Jorge Marziali: Una huella indeleble en el cancionero popular

Jorge Marziali nació el 19 de febrero de 1947 y murió el 9 de julio de 2017. “Murió de un infarto el cantautor Jorge Marziali”, tituló La Nación y agregó que se encontraba en compañía de su pareja la cantante entrerriana Marita Londra.
La noticia, fría, desprovista de sentimientos, en una página interior de un diario cualquiera. Ni siquiera es una noticia de primera plana para el dueño de ese medio, como después se pudo comprobar, que, no ha sido importante para los dueños de ningún periódico de tirada nacional. Ni siquiera pareciera que les llamó la atención que el cantor popular, por esas cosas de la vida que algunos llaman destino o azar, haya muerto un 9 de julio, día de nuestra Independencia, frente a la tumba, en Cuba, de Ernesto Guevara. Su muerte, ocurrida a causa de un infarto, y después de actuar en el Festival del Caribe, donde cantó “El niño de la Estrella” dedicada al Che.
Marziali había nacido en la provincia de Mendoza, en San José, Guaymallén, el 19 de enero de 1947. Era nieto de inmigrantes italianos y criollos. Tuvo cuatro hijos; Mariana, Amaqui, Emilio y Simón.
Olvidado durante muchos años, meses antes de su muerte había recibido algunos reconocimientos, incluso en su ciudad natal, donde las autoridades colocaron una placa en la casa donde había nacido.
“Aquí nació el trovador, juglar y referente de la Música Popular. Homenaje del Pueblo y Gobierno de Mendoza al cantor y poeta que continúa enriqueciendo nuestra cultura. Vamos a empezar de nuevo, cebollita y huevo, pan y libertad”, dice la placa.
Los reconocimientos fueron algo casi desconocidos para un cantor del pueblo a quien siempre se intentó invisibilizar, a quien desde chico empuñó una guitarra, su arma para expresar lo que veía y oía, que cargaba con canciones propias y ajenas donde la temática fue “lo social”, renegando de lo panfletario. “Lo que pasa es que el panfleto es antiestético, es anti belleza y yo trato de ponerle belleza a la poesía. Entonces, cuanto más belleza le inyecto menos panfleto es, y estoy diciendo lo mismo que diría siendo panfletario”, dijo alguna vez en un reportaje.
Marziali fue autor de obras de nuestro cancionero popular como “Cebollita y huevo”, “Los obreros de Morón”, “Este Manuel que yo canto”, “Coplas a la libertad”, “El Cuchi musiqueador”, “El niño de la estrella”, “La Sixto violín”, “Cuando Perón era Cangallo”, “Así hablaba don Jauretche” entre muchas otras que reflejan nuestra realidad, historia, amor, tristezas y alegrías de nuestro país y América Latina.
Comenzó su carrera en 1972 con una placa discográfica con cuatro obras. En 1976, se radicó en Buenos Aires, pero manteniendo siempre una relación cercana a su tierra de origen, allí donde permanecieron sus raíces.
En 1983, grabó “Como un gran viento que sopla”; en 1986 se consagró con dos importantes obras: “Los obreros de Morón” y “Cebollita y huevo” en su álbum “Marziali cerca nuestro”. En 1989, editó su tercer disco “Marziali de diario” con la presentación de la escritora María Elena Walsh.
Marziali fue marcando su propia huella en la música criolla, para sellarla con su personal marca recorriendo el país, alternando recitales con charlas y conferencias en universidades, escuelas y centros culturales de Argentina. Compuso la banda sonora del largometraje “El general y la fiebre”, dirigido por Jorge Coscia, donde también debutó como actor.
Con “El niño de la estrella”, ganó el primer premio para el rubro “Canción” en el certamen organizado por la Federación Universitaria Argentina (FUA) y la Multisectorial de Apoyo a Cuba, sobre el tema “30 años de la muerte del Che Guevara”.
En 1999, editó “Miradas”, su cuarto disco. En el 2000, apareció “¿Y por qué?” un disco con canciones para niños. En 2004, editó “Padentrano”, un trabajo en el que profundizó su visión de la música argentina de raíz criolla. En 2007, editó “San Lagente”, con temáticas y ritmos urbanos.
En el 2010, publicó su primer libro de poemas “El amor en otro sitio”. Luego, “Las dos orejas sirven”, el segundo disco para chicos.
Marziali fue un ícono de la militancia de la década del 80, con una enorme sensibilidad logró plasmar en su obra su preocupación por la justicia social y humana que lo convirtió en uno de los importantes referentes poéticos de la música popular, logrando construir gran parte de la identidad musical del momento y representante de una generación de compositores del Nuevo Cancionero.
En los últimos años residía en la localidad de Traslasierra, en Córdoba, compartiendo temas junto a su compañera Londra y acompañando los pasos en la música de su hijo Simón.
“Tengo que tratar de imitarte, imaginándote duro y silencioso ante la peor de las noticias. Y parar de llorar. Tengo que aprender de tu hija Amaqui, que me acaba de decir serena y firme ‘el viejo se ha ido en su ley’”, escribió Juan Falú. “Y a pura vida te venías comprometiendo para alumbrar la conciencia social frente a este desajuste de la historia que nos hace padecer a un imbécil en la casa rosada”, afirma en otro párrafo.
Más adelante agrega: “Te quiero decir en lenguaje tucumano lo que diríamos después de unos vinitos fraternos: Qué se caguen, Jorgito. Que se cague el mundo indiferente, el que no canta buenas canciones, el que vota a gente fea, el que no llora con su gente, el que no sufre su tierra. Aunque sea hoy, por un rato, que se caguen”. Falú y Marziali tienen un larga duración en común: “De aquicito nomás”.
A la música popular le faltará para siempre un gran poeta a quien se le llamó “El juglar mendocino”. Hay y habrá interesados en que su nombre se olvide, que se olviden sus canciones, que se olvide su lugar al lado del pueblo. Será entonces el pueblo el encargado de lograr que eso no suceda, que su nombre siga vigente, como las letras de sus canciones, junto a tantos y tantas que también cantaron, como lo hizo Jorge Marziali, las alegrías y los padecimientos, los sueños y las frustraciones de los humildes de nuestra tierra.
Fuente: Pensamiento Discepololeano