo uso de la palabra el presidente de Acción Católica de jóvenes en Villa María, F. Foguet. Pasado eso, regresó la música. Entre las ejecutantes estuvieron “la señorita E. Lissignoli”, luego se escucharon los recitados de José María Maciel (hijo). No quedó al margen el reconocido profesor Arocas, quien, con su violín, hizo las delicias del público ejecutando diversas piezas musicales. También cantaron las “señoritas de la Acción Católica”. En el programa del festejo se señala que estuvieron las guitarras de los “señores Juncos, Pucheta, Garay y Acuña”. En tanto, el presbítero Pablo Colabianchi tuvo a su cargo la locución y, al final del evento, la referida banda tocó marchas.
La prensa señaló que “la velada se desarrolló en medio de una nutrida y selecta concurrencia de vecinos, quienes aplaudían entusiastamente los diversos números del programa”.
Algo significativo e interesante de esta celebración y la forma de difundirla es que no se plantea, como lo hacen algunos discursos, al preso como algo extraño o externo a la sociedad. Quienes pierden su libertad no lo hacen solo por haber cometido un delito, sino por haber sido juzgados, encontrados culpables (salvo que sean encausados) y condenados. No deben ser pocos quienes, a pesar de haber hecho lo mismo, quedan impunes. Los discursos que piden la mortificación de la persona presa no solo dejan de lado lo establecido en nuestras leyes, sino que asumen una crueldad que dicen rechazar. Por todo esto, y muchas razones más, resulta interesante plantear el paradigma de la justicia restauratoria o reparadora que toma distancia del simple castigo y, desde un enfoque centrado en la víctima, plantea la participación comunitaria y la responsabilidad del ofensor.
*Docente. Periodista. Secretario Gremial de la CTA Autónoma Regional Villa María
Ilustración: Raúl Olcelli
Fuente: www.eldiariocba.com.ar